Victor Valembois: Granito a granito….

Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

En Granada y en Gravilla de Pocosol, la conversación puede salir desgranada si cada uno tira por su ladito. En la gran obra de Cervantes se constata, en efecto, cada enredo entre Sancho, con su barriguita llena de palabritas de su mundillo, y su jefecillo Quijote, repleto de lecturitas de caballería.

En versión postmoderna y americana, me imagino el siguiente diálogo de sorditos:

Diccionario en mano, ella afirma: hay que construir obras en granito. Aquí está en letra de molde: “roca compacta y dura, compuesta de feldespato, cuarzo y mica, que se emplea como piedra de cantería”. Se emplea sobre todo para que un hecho heroico se guarde en la memoria*. Así: durita y duradera hasta la posteridad. Sirve especialmente para el zócalo de un monumento, término creado justamente para evita la poca memoria. Partiendo de la etimología, zócalo proviene de soccŭlus, diminutivo de soccus, zueco, zapato… Solo que los mexicanos parecen tener zapa-ticos del tamaño de toda una plaza. ¡Zapatero, no ponga piedritas en los zapatos!

En cambio, su compañero, todo enredadillo, entre sus meca-ticos, lo oigo aportar el consabido granito de arena… Vea, amorcito, ese pequeño grano, esa espinilla que le pone feíta toda la carita, pobre chiquita, a lo mejor le sale por comer tanto granizados, en vez de ir a ver el granizo…. Piense, haga el cálculo (nada renal).

En resumen: en el granero lingüístico, hay grano y granito.

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