Víctor Valembois: Migraciones sin migraña

Volviendo al caso concreto de don Julio, pese a dos exilios hacia acá, por la política interna en Venezuela, constituye otro ejemplo de empuje, de no quedarse de brazos cruzados, lleno de nostalgia-de-la-casa, heimwee para señalarlo en alemán: ¡migrantes del mundo, uníos! podría haber gritado, parafraseando la histórica frase de Karl Marx, otro migrante, por Bélgica e Inglaterra.

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Hoy pretendo dejar planteada mi postura cosmopolita respecto de un problema que se suele enfocar en pura polada: la migración vista unilateralmente como de gente mediocre, metiche en el paraíso de uno. Por exceso de nacionalismo, puro chovinismo de caldera, a priori se suele fruncir la frente, tener migraña, con el mero mencionar de migración.

Pues yo sé un tantico lo que es, llegado sin trabajo y sin papeles desde un país en llamas fascistas… Supe lo que es ser tratado “con cara de perro”, hostil. La colega Gabriela Rodríguez, migrante igual, durante años funcionaria de alto nivel, en Ginebra nada menos, entre otros a cargo de migraciones, entiendo que está preparando un libro al respecto. Retirada ahora, no busca recrear informes técnicos a nivel de Naciones Unidas, sino sensibilizar al lego, acerca del aspecto simplemente humano, cercano, del migrante en busca de nueva vida.

Los medios de comunicación, por su afán espectacular y morboso suelen visualizar aspectos negativos respecto del migrante. Pero con dos casos que conozco de cerca quiero mostrar el otro lado, provechoso para el país.

Sobre don Franz Ferdinand Vedova quisiera que alguien en el país por fin escriba una memoria completa: de un muchacho que en 1936 llegó a ayudar a su tío alemán aquí, por Turrialba y que, por tener esa nacionalidad estuvo aquí en una especie de campo de detención, ser deportado, regresar y ser un super-empresario ejemplar; falleció a los casi, casi 102 años.

El caso de Julio Segundo Grooscors me interesa aquí directamente: va por 94 años y resulta más cuerdo que yo. Lo conozco, muy activo, desde hace décadas: nacido en Venezuela, aquí terminó sus estudios, aquí conoció a su fantástica esposa de nombre cautivador (“Leticia”: alegría, en latín), aquí ha publicado ya varios libros, como El mundo es una Babilonia, del 2009, ampliamente autobiográfico.

En cierto sentido una continuación, acaba de presentar su nuevo libro, una investigación novelada: Grooscors: la histórica aventura de un apellido trasplantado (2022[1]). Allí, con base en harta investigación y hasta un viaje al norte de Alemania, logra documentar su origen familiar. Implica una serie de avatares por allí, remontando hasta el feudalismo de Carlomagno.

El narrador poco menos que nunca se atrasa en descripciones ni de las personas ni de su entorno. No “pierde tiempo” con descripciones físicas o sicológicas de los actores en su relato: tiene otro objetivo. Busca raíces de su gente y las ubica en contexto histórico: su relato prueba que las migraciones no son necesariamente un problema, a nivel individual del que llega a otra parte, sino que pueden convertirse en posibilidad enriquecedora …

Valió la pena ahondar algo más en lo que don Julio llama el “trasplante existencial” (95) de un antepasado suyo al Nuevo Mundo, concretamente hacia Venezuela. La migración alemana, en mucho se debe a la inestabilidad interna en ese país sobre todo en las iniciales décadas del siglo XIX: Humboldt, Valentini… (de nombre italiano, pero ¡alemán fundador de nuestro Limón! Ver: la investigación de Olga Echeverría, ed. UNED, 2019).

Volviendo al caso concreto de don Julio, pese a dos exilios hacia acá, por la política interna en Venezuela, constituye otro ejemplo de empuje, de no quedarse de brazos cruzados, lleno de nostalgia-de-la-casa, heimwee para señalarlo en alemán: ¡migrantes del mundo, uníos! podría haber gritado, parafraseando la histórica frase de Karl Marx, otro migrante, por Bélgica e Inglaterra.

Don Julio ha destacado en dos campos particulares, siendo el primero el de la política, no en sentido partidista inmediato que también repugnaría yo, ¡polada más fea, chico! Siendo inmigrante, se desempeñó sobre todo en la construcción educativa de la “polis”, la comunidad civil, donde sea que toque: ¡cosmopolitismo más grande, chico!


[1] Dichoso yo: el autor me regaló un ejemplar con dedicatoria. Ed. Amazon, tanto impreso como en edición digital.

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