Víctor Valembois: Lo bueno, lo malo y lo feo, de los fines de año

¡Greta! Jóvenes de este siglo, perdonen este baby boomer y tantas generaciones posteriores que pensábamos que el planeta era inagotable… 

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Al fin de cada año, quisiera agarrarme bien firme de un compañero de viaje de nombre Kadafis, con aquello de “cuando emprendas tu viaje a Itaca pide que el camino sea largo”. Pero, al contrario, uno se da cuenta cada vez más que el tiempo se va más rápido. Echo entonces una mirada para al año 2019 tratando de retenerlo con el truco ese de recordar “lo bueno, lo malo y lo feo”; pero lo haré al revés y desde mi propia y pobre perspectiva.

Lo feo, pero para los demás, es que no logro engancharme ni al carro del dolce far niente, ni a ese del jojojo ya bien instalado por aquí por esas fechas. Ella me dice que soy el prototipo de Grinch, aquel personaje que un tal Seuss creó por allí de 1957 -yo ya tenía once añitos- en un libro tan feo, tan feo, pero por eso quizá también tan atractivo llamado “De cómo Grinch se robó la Navidad”: filólogo como he pretendido ser durante décadas, asocio aquello en inglés de “grin” (mueca, desdén) con algo francés tipo “grincher” (despotricar) y…. ya están los originales ingredientes para una sopa que -apuesto- más de uno de nosotros se sirve por estos días. Yo sé, querida, a ti se te antoja más un buen consomé de pollo, pero soy así, ¿qué querés?

Lo malo (a su vez lo bueno para uno) es que aquel que me zafó la tabla del optimismo hacia una perspectiva más crítica y por ende menos simpática, es ese inefable Sagot –nada francés, sino de Hatillo, ¡incrédulos!-. Me niego a catalogarlo en lo futbolístico, como sí valoro como formidable profesor de apreciación musical que le conocemos cuatro gatos privilegiados que queremos invitar a que nos acompañen. El 20 de diciembre, este caballero de profunda mirada polifacética y poliglota, en este mismo matutino nos sirvió en bandeja una semblanza sobre “un país de escapistas”. Recomiendo buscar el texto, no por masoquistas, sino porque de verdad tenemos que dejar de ver siempre globitos. Mi “hermano” Jacques está en lo cierto, pero en este país de avestruces ni por asomo queremos ver la realidad.

El mal endémico está mucho más enraizado, amigo Grinch: en Costa Rica, en todo caso en el sector educativo público, ¡nos hemos permitido adelantar el solsticio! Me explico: ese vocablo, etimológicamente refiere a que por esas fechas recién pasadas como quien dice “el sol se para” para emprender de nuevo su ruta. En el hemisferio nórdico donde nos movemos – pese a que nos creemos una isla en el mundo, el sol por dicha sigue su ruta y nos encamina hacia “invierno y después primavera”, términos que, la verdad, no calzan aquí: mejor hablar de “época seca versus época lluviosa”. Pero por conveniencia de los cafetaleros que necesitaban mano de obra barata, se organizó el calendario escolar como para que en esta época muchos -en familia fuéramos a coger café. ¡Pues ahora nos dio la colectiva flojera y… ese solsticio colectivo el estudiantado lo está viviendo ya desde fines de noviembre, para varios largos meses! ¿El café? Pa´eso están los nicas puè… y no he visto a ningún vecino con prole, petates y canastos a coger… ni la ralea!

Al contrario, agarrando una autonomía que más tiene de autarquía y de simple anarquía…. ya ahora se nos instauró la flojera escolar, colegial y universitaria y, con curbitas y sorbetes nos damos por contentos y satisfechos de ser cada vez más el hazmerreír en conocimientos de matemáticas, de inglés y de la simple capacidad de leer – escribir y comprender tres renglones. ¡Viva la Pepa!

Pero también este año que termina, Grinch ha aprendido algunas cosillas buenas. Más allá de signo ideológico morboso y asfixiante, qué alivio, amigos, confirmar hasta entre no-economistas que el país está recuperando cierta confianza en sí mismo. ¡Gracias ministra y ministro de hacienda por poner orden en casa! Salvo recalcitrantes egoístas en esferas universitarias y dizque de justicia, la gente ha ido entendiendo que la cobija no da para más y que esa evasión endémica conviene canalizarla hacia un estado de derecho más ético-para-todos. ¿O queremos ser los eternos argentinos de Centroamérica que pensamos ser “diferentes” y que la culpa la tiene el otro?

Yo no soy político, pero no me explico cómo, con un gobierno que las tenía de perder en todo y con una asamblea donde se pronosticaba lo peor… están poniendo el país nuevamente sobre rieles de cierto optimismo: aparte de lo fiscal, y algunas pocas luces, malgré tout, en educación, como también, por favor, no seamos mezquinos: super-gratitud al ministro Méndez Mata que está barriendo el establo de la ineficiencia hacia algo más viable e intercomunicado a nivel de país. Confío además que esté entrando más y más, más allá de lo turístico – propagandístico, lo ecológico al estilo de esa tan necesaria grinch: ¡Greta! Jóvenes de este siglo, perdonen este baby boomer y tantas generaciones posteriores que pensábamos que el planeta era inagotable…

 


Víctor Valembois.

Es Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Lovaina (KUL), Bélgica, y Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, Madrid. Es Catedrático, ahora retirado, por las dos grandes universidades estatales del país. Ha sido Agregado Cultural de la Embajada de Bélgica entre 1984-1997. Por muchos años colaborador de la “Página 15” de La Nación y del Semanario Universidad. A su haber consta más de un centenar de publicaciones en revistas académicas de Costa Rica, Colombia, Chile, Cuba, España, Rusia y Bélgica. valembois@ice.co.cr

 

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