Víctor Valembois.

¿Somos -believe it or not-, descendientes tardíos de nicas, como siempre atrasados, en comparación con lo heroico, qué digo épico de otros inicios, antes: por la historiografía se conoce de la creación del nuevo Lima peruano, de Santiago de Chile, de Buenos Aires, Argentina, de Quito, en Ecuador…

¡No nos quitemos de la verdad! Corría ya la sexta década del siglo XIX. Un par de docenas de familias que sin pasar ni por el Atlántico ni el Pacífico, de Nicaragua puè… cruzaron el río San Juan hacia el sur, a ver si por allí había campito para sembrar su maicito.

¿Pero “independencia? ¿Qué es y con qué se come? Lo que no podemos olvidar es que la independencia como anhelo, hace la disfrutamos, pero sin luchar por ella. Llegamos a ser independientes antes de saber de ello, siendo que el mensaje nos llegó bastante después de la realidad: España nos abandonó, apenas décadas después de la lucha de Florencio del Castillo, que no era tico, en Cádiz.

Nos llegó como niño huerfanito, la tal independencia, de rebote, en contexto centroamericano: en Nicaragua, por ejemplo, se usa la referencia a “Independencia centroamericana” y se celebra con mapas del istmo…. No captamos el valor profundo del mensaje: diluimos ese dato en folklore de farolitos.

Al poco rato independencia, quizá para no sentirnos tan como en la isla de Pascua, algunos empezaron a buscar una asociación primera por el lado de México e Iturbide: a ver quién nos ofrecía más, todo a la sombra del cuento cobarde de “esperar los nublados del día”. Era puro interés de cuatro gatos, no un anhelo construido y obtenido desde dentro.

Quizá no sabiendo por qué ni por quién… al rato peleamos, en casa: abandonando Cartago por intereses individuales de gamonales, no por ideales de la colectividad: los comerciantes y vivos de San Chepe le quitaron la capital a Cartago por conveniencia mercantil, no por construcción nacional. ¡Juemialma!

Luego, aldeanos de aldea, para no aburrirnos nos desquitamos de aquel hombre hondureño, afrancesado, ideólogo idealista ilustrado, él, invitando al tico recostado, creyéndose súperman… Por el pecado que no era de nosotros: Francisco Morazán, lo fusilamos. ¡Era del fondo de un fundo de la vieja Fonduras (así se llama, su país)! ¡Qué se había creído!

¡Ya está, uno menos de esos extraños extranjeros! Pero el sello de soledad soltera nos siguió marcando: “muchos años después”… por mi curioso e impertinente acento, me siguen fusilando a mí, con aquel lapidario lema “¿usted no es de aquí, verdad?”
Nuestras disputas internas, pleitos de gatos, todavía no las diluimos en torno a una taza de café, porque ese apenas empezaba a ser conocido y sembrado por aquí.

¿Cosmopolitismo? Si es que la palabrita ya estaba en boga, debía de sonar a vagabundeo en el cosmos…

¿Idealista convencido, nuestro Juancito Santamaría? Obediencia, servilismo, conveniencia al decir de su mamá, ¿qué lo movió? Tarde nos pilla para hacerle un interrogatorio en los bajos de Radio Monumental, allí, a media cuadra de donde vivía Juanito Mora.

Independencia… encanto tiene, el vocablo… pero ¿de qué y de quién? ¿Como los gatos… que saltan sobre cualquier tejado? ¿O como los perros, a los que los árabes declaraban serviles, rastreros, falsos? Por lo indiscutiblemente gregarios que somos, parece tener más asidero esa segunda vía interpretativa: ¡donde va Vicente, vamos nosotros! (valembois@ice.co.cr)