
Víctor Valembois Verviest.
Ordenando el desorden de mi biblioteca, de repente me topo con ese título: “La isla del Alma Mater”,… y su autora es una “Van de Maele”… una chilena… de apellido prestigioso y hasta nobiliario en la historia… de mi tierra de Flandes. Vaya, vaya.
Pues… por avatares de mi historia chica (un piropo de un profe fascista, en Madrid, en pleno auditorio, a una chica de buen ver… la cual, al poco tiempo, resultaría mi novia…) después de ocho meses de cartearnos, ella desde Chile y yo desde Bélgica… decidí levantar el ancla, salir del “Viejo Continente” y cruzar al “Nuevo Mundo”… vendiendo como quien dice mi camiseta y hasta mintiendo a mis padres sobre un supuesto contrato en Valparaíso…
Pero… ya lo proclamó el viejo Horacio (no aquel de la tele…) “Audaces fortuna iuvat”: a los atrevidos, la suerte los ayuda… Nada de aviso telefónico intercontinental, carísimo entonces… avisé por caro telegrama que guardo, respecto mi vuelo, vía Rio de Janeiro y… ella, de condición humilde, a mucha honra por sus padres que después conocí, me acogió en el aeropuerto de Santiago… en plena huelga general: ¡los tiempos heroicos de Salvador Allende!
Paseando un rato por un parque central, por allí… -va una primera casualidad- nos encontramos con un profesor chileno de ella… don Hugo Montes, conocido en Costa Rica por haber sido profesor visitante aquí. Él sugirió contactarnos con un colega de allá, en Viña del Mar… el cual, a la postre recomendó comunicarme con un profe de la U. “Austral” -no menos de mil kilómetros al sur-: recordemos que según la epopeya clásica, la de Ercilla, Chile es una “larga y angosta faja de tierra”… una tira de no menos de cuatro mil kilómetros…
Listo… el susodicho colega me señaló que justamente allá, oigan todavía no en el Polo Sur… pero ya bastante más cerca… había abierto un concurso …. para un profe de… Literatura Española Medieval… ¡Pues con base en mis estudios profundos, entre otros precisamente en ese período… ¡gané ese premio mayor! En calidad de tal, después de un viaje, ténganse bien: de toda la larga noche… se me asignó alojar en un hotel, allá.
Nunca voy a olvidar una conversación con un panzón en el hall: ¡zaz! otra casualidad… Era un descendiente de una gran inmigración alemana y centro-europea que en el siglo XIX el gobierno chileno había invitado a… este otro lado del mundo: recordemos, al respecto, que tanto el actual presidente de Chile (Kast), como el anterior (Boric): ¡no tienen precisamente apellidos hispanos…
Pues al constatar que empezaba a llover bastante, mi interlocutor panzudo me “medio consoló” señalando: “pues vea… aquí, en el sur de Chile hay dos estaciones… ¡la del ferrocarril … y la de la lluvia”. Así no más fue… y si escribo desde el recuerdo de entonces… ¡es que sobreviví! Nada más que. Diosito… ¿qué pasa? Estamos amediados de mayo y levamos ya su buen rato en lo que se llama “la época lluviosa”. Pues… ¡estoy esperando esa agua, casi bendita!
Lector amable, gaviero amigo: ¡ténganme paciencia… en otra secuencia -¡síganme los buenos!- debo ampliar sobre mi vivencia en torno a esa anunciada “Isla del Alma Mater”. Si la madre de nuestros hijos y yo… pues ya no estamos por allá es que, en el entretanto ocurrió -vivimos y hasta sobre-vivimos- algo trágico que no le deseo a ninguno de ustedes: ¡el cruel golpe de estado del 11 de setiembre 1973, por Pinochet y sus esbirros! (valembois@ice.co.cr)

