Víctor Valembois: José Enrique Rodó…. rodó rodando por toda América “Latina”

¿Y qué, respecto del idioma? Hoy en día, los chinitos con sus ojitos llenos de chispa no nadan contra corriente: nos conquistan en inglés y su enorme idioma, bastión cultural además, lo guardan para hablar de nosotros… entre ellos: ¡no contábamos con su astucia!

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Vuelvo al temita que estoy entregando, bocadito tras bocadito, para no ahogarnos. Ya vimos que eso de “latino”… nos vino desde por allí de Roma y que el sobrino de Napoleón se apropió como para engatusarnos: él nos bautizó “latino-americanos”; no nosotros.

Sirvió, la etiquetita, como escudo, para defendernos, gritando por todo el siglo XIX y entrado el siglo XX: “alto allí, gringuitos”… a nosotros no nos va a tomar por tontos, como fue que el fulgorosa conquista, ¡zaz! a México le quitaron una gran tajada: ¡Texas! Fue en 1845…

En ese contexto, pocas décadas más tarde, como observamos en crónica anterior, Rubén Darío, todo miedoso frente al inglés -como la mayoría de latinoamericanos todavía- se fue refugiando en el francés: otro idioma latino, claro que sí, derivado, degenerado (no se me ofendan) del latín “cada vez más pior hablado”… hasta formar otra lengua.

Poco después: Renan, gran filósofo francés, bandido, se inspiró en La tempestad, obra teatral nada menos de Shakespeare, de 1611. El resultado es Caliban, ensayo con figuras simbólicas que permanecerán en la mente colectiva por siglos, hasta ahora. Refiere a un monstruoso aborigen de una isla… curioso: en el Mar Caribe frente a América Central. El ensayista cubano Fernández Retamar lo retomó en pasadas décadas por asumir “nuestras concretas realidades”.

José Enrique Rodó.

En el mismo Renán, y a su sacando imágenes del mismo Shakespeare, al filo del nuevo siglo, y desde el Uruguay, José Enrique Rodó (1871-1917) le dio al mismo filo del cuchillo bajo el poncho, contra el inglés… Su Ariel, de 1900, se considera como una de las obras de mayor influencia en el campo de la cultura y la política latinoamericanas.

Constituye, lo suyo un planteamiento demasiado en dicotomía, los buenos (que somos nosotros, los latinos), contra los malos, que serían “ellos”, los gringos materialistas, solo pensando en cómo make money. Cierto, igual: el caso de make love,  en mecánica materialista.

Nosotros hablamos de ganar dinero, o a lo suma de sudarse la camiseta; ellos, pues sí parecen menos dados a nuestro romanticismo. ¿La culpa la tiene José Enrique Rodó, se preguntaba hace poco un ensayista chileno?  Pues, ciertamente, lo veremos, generaciones enteras se nutrieron del pensamiento idealista-ingenuo del uruguayo.

En efecto, con debido respeto, también anduvo rodando: nacido en una familia acomodada, pudo leer a gusto y viajar por Europa, de hecho muriendo en Italia. “Maestro de juventud” le llamaron, con honor merecido y de una influencia grande hasta en Costa Rica: le veremos próximamente con unas pinceladas sobre nuestro Joaquín García Monge, nada simplista.

Pero con su estilo de prédica nebulosa y su desprecio de las formas pragmáticas de pensamiento, José Enrique Rodó anduvo con sermones laicos y vaguedades entusiastas. Los seguidores de Calibán, los gringos, suelen ser antipáticos, arrogantes, depredadores, pero de ellos tendríamos que aprender muchas cosas. Por favor sin copiar de los vicios de ellos, en comidas y demás prácticas nefastas.

¿Y qué, respecto del idioma? Hoy en día, los chinitos con sus ojitos llenos de chispa no nadan contra corriente: nos conquistan en inglés y su enorme idioma, bastión cultural además, lo guardan para hablar de nosotros… entre ellos: ¡no contábamos con su astucia!

¡Pongámonos las pilitas!  Desde el Rio Bravo hasta la “cintura de América” (en preciosa expresión de Neruda) y más allá, oxigenándonos desde el mundo entero, que por favor constantemente estemos intercambiando experiencias y espectáculos, en busca de lo excelso, más allá de rivalidades y desavenencias ideológicas.

Pero, por favorcito, dejemos de esconder nuestro miedo ancestral al inglés con un “orgullo latino”, la verdad bastante barril sin mucho fondo: lo veremos. Rodó, rodó y esa rueda algo anticuada suena, hoy en día. Hablemos mínimo otro idioma, ventilémonos con la ventana abierta.

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