Víctor Valembois. 

Hasta para Santa Engracia, graciosa resulta aquella versión apócrifa del gran Gracián: lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo. En cuento al menos malo: me abstengo de pensar y boto.

Ha sido condenado a solo cinco lustrillos de cárcel el pobrecito Fujimori, bien japonés, por haber puesto fin contundente a una guerrilla* nada luminosa en tierras peruanas. Escribámosle una notita:

Callado se te ve, presidente
“chinito” ingeniero, educador; no podrás ya
ir a la playita de Callao.

¿Masaoka Shiki aprobaría los versillos que me salieron? Tengo dudillas. Pero amasé la masita respetando un par de características del género: nada de rimas rimbombantes, sino tres rengloncillos de 5-7-5 unidades (bueno, diay, a saber cómo cuentan en ábaco oriental): aquí importa además el contraste entre la riberita quieta evocada y la profunda y penetrante penilla interior que debe de mortificar al viejito.

En breve, aplicable también a este arte: less is more… pero no me lleve esa reglilla al extremo, porque terminará su nadito de perro con nada.

Seré bruto. Los cuentos chinos se prestan a darnos otro caso de adaptación. Pueden resultar algo enredadillos, pero como la poesía y los trazos pictóricos de allá, tienen la no diminuta virtud de ser breves, es decir, ya lo dijo el occidental: doblemente buenos, verybuenos, según el polito de la esquina. En “la sentencia”, por ejemplo, Wu Ch`eng-en pone en escena las personitas de rigor, dragoncillo incluido. Allí, el emperador no se pone en calzoncillo como en su equivalente del sol poniente, sino que sale dormilón. Por eso, el arte ese ha de ser compacto, como compactado ha sido el piecito* de su bailarina saltarina. No es cuento sino dolor punzante.

Otra muestrilla de haiku, quizá con tufo de tinterillo, es el graffiti*: El universo es un hermo… De seguro pintado en carrerita, en la lumbre*, quedó con ganillas el manifiesto surrealista. La brevedad no se debe esta vez a poético impulsito alguno, sino de seguro a la sorprendente aparición de una patrullita. ¿Qué tiene que ver con un haiku?… Tu abuelita, por si acaso.

Victor Valembois

Por Victor Valembois

Víctor Valembois tiene una licenciatura en Filología Románica por la Universidad de Lovaina (KUL) en Bélgica, así como un doctorado por la Universidad de Madrid. Vive en Costa Rica desde hace más de 50 años. Ahora retirado, ha sido catedrático tanto de la Universidad de Costa Rica (UCR) como de la Universidad Nacional (UNA).