Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

No estás solo en esta tierrita… cosa que demasiadas veces pareciera suponer el tontín que considera el caño (ese bordecito) de la calle, como Riachuelo azul.

Basura y “chingas”, puchos, colillas (los mismos pequeños restos de cigarrillos); la pajilla del refresco, el envoltorio plástico de los cigarrillos y la hoja de aluminio…. Todo configura un espectáculo un tanto grotesco en un país pequeño que se precia de cuidar el medio ambiente… a medias. ¿Eco-lógico, no?

Pienso que más allá de esas bonitas campañas como la del titulillo*, aunque sea con una mini-multa, pero ad multos annos, se lograría un cambiecillo productivo en cada caso desesperadito. Los fumadores, que por favor dejan su paque-tico por doquier en la calle, que es de todos, por eso es un tantico mía, perdone. Tacho, al tacho con ello.

Claro, caballero, soy forasterito, pero llegué aquí cuando usted no estaba ni en pañales. Mi paisito es más pequeño todavía que el suyo, pero estuvimos algo más tiempo en los banquitos, a veces acusados…, que los doscientos diítas suyos…

En mi tierrita señalan hasta los chiquillos que si todo el mundo barre su acerita (¡allí las hay, pajarito!!) la calle estará limpieci-tica. Aquí, lo habré visto con mis propios ojitos, la gente barre acuciosamente su casa y la deja como un ajito, pero llegados a la puertita, barren hacia afuerita…

Me horroriza  el enlace causal que puede haber detrás de tanta basurilla por doquier: ¿será “fría bazofia humana” como la identifica José Ingenieros? No se puede ser medio mediocre… Por favor, amigo, abra la ventanita (aunque sea con Windows…). Lea un tantico así, compare otro poquito y actúe otro tanto. Solo luná-ticos, comiendo medio* queso, creen que el Paseo Colón es a la tica, lo que la Quinta Avenida en Nueva York.