Víctor Valembois: Fronteras y frentes

Víctor Valembois.

La propia etimología de los vocablos en el título, los relaciona. Aquí, pues, voy con la frente, frontal, a la tarea urgente que me asigné: entregar semanalmente un articulejo sobre cosmopolitismo.

A ese bicho raro, que defiendo, amable lector, ni por asomo se le ocurra relacionarlo con cosmetología y otros disfraces tan de moda… Mi visión del mundo (“Weltanschauung, palabrita imposible para muchos) indudablemente la tengo de cantidad de factores.

Aquí me limitaré a un factor, me parece decisivo: mi participación y aprendizaje a través de campamentos de una organización católica (“Bouworde” en mi idioma materno), la cual, desde 1963 y por una década, hasta mis estudios en Madrid, me formó y casi me atrevo a señalar que me forjó.

Pese a los nublados de la vejez, a las claras recuerdo que durante mi secundaria un tipo de campamento con esa organización me abrió la mente hacia lo internacional, primero aun estando en mi tierra: en 1964, a los voluntarios nos tocaba ser ayudantes en la construcción de una pequeña iglesia en una parte de mi terruño, ya bastante cerca de Alemania.

Por casualidad, varios trabajadores de esa organización voluntaria de corte católica y humanitaria eran alemanes. Parece mentira: ello marcó mi destino. Como si fuera ayer, recuerdo que allí mismo rapidito me tocó aprender frasecillas del idioma de Goethe, entre otros cómo hacer mezcla para albañiles.

Será que la necesidad tiene cara de hereje, como dicen en varias partes, rapidito tuve que memorizar y practicar respecto de las proporciones de arena, cemento y piedrilla fina… ¡Caminante no hay camino, se hace camino al andar!  El verso de Machado: ¡qué poderoso ahora también en versión musical!

Varios operarios estaban afanados en levantar un muro con una especie de ladrillo bastante diferente al que por aquí se estilo. Un albañil en particular, se me puso impaciente y no más verme llegando con el carretillo lleno de mezcla, me medio gritó “Katzendreck”: nunca había escuchado esa palabreja compuesta. (en alemán, todos los sustantivos se ponen con mayúscula)

Por el parecido con mi idioma materno, capté el primer componente: Katze, en alemán está por mi kat, por el inglés cat y, curiosamente, saltando de idiomas germánicos a lenguas romanas: por chat en francés (¡nada que ver con la habladera de nuestros modernos “chats”!); y cómo, por simples reglas que uno como filólogo aprendió… aquello da gato, en español.

Vaya: no más al ver de mediana distancia la mezcla que yo aportaba, ese operario impaciente me hizo aumentar mi vocabulario: ¡pipí de gato! Como quien dice: esa mezcla queda demasiado aguada, con poca consistencia para pegar el ladrillo o lo que por aquí llaman un “block” de construcción…

¡Ah! Cómo aprende uno … a través de las dificultades…. ¡Veámoslas de frente, en abordaje frontal!  Aprendamos de nuestros errores. Además… no todo fue tan de incidencia menor:  de otro campamento, en Herbstein, en Alemania, al año siguiente, tengo muy a la vista… de la memoria… una mini-excursión que emprendimos, cerca: pido disculpas por la foto muy defectuosa.

El letrero grande, solo que muy borroso, en alemán señala: “Achtung Zonengrenze. Unmittelbar langs des weges” Traduzco: “Atención. Frontera por límite de zona. No hay continuidad por este camino.” Horror de horror: a ver si me explico con visualización a la tica…

Es como si yo vivo en San Pedro y voy en dirección de Cartago… pero pongamos que a la altura de “Yamuni”… chocamos de frente con un letrero, una señal….: FRONTERA. ¡empieza otro mundo!  Olvídese de ir a saludar a sus parientes al otro lado; ¡Adiós abuelita!

¡Amigos! Era la tajante indicación que de allí en adelante ya no era la Alemania del Oeste, como la conocimos por décadas después de la derrota alemana de la Segunda Guerra Mundial hasta el levantamiento del Muro de Berlín, en 1989.

La pancarta y mucho alambre de púa (de la que Bélgica es exportador al por mayor) anunciaban… otro mundo….  porque la “Alemania Democrática”, la comunista DDR, de “democrática” solo tenía el nombre…

De esa barrera, de “recuerdo” queda un pedazo, aquí en la capital, bastante a la vista, en un antejardín de nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores. ¡Viva la democracia real!

valembois@ice.co.cr

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