Victor Valembois: Lociones, dijo ¿soluciones?

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Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

En muchos aspectos vivimos en una sociedad que le hace siempre más la apología a lo grande. Lo más voluminoso, lo más… Pero, lo más caro, ¿suelo ser garantía de mejorcito? Como si la pequeñez fuera un delito, algo mal visto. Felizmente, entre las excepciones están los perfumes. Son como esos mensajes por fuerza escuetos, hasta con un simple S.O.S. (Sálvese o Sígame) en una botellita, con su corchecito correspondiente y dale, al agua pato, en el gran charco.

Las lociones vienen en pociones* y son formas dispersas de comunicación. ¿Quién me pescará?  ¿Me contestará alguien? Bueno, está por verse si uno, en realidad quiere sumergirse en perfumes por vanidad personal (incluso un poquititi-tico más de seguridad) o realmente lo proyecta como gancho-garfio* subliminal.

Considérese la siguiente reglilla, para la próxima comprita y el uso, en osado usado o en tanteo te veo: envase pequeñito, suele equivaler a esencia fina. En el baño, entre tanto potecito y tiliches diversos… déle un campito a lo más mejorcito. No se fije en folletitos ni en esa copucha* (ella miente por sus dientes). Pruebe, experimente, no hay excusa en el escusado.

Verás qué pachuco anda Pachequín, con ese pachulín; en cambio, como ellas saben, una insinuadita a veces es más fuerte-cita que un escote escotado: ella dejó la cazuela para la caza: son tus perjumenes, mujer… que me sublimeyan…

En la tablilla esa,  por favorcito, guarde esos perfumes, por artificiales. Cualquier cristiano debe saber que la prójima, en vez de Cristián Pior, prefiere el aroma natural, un manojo de rosas, un solo jazmín. Como hay variedad, gustillo para el bolsillo*, a veces un tanto apretadillo, vea también cómo le va con el exquisito moquito* de gorila, unas gotillas de baba de cocodrilo. Pero, tunante, ¡no olvide el desodorante!

Hay también más de uno, estrecho de mente o de bille-ticos y, perdonen, seré bruto, que recurren a cualquier manteca de chanchito para impactar hasta con un leve desmayo a aquella gordilla. En resumen: no por mucho perfume ni cremilla, hasta con compresor… y menos con que el tequilloso aliento suyo le saldrá un te quiero.

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