Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

La pantallita pone al alcance de tus deditos cada estupidez, incluyendo la cháchara cotidiana,  airecillo de shampoo, pero nada de chispitas de la tertulia, de palique*, junto con vinito y unas bocas…; noticias nada notables, refritas con la recetita de Nancy, made in USA. Alguna que otra peliculilla puede que haya, pero interrumpida no menos de veint-y-pico de veces por tonteras, chocheras y más basurillas*.

Salvo las consabidas excepcioncitas, dignas de ver y de bel-ver, no faltan programitas para llorar a moco tendido… o sonrisitas* de puro cuento*. No falta cada violencia nada menuda*, hasta en los muñequitos, que no necesariamente son programitas para los nenes y los ven a hurtadillas los grandecitos.

Ahora la mamacita ya no amasa la masa: de eso se encargan enteramente los medios*. Como sea, el resultado es un amasijo y sucesos y más sucesos*. Ah! y cochinitos esos, no te ponen solo gente medio destapadita de trapitos o simplemente en cueritos. En fin, esa TV es como el pañuelo*: pequeño y suciecito, nada para mocosos.

De tanta cosilla miradita entre colorcitos se pierde lo principal, humano, de la las cuatro palabrillas para comunicar lo visto, de manera activa. No hay que ser el experto Sartori, para concordar: esta caja chica –idiot box, en inglés- es instrumento ideal para achicar. Yo sigo midiendo 1,64 metritos, pero…

… el aparato ofrece, a de gratis, un general achicharonamiento (a-chica-miento es poco) de la capacidad de abstracción. Más si están las palomitas y los chicharrones cerquita, esta chicha suele volver chica la mente, lamento.

Es decir, en breve: la TV, no el aparato, sino a como es usa-da o de produccioncitas locales (en los quince primeros numeritos del dial), suele ser nada edificante, sino estupidi-ficante… Y no me venga con que lo tiene todo fría-mente calculado: usted, el control* lo tiene muy remoto.

Mejor andar en una esquinita con un librito*, chispa que atisba y arranca todo un motorcillo interior. Eso de que una imagen vale más que mil palabras es verdad relativa: depende de cuál imagen y cuáles palabritas. Un granito* de imaginación vale más que mil imágenes de esta caja chica, aunque tenga pantalla grande.