Víctor Valembois: La importancia de ser íntegro

Pero mucho más grave, Sancho, en estado de coma, lo es todo nuestro sistema educativo que forma, deforma y sobre todo conforma mediocres.

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

No cuento gran cosa nueva al observar que la obra original de Oscar Wilde, “The importance of being earnest” se tradujo y se conoce generalmente como “La importancia de ser honesto”. No es un desastre, esa traducción, pero constituye un caso clásico de lo que los italianos sintetizan tan bien: “traduttore, traditore”. El problema es que el autor inglés recurre a una homonimia imposible de reproducir en la lengua de Cervantes. “Ernesto” para nosotros es un nombre de pila, como tantos. En cambio, en inglés, “to be earnest” resulta más fuerte, a fe mía cala bastante más hondo. Por último, hubieran puesto “ser sincero”, con lo que ya apuntaban algo más en la dirección correcta: porque lo central, nuclear en la obra, no refiere solo a la honesta honorabilidad externa: toda ella, algo cómica y hasta con gotas de farsa, va con la reiteración de esa cuestión de sinceridad e integridad.

De hecho, en la obra, Gwendolen queda admirada por el nombre “Ernesto”, dentro del famoso mecanismo clásico de “el nombre revela algo” (“nomen est omen”). Postula que ese “inspira absoluta confianza” y hasta afirma que ni loca se casaría con alguien que no llevara ese nombre… todo con la deliciosa ambigüedad sónica que Wilde aprovecha entre “Ernesto” y “earnest”. Sus pretendientes andan en el mismo baile, pero para peor, sin asco, sin ética: ambos tienen cita esa misma tarde con un curita cualquiera, a ver si accede a cambiarles el nombre de pila por uno de buen cristiano: Ernesto…. Y así, el círculo se vuelve completo.

He allí el núcleo central de esa interesante obra, en denuncia de un autor al que se le podía tildar de dandy extravagante, pero jamás de mentiroso, hasta en su amargo fin, que ahora consideramos profundamente injusto, pero que entonces merecía un castigo “ejemplar”: el fin del siglo diecinueve era “victoriano” (no precisamente victorioso, como mi patronímico). El nombre tenía algo de ángel guardián; irradiaba, entonces, un rasgo esencial de gran civilización.

¡Cómo no! Nos podemos preguntar si en lo de construcción de apariencias y fachadas algo tenemos en común, aquí y ahora, comparando nuestra pequeña isla mental con esa “Gran Bretaña”, otra isla, más grande, pero que, ya lo constatamos dolorosamente por ese odioso y complicado “brexit” no se ha sentido parte de Europa. “You go to Europe”, me dijeron, me comentaron como si no estábamos en ella, cuando pasé por Londres (con motivo del fallecimiento de mi madre), lo mismo aquí, hace unos años, yendo yo a un congreso en El Salvador, mis propios colegas me preguntaron que si iba a Centroamérica… Mentira, espejismos, por ambos lados del Atlántico.

Vuelvo a los nombres y el aquí y ahora… El nombre “de pila” ahora se ha vuelto etiqueta, cualquier cosa, que suena bien, se ve mejor…. Puras monedas falsas: prevalece no el ser, sino el parecer y… el aparecer… ¿Le gusta el nombrecillo de Usnavy que le pusieron a un pobre parroquiano nacional?

Todo ello, cabe verlo en un contexto más amplio de educación en la verdad y por la verdad. No le he averiguado qué cuadernos estuvo forrando últimamente el inmortal Oscar Wilde, y cuáles etiquetas y distractores les puso, pero estoy seguro que a él lo mismo que a los de mi generación, nos fascinó -en griego clásico además- aquello que proclamó Aristóteles: “mi mejor amiga es la Verdad”…. En latín: Veritas, con acentuación en la primera sílaba, como ha de leerse el nombre de una universidad aquí.

Traigo ese asunto a cuenta porque, por desgracia últimamente hemos perdido el sentido de la verdad: que lo confiese esa ahora exministra, que lo diga ese magistrado: casos muy recientes, no tan individuales. Pero mucho más grave, Sancho, en estado de coma, lo es todo nuestro sistema educativo que forma, deforma y sobre todo conforma mediocres. Un ejemplo: mi matutino acertadamente lo formula como “evaluación ficticia: 99% de educadores con nota ´bueno, muy bueno o excelente´” (LN 07.02.20). Toda la sociedad anda con un ego inflado, pero Dios guarde usted señala algo con el dedo.

Nota: la obra teatral en cuestión se estrenó un 14 de febrero que, ahora, entre nosotros, resulta otra ficción más, explotada comercialmente, en torno al “amor”.  Sí, creo en el amor, en el amor íntegro, y más todavía en la verdad.

 


Víctor Valembois.

Es Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Lovaina (KUL), Bélgica, y Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, Madrid. Es Catedrático, ahora retirado, por las dos grandes universidades estatales del país. Ha sido Agregado Cultural de la Embajada de Bélgica entre 1984-1997. Por muchos años colaborador de la “Página 15” de La Nación y del Semanario Universidad. A su haber consta más de un centenar de publicaciones en revistas académicas de Costa Rica, Colombia, Chile, Cuba, España, Rusia y Bélgica. valembois@ice.co.cr

 

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