Víctor Valembois.

Dos destacados líderes del siglo pasado, uno local y el otro, europeo, nos dejaron sendos trabajos escritos bajo el signo de lucha. Paralelo era su anhelo de superación, pero con caminos totalmente bifurcados en la práctica. Por un lado, refiero a “Mein Kampf”, tremendo mamotreto de Adolfo Hitler (1889-1945) traducido como “Mi lucha”.

Por otro lado, remito a “La lucha”, muchas veces también identificada como “la lucha sin fin”, de nuestro José Figueres Ferrer (1906-1990). Paradoja: ¡Con un ejército… vencer el militarismo para abolir esa institución! Gracias, caballero: huyendo de la bota de Pinochet, resultó una de las motivaciones para nuestra escogencia de Costa Rica.

Más allá de enormes diferencias, también tenían algún parecido, los caudillos aludidos: hacendosos, ponderando con constancia ideas y anhelos, armados con lo mismo: hojas en blanco y una pluma de escribir o, voz en cuello en el podio, el real y el radiofónico. Además: no se empeñaron en orgullosas memorias egocéntricas: por latitudes diferentes y ambos con espíritu didáctico, quisieron dejar plasmadas ideas para su respectivo país.

Aquel austríaco-alemán aprovechó grandemente estar enjaulado después su inicio político demasiado fervoroso, hace un siglo exacto: en 1924 salieron lo que en una edición chilena tengo en más de quinientas páginas; del lado nuestro, expulsado por Calderón Guardia, a don Pepe aprovechó buenas estufas entre otros en la biblioteca de Boston: le dieron fervorosa fiebre de lecturas y lecciones.

Océano de por medio y pese a cierto desfase cronológico, a ambos líderes sin ambages les calza el calificativo de “Führer”, dirigente, nada peyorativo en sentido original; pero esa nomenclatura resultó totalmente deformada, degenerada, destruida por el alemán aquel: una cosa es la perseverancia, otra: la pérfida patología que fue padeciendo ese loco de remate.

Aquí, gracias al Ideario, muy reciente recopilación ideológica en torno a “don Pepe”, podemos darnos cuenta de manera sistemática de los anhelos de este caudillo nuestro, por tres veces jefe de estado (en el 1948, entre 1953 y 1958 y en el período 1970-74). (Defectillos tiene esa publicación, como no señalar quién y bajo qué normas elaboró las fichas presentadas; van en orden alfabético, pero entre otros en pp. 28-29 hay enredos).

Por lado y lado del Atlántico, sigo examinando el caudaloso río de caudillos que se presentaron en algo más que un siglo. Momentos hay en que los pueblos requieren un jefe, un líder: pienso en el rey Alberto I, de Bélgica, en la Primera Guerra Mundial, héroe con y por su pueblo, en contra del Kaiser alemán, ¡nada menos que su primo! En el pedestal quedó y queda el rey-soldado, muy diferente al dandy de Alberto II:  a los títulos conviene darles sustancia.

Décadas más tarde, la idea resultó manipulada por Francisco Franco: aquel caudillo había empezado mal, prestando terreno -Guernica- … a la aviación de Hitler para un ejercicio de puntería… ¡contra un pueblito español! También puso de moda un saludo muy hitleriano y usufructuó a su antojo el signo romano de “victor”, vencedor. El Valle de los Caídos que él montó, pese a las intenciones demasiado resulta de apología a la propia causa, no a la de todas las víctimas de aquella carnicería completa, la guerra civil de 1936 a 1939.

Concedemos: unificando a su país bajo férrea bota represiva, a la postre logró sacarlo de la anarquía en que se encontraba. Stalin y Tito también, y durante décadas, fueron “pacificadores”, pero con el nefasto signo de muerte en la frente. ¡Al infierno esos últimos, en la memoria humanista!

Dadas circunstancias históricas excepcionales en que lograron enderezar su respetivo país, aquí también cabe agradecer la lucha-de-líderes tan diferentes como Winston Churchill, de Inglaterra, Eisenhower, de Estados Unidos y Charles de Gaulle, de Francia: su combate conjunto asentó y selló la paz en aquella Europa amenazada por la bota hitleriana.

En nuestra esquina del globo terráqueo, acordémonos del preclaro líder local José Figueres Ferrer. Ojalá, dentro de la ensalada de “estudios sociales” que ahora les toca, los jóvenes logren distinguir quienes son verdaderos luchadores para su pueblo, frente a aprovechados listos para atropellar.  Bueno, bueno: ¡primero a la ducha, y después a la lucha!

(valembois@ice.co.cr)