Víctor Valembois.

¡Curioso!  Mi idea y mi práctica en relación con “biblioteca” van como viendo un galeote… ¡eso sí: estrictamente voluntario, es más: agradecido!  Mi relación, al principio simplemente el “ver” una biblioteca, muchas veces va asociada con el recuerdo de ver la de mi padre, destacado galeno en Bélgica, que en paz descanse.

¡Pero sigo en contacto vital, diario, con aquello que desde hace siglos llaman “biblioteca”!  La palabrita remonta a “biblios”, por libro, en griego antiguo; y lo de “teca” ni por asomo se relaciona con algún tipo de árbol o madera por aquí, sino que remite al a idea de conjunto, ahora con tantas variables: discoteca, filmoteca, fonoteca y un largo etc.

Fui asiduo usuario de la biblioteca, en la Universidad de Lovaina, Bélgica, portento de edificio reconstruido después de su destrucción durante la Primera Guerra Mundial. ¡Majestuoso, ese lugar! Llegaba uno siempre en bici, como se estila en países nórdicos y, como caballero educado, guardaba uno ese vehículo junto con las de otros, no docenas sino centenares de usuarios, allí en la planta baja, abierta hasta a brisas de nieve.

Por una escalera tan bella como impresionante venía luego el “suba a nacer conmigo, hermano” como proponía Neruda: ascender al conocimiento. De la sala central recuerdo la luz, las mesas grandes de preciosa madera de encina; convidados a un manjar espiritual:

¡Silencio sepulcral! La conversación-comunión era a otro nivel: era como entrar a un templo, en extraña simbiosis de conversación con espíritus, en silencio, para mayor profundidad. Nada de estudio – habladera en “equipo”, como aquí demasiado, en puro relajo, casi en cafetería, faltando el preciado líquido negro, con arábigo sabor…

Casi siempre se imponía una visita de cortesía a un salón a la par, lleno de pequeñas, pero largas gavetas: ¡sorpresa! A como comprobé en nuestra preciosa Biblioteca Nacional, allá en mi tierra natal, como aquí, en patria adquirida y adoptada: idéntico servicio público… y, ¡ojo… hay de todo, como en botica!… ¡pero mucho más barato y más saludable!

¡La Biblioteca! Para mí, ninguna de idea abstracta, sino refugio en montañas de saber, parafraseando a Isabel Allende “casa de espíritus”, lugar de com-unión en sentido profundo, de sendos componentes: ese “con” y la “unión” resultante.  ¡Es lugar mágico de encuentro, de discusión sin disputa, de enriquecimiento más allá de pesetas!  ¡Vamos!

Casi noviazgo ha sido y es, lo mío con ella, en citas nada escondidas. Recuerdo también una super biblioteca en un colegio de jesuitas, en Bogotá, donde se ofrecía servicio “24/7: oiga quien quiera oír: día y noche, todos los santos día de la semana. ¡Vaya reservoir!

Será así, confío, hasta que me lleve la Parca.  Es más: como ella y yo tenemos cierto grado de sordera, preferimos comunicarnos por tacto: entre pertenencias mías de cuando aprendí a leer, guardo por cierto un cartoncito que, a los principiantes nos servía para seguir el contacto, línea por línea.

Mi biblioteca, en Lovaina

En resumen, la idea “biblioteca” para mí no se reduce a cantidad de muebles, estantes donde se colocan libros que forman colecciones, donde ubicar el “fondo” tal o el “fondo” cual. ¡Para nada!  Representa rastreo en profundidad, junto con vida, convivio.

Así he seguido, acumulando en forma paralela, años de conversación (“conversa” le dicen los chilenos). La idea “biblio-teca” muchas veces figura visualmente por cantidad de pisos; pero en mi vivencia profunda representa además un espacio facilitador de diá-logo: ¡si! sobre todo a través del “logos” -la palabra- esa insinuada en el vocablo.

Yo me entretengo, me instruyo más acariciando palabras en el papel que viendo imágenes precocidas y servidas en bandeja apurada, en los “vivos colores” de tal o cual canal televisivo: tengo para mí que, en gran medida, la imagen si no mata, tuerce, fuerza la imaginación. ¡Perdonen ustedes, dilectos lectores en pantallitas de pigmeos!…

Ayer no más, para un encuentro con un colega, subí las majestuosas gradas de nuestra biblioteca nacional: ¡la vieja se convirtió en parqueo!  Como un taxista ignorante desconocía ese punto de referencia, le tuve que explicar: costado norte del bosque frondoso del parque nacional…  Amigos, si van a pie, no dejen de saludar, al lector-productor políglota, insigne maestro José Martí, aquel de “sed cultos para ser libres”.

Recordémoslo: los espíritus tienen alas: sigamos acariciando lomos de libros, párrafos que son -cada uno-cápsulas de pensamiento y ¡a volar se dice!       (valembois@ice.co.cr)