Víctor Valembois: Juris-im-prudencia

En todo caso así, gracias a larga y paciente labor de hormiga, de parte de encargados con debida formación y dentro de límites establecidos, a todos nos quedó patente: algo anda mal, y no solo en Dinamarca. Esas palabras, no tan magisteriales… hasta causan revuelo y, ojalá, nos rebelamos. No basta con ponerle una cruz encima; cabe poner a raya.

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Por un lado, no fue un oráculo el que habló, sino una comunicación sotto voce. Por otro lado, grabar conversaciones de buenas a primeras está prohibido, pero ante fundadas sospechas legalmente se puede… y como confluencia de ambas acciones anteriores, algo salió a flote: un comentario extraño o más bien evidente de algo más.

Es de suma corrección saludar atentamente al otro; más los formados a la antigua, entendemos y lo llamamos educación, comportamiento correcto o simple tacto; pero suena sospechoso entre un jerarca judicial y una persona con la espada de Damocles bailando encima de la cabeza dentro de un entramado procesal.

Yo, lego en la materia, nada propenso a leguleyo ni a vericuetos jurídicos, agradezco la vieja educación que he recibido: ella no separa lo legal de lo legítimo ni de lo moral, todo con base en una estructura social. Pues sí, también aquí en el “Nuevo Mundo” todos somos civiles, ciudadanos sujetos a una misma idea: lo que heredamos de la “polis” griega, de la que deriva otro concepto, el de policía: no ese aparato represivo, sino cuatro reglas de comportamiento organizado. Y prácticos, los romanos, aplicaron esas ideas: son la vieja “civitas”, con su civilismo.

Total, que no somos bichos raros cada uno dentro de un tropel; formamos lo que llamamos “sociedad”, de la cual somos socios y debemos ser políticamente correctos, no solo como esos rígidos ingleses, sino todos con mínima formación ciudadana, más allá de la cédula. En realidad, eso de “con-ciudadanos”, como consta hasta en el diccionario, constituye un pleonasmo. Las partes y el conjunto son inseparables.

En consecuencia, cada uno de nosotros demos saber comportarnos dentro de la comunidad con una conducta «política», no de tal o cual partido… sino de conveniente con-vivencia. Es más: si uno no quiere entender y no coopera, lo enviarán a la policía: ahora sí refiero a ese cuerpo, no solo para castigarlo a uno individualmente en una celda, sino ojalá también para guiar de regreso a la comunidad civilizada.

Pero he aquí que hasta el ciudadano de a pie entiende lo que ha pasado: si se rompe una jerarquía, creo que entendidos la llamarán procesal, rapidito la sabiduría popular lo condensa todo con claras y poderosas imágenes: “por la boca muere el pez” y “si el río suena, piedras trae”. También: “ a buen entendedor, pocas palabras” o “más claro no canta un gallo”.

En todo caso así, gracias a larga y paciente labor de hormiga, de parte de encargados con debida formación y dentro de límites establecidos, a todos nos quedó patente: algo anda mal, y no solo en Dinamarca. Esas palabras, no tan magisteriales… hasta causan revuelo y, ojalá, nos rebelamos. No basta con ponerle una cruz encima; cabe poner a raya.

De mi parte, propongo que ese aparente mini tropiezo, lo veamos como una peligrosa juris-IM-prudencia.

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