Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

Eso de “te miro y no te veo” está mal planteado; por favor al berre: cualquier cosita, un momentito, y por un ratito que sea, pero con atención. Por eso, amorcito, espérame un tirito*, a primera vista está bien, pero aprendamos a punta de picoteo, pellizco y mordisco.

Porque ¡ojo al Cristo y manitas a la chuza! Igual puede ser que su novio, por mirón no vio. ¡Pobrecitos los dos: él con daltonismo amatorio y ella que no miró bien desde el principio! Chatura* por venir.

Esos diccionarios son misterio y dogma: según ellos, un idilio es un amor pequeño, rústico, allí donde por lo general lo entendemos como a lo grande… Nada de pequeño amor, que sería una forma de violencia: esquirlas*, perdigones*, repela: ¡con estos, ni edificación en grande ni muerte de una vez. ¡Lo que ofrece son sobrantes!

El amor no es cosa solo del día de San Valentín ni exhibición de periquitos, sino se practica a menudo, en menudas dosis, eso sí, sin retaceos y sin restricciones (bueno, casi, casi). En comunicación verbal, corporal y un millón de detalles* que no se compran en ningún supermercado ni con ninguna tarje-tica de crédito. ¿Chisme*? La mora tica favorece el amor a la tica. Bueno en eso también, usted sabe… me dijo él que prefería el amor a la francesa. Filet Mignon, se llama.

Por si las moscas*: pequeña virginidad, no hay… Ah, y si sale torta, digo, tortilla, hágale frente… Si no quiere que sopa de muñeco, déle sopaipilla. Mi alma se alimenta por goteo: entre otros, besitos* (respiración boquita a boquita), pellizcos, piropos*, sonrisas* y… toneladas de caricias*.

El sexo se hace en grande. Silicona y em-briagado (algunos escriben: en-viagrado) ofrecen fuegos fatuos. El amor verdadero va en pociones, como los perfumes*, ademanes, palabritas, tonitos, ritos como los del principito*, todo en diminuto y a diario, “¡cariñoteando”, le puso Miguel Ángel (el otro). Obras chicas son amores grandes: por eso, déle una manita. Ah… y el amorcito, en tiempos del cólera, ¡el amor existe! No le tema: no produce ningún cancerito*.

Lo que dura- es la ternura, sí, esta tierna mirada, esta tenue caricia*, este apenas perceptible gesto: lo demás es “juventud, divino tesoro/ que os vais para nunca más volver” -lo dijo un enamorado grande- y si no es juventud, es show que ese sí, un día termina.

También en Tiquicia: Tenderness, tendresse, tederheid. Trate “tanates” de trucos, en toí-ticos los tonos: trato tierno tiende a ternura tenue… Me lo contó Maggy, deshojando la margarita.

 

Victor Valembois

Por Victor Valembois

Víctor Valembois es un académico con una licenciatura en Filología Románica por la Universidad de Lovaina (KUL) en Bélgica. Ha vivido en Costa Rica por más de 35 años. Ha estado vinculado con la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional.