Víctor Valembois: “Latino”… ¿otra “palabra gastada”?

“Latinos”… orgullosa etiqueta colectiva, pero en mucho también, “palabra gastada”, en el sentido que apuntaba ese zorro: el viejo Figueres. Debemos atrevernos a salir de nuestra cáscara a para ocupar nuestro sitio en el concierto mundial.

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Filólogo empedernido, no más llegado al país (en 1974) … me dio curiosidad por leer un librito con el sugerente título de “Palabras gastadas”…. ¡cómo la suela de los zapatos! Raro, me dije: también el vocabulario -bocavulgario, más de una vez-, sufre de desgaste. Más me sorprendió comprobar que el escritor de ese librito era don José Figueres Ferrer, justamente el presidente en el poder cuando llegamos, mi esposa y yo, desde Chile.

Pero voy al grano: para mi como europeo es sorprende constatar cómo, del Río Bravo para abajo, cabe, existe una unidad “latino-americana” subyacente: una imagen colectiva de sus ciudadanos, hablen español o portugués… idiomas… latinos.

En contraposición no hay paralelo: El “Viejo Continente”, el europeo, a punta de pasaporte común y otros medios de image making recién ahora empieza a conformarse una idea de unidad, de bloque en un mundo que, ahora sí, se vuelve uno: porque el cambio climático y la nueva amenaza de guerra obligan.

Por este lado del Atlántico… primero nos dejamos robar la idea de “América”, que somos nosotros, no los gringos con su “America first”. Y lo “latino”: escapulario salvador, fetiche gregario, vive y florece, pese a ser idea impuesta, importada, impuesta, lo vimos: nos la hemos tragado. ¿Desde cuándo son “latinos” nuestros millones de gente, personas, aborígenes?

En el plano individual, dentro de nuestras familias, muchas, vale la lloradera del Latin lover, de Gardel, patológica confesión de nuestra ineptitud por salir de esa mamitis que nos asfixia, un gueto auto asignado: … gritamos con el mexicano aquel que “sigo siendo el rey”, pero esos… abandonan una mujer por otra; ella, que apechugue sola. Rencorosa deja el varón solo.

En el plano social, no hemos sido capaces de transformar las estructuras colectivas nuestras hacia más justicia social: América “”Latina ha conocido guerras de independencia, contra el opresor externo, los españoles, sí, cómo no, pero para poner otro opresor: interno. El latifundista acaparador, el explotador patentado que nos adormece con ideología “religiosa”.

Por aquí no hemos tenido Revolución “francesa”, que -lamentable pero real, a punta de sable y guillotina, trajo, si no un cambio estructural, una nueva clase social al poder: la ascendente burguesía y después, Marx… que vino a señalar que los obreros explotados… también son humanos.

Pero…¡sacrosanto remedio! Nos diluimos demasiado en palabrería bonita: che, que somos latinos. Mucha labia, pero inmovilismo, sí: también en una Costa Rica que a la larga de cuatro décadas he visto y vivido, dando un paso adelante y tantos para atrás. Que somos “diferente” (¿diferente de qué, de quién?). Vamos mal, cuesta abajo, con una venda en los ojos.

En México, el gringo tiene que ayudar a ubicar al mismo Caro Quintero al que aquí, años ha, ¿recuerden? una “autoridad superior” le abrió la puerta grande. Y seguimos: la mayoría de la droga incautada, producida y mercadeada por latinos (colombianos, hondureños y con más de un nacional dando una manita), son los gringos quienes nos tienen que avisar por donde, en nuestras aguas territoriales, pasan los speed boats con esa mercadería infernal.

Debemos arreglar las causas de nuestros problemas. Tanto pobre y, por desgracia hasta ignorante hondureño se lanza hacia el norte “a la buena de Dios”, para que mafias de intermediarios y transportistas se enriquezcan, lo vimos todavía hace poco, a costa de asfixiados en camiones.

Pobre, nuestra gente, en Guatemala, finca todavía casi medieval donde cuatro gatos -nada extranjeros sino nacionales de allá-, siguen dominando, aplastando a su gente; esta… procura escapar, a engrosar otros guetos, también de su propia gente, allá en el norte, atraídos por el espejismo opulento.

Leo sobre más de 20.000 compatriotas costarricenses en New Jersey, como quien dice la octava provincia del país. Pues desde luego que se defiendan, siendo uno de los mecanismos ideológicos el culto a la Negrita. ¡Bien! Pero por favor también intégrense en la sociedad que los acoge, mal que bien, bien que mal… Vaya… también allá… cerrazón del latino en su caparazón idiomático.

He visto y vivido aquello entre chilenos en Toronto: viva el espíritu familiar, pero llena de pereza por pasos concretos de integración. El modelo que he observado allá me parece interesante: en casa, por favor sigan con sus prácticas culturales, su idioma su molde de pensar, amar, vivir; pero en la calle, en la comunidad: recomiendan acoplarse lo más posible al idioma oficial, a los valores comunitarios, unidos por esa gran bandera con el maple rojo.

Ese “modelo Maple” va mirando hacia el futuro. Pero el latino piensa: ¡que se adapte tu madre! Muy machista e inmovilista sigue… incapaz frente al destete, nostálgico de la mamá, de su tierra, de su idioma. Por favor, aldeanos demasiado cerrados, temerosos de abrirnos, seamos ciudadanos del mundo.

“Latinos”… orgullosa etiqueta colectiva, pero en mucho también, “palabra gastada”, en el sentido que apuntaba ese zorro: el viejo Figueres. Debemos atrevernos a salir de nuestra cáscara a para ocupar nuestro sitio en el concierto mundial.

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