Víctor Valembois: La jalea está echada

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Pues al igual que la crónica de hace una semana, lo pienso en latín formal…  Aparte del memorable mandato de “cruzar el Rubicón”, como comenté, en ese mismo contexto aplica otra frase ya también acuñada entre nosotros, la de “alea iacta est”. No es que “la jalea está echada”, como reza en traducción de pura polada. Pero sí, la suerte está echada.

Ese día de las elecciones, por poco me sobrevino el llanto, no por Ignacio Sánchez Mejía (a lo García Lorca), ni “a las cinco de la tarde”, sino ya por la noche, cuando se cerraron las urnas: vergüenza para la cacareada democracia costarricense: más del 43 por ciento, es decir: cerca de la mitad de los electores eligieron el “porta´mi”. ¡Polada más grande!

Otras poladas no faltaron: el triunfador obtuvo el respaldo del 28,7% de los ciudadanos incluidos en el padrón electoral. El único presidente que llegó al poder con menos apoyo fue Óscar Arias, en el 2006. Pereza, en vez de cumplir con el más elemental de los derechos civiles: este, por ejemplo en Bélgica implica -bajo multa- la obligatoriedad de acudir a votar.

Del lado del partido perdedor, Liberación, pese a su nombre, histórico-heroico- y una todavía sólida representación parlamentaria, con 19 representantes, han de poner las barbas en remojo, porque ya nadie se acuerda qué motivó, desde 1949, el nombre de ese partido.

En cambio -y sigue la polada- se confirma lo que uno de sus presidentes diagnosticó: que era un algo más que una máquina electoral, pero algo menos que un partido ideológico. Solo que ya entonces había manzana podrida en el canasto. ¡Polada más grande!

En efecto, el mismo don Daniel Oduber, ahora con gigantesca estatua en el Parque Morazán resultó otra cosa: después de su mandato (1974-78), por Guadalajara y otros lares, en México, conocido quedó de distribuidor de otra cosa que democracia.

Recuerdo el grito al cielo, de parte de Rodrigo Carazo (1978-82): ruptura liberadora, intento valeroso de sacar el pus, por dentro, pero ya todo en lo local-nacional resultó condicionado por el contexto bélico regional. Ni entonces ni ahora pareciera que el común de la gente, por aquí, valora bien la figura quijotesca, enaltecedora de ese finado presidente.

Siguieron las trastadas, las poladas, lo palurdo. El mal vino por dentro: ya no está el periodista Lafitte Fernández para investigar; los muertos no hablan. Tampoco nadie se acuerda de un librito que, con todo y mal escrito, en referencia a una camisa (pienso en francés…) habría merecido ser más conocido por un pueblo-público que se las da de ilustrado…

Debe seguir la batalla heroica y civil -nada militar: gracias, don Pepe- por ideas liberadoras. Pero dejemos de pensar en que somos un pueblo limpio de errores y dictaduras: lo deja claro “El año de la ira”, tenaz investigación de Carlos Cortés sobre los Tinoco de hace un siglo: a buen entendedor visualiza que no somos una comunidad bendecida por impolutos dioses del Olimpo.

Entonces, surge y sigue la pregunta de fondo: “liberación ¿de qué?”  Vamos: manos a la obra ¡ese ritual democrático de las elecciones, en decencia civilizada y cosmopolita, no puede quedar en un puro mecanismo electoral!

A ver, dijo el ciego…. ¿qué de bueno puede haber arrancado por aquí a partir del domingo pasado, día 4.4.22? Vencida o casi esa corona sanitaria que nos impusieron hace dos años, ahora tampoco bajemos guardia hasta perder laureles democráticos. En el concierto cosmopolita, la diferencia de casi seis puntos porcentuales exime de dudas: ¡sigue la Costa Rica democrática!

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