Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

La memoria, ¿un músculo a ejercitar?

Señores académicos: ¡eso de memoria de pajarito es una ridiculez! Esas aves migratorias nacen con toda una computadora bien incorporadita. Al otro año les permite volver al mismo lugarcito, distante de miles de kilómetros, donde anidaron.

A más de uno le llaman más la atención los chips de papitas que los de memoria. Y, claro, si no se usa esa, como una portezuela se oxida. Póngase las pilitas, con crucecitas en la grama, digo crucigramas en el pastito, letrita por letrita. O lea Las pequeñas memorias de Saramago. Su cabecita, por favor, no en la almohada* blandita, sino entre palabritas de otros idiomas. Vea, hermanillo, a la memoria conviene darle cuerda, todos los diítas. Por eso, en ruso los términos de memoria y monumento* se encuentran relacionados.

Bueno, tan poco tampoco: lo mismo que su cuerpo de mamulón tiene que regresar cansado a casita, mejor poner en caretilla cositas a guardar en la jupita esa. ¿O se le fue la pajarita? Poca azúcar en la sangre favorecería la memoria (se está poniendo color de hormiga* el asunto para los tiquillos).

También es cuestión de suertilla: gente hay que nace con y-poco-campo. ¡Claro, con tan diminuto espacio, allí, está fregadilla la entrada! En cambio el Rubencillo aquel, nada cortito tampoco en lengüita y versillos, por no quedarse quieto en su sillita, el bibliotecario lo conminó a que se leyera el diccionario. A la semana el chiquillo se lo recitaba de memoria. Además, es cuestión de alma-naque: yo antes aprendía todo al tirito, al dedillo y hasta al nudillo… Ahora, ¿en qué cosilla estaba pensando?