Víctor Valembois: John Kennedy, in memoriam…

A ese líder natural de repente le llegó un trágico fin. Hace exactamente sesenta años; en Dallas, Texas, una bala le dio en el cuello.

Víctor Valembois.

Ese latinazgo, en el título, puede sorprender, alguno hasta se puede incomodar: dirá que ¡qué va, venirnos ahora, en el 2023 con frasecillas en latín!  Amigo, ruego considerar que no todos tienen sus primaveras y ese idioma “muerto” sigue de importancia internacional.

Retrocedo al 22 de noviembre de 1963: John Kennedy, joven presidente de Estados Unidos, acaba de ser asesinado; cursaba yo el penúltimo año de secundaria, en Bélgica, y nuestro profesor de inglés sugirió que estudiáramos el discurso inaugural del mandatario tumbado: ¡ese legado nos quedó -me queda- en la memoria!

Nos impactó el aplomo del joven mandatario; nos permeó su mensaje, dirigido a sus compatriotas, claro, pero claramente aplicable a todos nosotros, los jóvenes-: ¡tengamos idealismo, entusiasmo, entrega…!

Ese JFK, por las siglas (su nombre de pila, segundo nombre: Fitzgerald y apellido), nos marcó tanto por su temple como por la brisa internacional nueva. Claro, su mensaje iba dirigido en primera instancia a sus compatriotas, allí al norte del río Bravo, pero las resonancias emotivas nos llegaban, fuertes.

Bélgica era (y supongo que es todavía) el país con mayor adhesión y admiración por los Estados Unidos de Norteamérica, USA. Es que su intervención hacia el final de la Primera Guerra Mundial resultó decisiva, no solo para la victoria de los aliados, sino por enorme penuria de víveres; queda grabado en frontispicio de la reconstruida biblioteca universitaria mía en la vieja Lovaina: todo se debía al “furore teutónico” (en latín, otra vez: “por el furor germano”).

También en la segunda parte de ese cruel ajedrez bélico europeo, otra guerra “mundial” consta la terrible Batalla de Bastogne (pueblito en el extremo sur de Bélgica), donde no menos de 19.000 gringos jóvenes dejaron la vida por la libertad de Europa. Por esa “gringofilia” los Supreme Headquarters of the Allied Powers in Europe (SHAPE) tienen su sede cerca de Bruselas.

Con una personalidad aglutinante, más que por consciente ideología, consta la ambición cosmopolita de ese JFK, tanto en Europa como en América Latina. En esa última dimensión bastante le ayudó su ascendencia irlandesa y católica (no olvidemos que ese postrer vocablo significa “sobre toda la tierra”).

Pero en plan de cosmopolitismo algo torpe, pensemos en un incidente en Alemania: allí, Kennedy quiso proclamar “yo también soy un habitante de Berlín” (ich bin auch Berliner). Solo que, mal aconsejado, añadió un artículo en su expresión, con lo que en realidad remitió a un pastel típico de allá: ein berliner. La boutade le granjeó una enorme carcajada general… como en realidad también la simpatía que buscaba.

En su relación con “nuestra América” (en la terminología de Martí), Kennedy se empeñó en enterrar la política del “big stick”, que marines gringos, malévolos cowboys se habían granjeado donde nuestros vecinos de México para abajo.

En la Costa Rica de 1973, con mayoría superficialmente agringada, la corta estadía del líder causó sensación de vedette en una aldea; en San Pedro de Montes de Oca, durante años duró el pachuco proceder de pintarle porquerías a un busto que le dedicaron… (quién sabe si Viviana Gallardo estuvo entre esos traviesos); todo hasta que, hace poco, la Municipalidad en cuestión guardó la efigie en alguna bodega.

A ese líder natural de repente le llegó un trágico fin. Hace exactamente sesenta años; en Dallas, Texas, una bala le dio en el cuello. El asesino a su vez fue liquidado, lo cual, junto con otros indicios, visualiza la posibilidad de un complot.

¿Una prueba? De inmediato incrementó la ominosa intromisión gringa en Vietnam. Para la industria armamentista, todo se valía, todo se vale; miserablemente: la guerra sigue siendo buen negocio (y también tiene perversa vocación cosmopolita)…   (valembois@ice.co.cr)

 

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