Víctor Valembois: Jóvenes y viejos, en nuevos “tiempos del cólera”…

Otro remedio que conviene tomar, eso sí “sin cuchara ni medida”, pues Amor omnia vincit, es el amor al prójimo

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Sí, epidemias y hasta “pandemias” (con ese prefijo generalizante de pan-teísmo, pan-demonio, etc.) las ha habido siempre. Desde luego, pero dudo que aprendamos…

La “gripe española”, con no menos de 50 millones de muertos ocurrió al puro final de la “gran guerra” de 1914-18. Coincidió con un invento europeo que ya nos recetaron sendas veces: fueron las llamadas “guerras mundiales”… ¡Vaya producto de exportación…!  Con frecuencia me pregunto cómo alcanzaron, no solo a ser normales sino heroicos mis viejos, mi mamá refugiada en la Primera contienda de esas, y la casa paterna bombardeada en la segunda…. Vaya, ¡y a seguir dando educación a ocho críos, siendo yo el número seis!

Pero hasta donde observo, es la primera vez que también a las epidemias esas se les ocurre producir estragos realmente planetarios: esta última, nacida en una región relativamente lateral de China, en menos de tres meses adquirió escala mundial. ¿Por qué todavía no alcanzó dimensión universal la milenaria visión de la Pacha Mama de las culturas andinas: ¡razón tenían y de sobra! La Madre Naturaleza ahora nos lo grita: ustedes me la hacen, ustedes pagan los platos rotos…  Y ahora, aquí estamos…. muchos en pan-tuflas, panza pa´arriba, parapléjicos entre permanentes pantallazos… Perdonen: pero yo prefiero darle duro al trabajo personal escuchando música, clásica y por eso también urbi et orbi, mientras recuerdo y agradezco que gracias a nuestras autoridades no vivimos las atrocidades de Bergamo, Italia. Todos vamos a bordo del mismo bote, este planeta único.

Pero compruebo una diferencia:  los viejos ahora, estructuralmente más débiles quizá, por dicha fuimos equipados con mucho más positivismo y menos televisión (que solo penetró en mi mente cuando casi era universitario). De vacuna, en mi caso, iban obligada misa diaria y después de una frugal cena, el rezo en familia…. Y en la secundaria, seis años con clases de latín y cinco de griego: maravillosa herramienta para el filólogo que se ha vuelto filo-loco…

Recuerdo cómo nos enamoramos, los mocosos de entonces, de esta pareja de viejitos que Ovidio (gentil compañero en las bancas) verso a verso nos enseñaba: de cómo el amor se ha de servir también gota a gota, igual que esas cucharitas de miel entre esa pareja (Filemón y Baucis, vaya nombrecitos que no olvido)… Nos metían todo ello un tanto a la fuerza, junto con La Guerra en Galia, de Julio Cesar donde se narraba que los belgas eran los más valientes, en el 57 antes de Cristo…. Pero respecto de eso, ya me di cuenta: ¡era fake news! Viejo truco ese, como en la Araucana de Ercilla, que tragué en mis años chilenos: ensalzar al enemigo para dar a entender que uno, vencedor, resulta más valiente aun…

Ha pasado mucha agua bajo por el Virilla. Pero aquí mismo, por el Vargas Calvo, hasta hace poco, en una pared visible desde la línea del tren constaba otro estimulante reto, igual, en latín: Citius, Altius, Fortius…. Más rápido que ligero lo borraron hace poquito porque ahora, por pura pereza, nadie quiere entender de ese estimulante. Pero durante siglos, tanto allá, en Europa, como aquí hasta hace poco entre otros con mi amigo Omar Dengo (aquel que pregonaba que fuéramos “griegos”, prevalecía y fructificaba la mentalidad del per aspera ad astra o, en la versión del viejo amigo Peralta, tico en Bélgica: algo paralelo al per alta ad astra, que ahora copió nuestro Franklin Chang.

Contraste enorme produce esta mentalidad de forja, de perseverancia, con esos chicos que, hasta hace unos días, arrastrando las tenis, venían y volvían al colegio Vargas Calvo, aquí cerca. Era una institución de primera, un colegio experimental, un modelo, me comenta el amigo Julio Grooscors, docente por esos lares en ese antaño de los años cincuenta.

¿Y ahora, en lo sanitario, qué pasa?  ¿De vuelta a la Edad Media, puerta cerrada y una cruz pintada en la puerta? ¡Que no! Para nada “todo pasado fue mejor”, como adolorido por la muerte de su padre proclamó el Manrique medieval. Pero como antídoto frente a la modorra y la actual, me enorgullezco entre tanto panteísmo clásico, cómo nos fueron dando cucharita tras cucharita tanta buena medicina vital, profiláctica. Al mismo tiempo, cómo no, creemos firmemente en el progreso de la medicina, ahora a auscultar a escala mundial. Lo cual no quita que, joven o viejo, quien tenga valores espirituales resulta mucho más equipado para la vida.

Otro remedio que conviene tomar, eso sí “sin cuchara ni medida”, pues Amor omnia vincit, es el amor al prójimo, y la prójima por supuesto, enseñanza de solidaridad que sin tanta alharaca nos sigue dejando la lectura y relectura de los clásicos, incluyendo los modernos, como para aquí y ahora ese “Amor en tiempos del cólera”, viejo-nuevo clásico del finado Gabriel García Márquez. Jóvenes y… un poquito menos jóvenes, ¡a luchar todos!

 


Víctor Valembois.

Es Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Lovaina (KUL), Bélgica, y Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, Madrid. Es Catedrático, ahora retirado, por las dos grandes universidades estatales del país. Ha sido Agregado Cultural de la Embajada de Bélgica entre 1984-1997. Por muchos años colaborador de la “Página 15” de La Nación y del Semanario Universidad. A su haber consta más de un centenar de publicaciones en revistas académicas de Costa Rica, Colombia, Chile, Cuba, España, Rusia y Bélgica. valembois@ice.co.cr

 

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