Víctor Valembois.

He comentado brevemente la visión del tiempo, entre mis coterráneos; ahora va un esfuerzo paralelo, respecto del espacio, como prevalece en mi entorno. Para ello, me permito remontar atrás en el tiempo, más allá de la florida juventud e independencia de este terruño.

En 1564, antes de naufragar, Vázquez de Coronado dejó escrito “tracé una ciudad en aquel valle. Lo que sería “Cartago”, por supuesto iba a la usanza de entonces, con base en escaque, ese tablero cuadrado que todavía se usa para el ajedrez: a un lado la autoridad civil, al otro la eclesiástica. Paz y jerarquía visualizadas hasta para el iletrado. (y vaya: que no se les quite el sueño que acabamos de topar con dos palabritas muy árabes -escaque u ajedrez- árabes de procedencia, pero totalmente incorporadas en nuestro proceder y esencia.

Esa estructuración jerárquica heredada se observa en todo el subcontinente, solo que con nomenclatura diferente. En Chile, por ejemplo, conocí y disfruté la “Plaza de armas”, tanto en Valparaíso como en Valdivia. El mismo modelo mental se visualiza también por aquí, por ejemplo, en el centro de San José, solo que con significativas diferencias…

¡Abajo ese espíritu guerrero, armamentista que iba implicado en el nombre anterior! Ahora en San José hablamos orgullosamente del “Parque central”. Pero no lo olvidemos: allá mismo, en una esquina fusilamos a Francisco Morazán; y en Cartago, no era lo mismo vivir cerca de la catedral, ahora guardada en significativas ruinas, que vivir en una choza cualquiera, en gueto, allá por donde los pardos y otras clases inferiores.

Era josefino importado el belga Frans Loots, aquel a principios del siglo pasado, con las exhibiciones musicales y semi militares por el kiosko, al salir de misa principal. Esos núcleos urbanos, a los que cabe añadir Heredia y Alajuela, cuatro núcleos primitivos nuestros de identidad “nacional” reflejan una marcada caracterología de origen y de conducta todavía en la actualidad.

El trazado formal en ajedrez para ciertas calles céntricas no nos quita ahora el bonachón vivir desordenado que se subraya constantemente. Con ganas se subraya ser originario de determinado lugar: Daniel Gallegos, el literato y amigo, lo sigue visualizando a lo largo de diversas producciones: tanto su árbol genealógico como su producción artística van marcado también en una división territorial: los Troyo eran cartagos.

Dios guarde, ahora todavía, confunda históricamente un cartago de sangre, viejo y legítimo, con un advenedizo josefino: de hecho…. en esta se supone pacífica tierra, ¡vaya batalla campal -¡nuestro Valle de los Caídos!-, que se fue armando en Ochomogo, ningún Waterloo (que remonta a una ciudad belga), pero sí trifulca histórica de combate entre sendos núcleos que, entonces, perdone la franqueza, no pasaban de aldeanos, empunchados.

La gente sigue con cabecita muy cerca del ombligo. Nuestras direcciones son un reflejo. A veces va la consciente sorna: recuerdo a alguien que para no revelar que vivía en Desamparados señaló que vivía “de Los Yoses 3 km al sur…” Recordemos, sin embargo, que “Desamparados”, en tiempo entre otros de nuestro gran Joaquín García Monge, no implicaba una demarcación socio-económica: era sector rico, cafetalero. El topónimo en realidad esconde origen religioso: por la Virgen de los desamparados…

En la práctica empezó a montarse el desorden alrededor, en escuálidos barrios, en aldea (vocablos árabes, por cierto, siendo que ellos eran de mucho más rigor espacial… para cobrar bien los impuestos… ¡El que la debe la paga! Ahora… todos “humildes”… viven como escondiéndose respecto de ese rubro

Perdonen, en cualquier parte uno palpa demasiado todavía ese apropiarse desordenadamente del espacio. Triste, resulta comparar en la práctica diaria la manera de referirse a una dirección. Recuerdo la manera clara y concisa de alguien en una gasolinera en California: de cómo nos orientó con números de “highway” y orientación práctica, abstracta, cómo remontar de nuevo en nuestro lindo avanzar automovilístico de Los Ángeles hacia San Francisco.

En cambio, cuán pueblerino, muchas veces, nos confrontamos con “orientaciones”, en lo local: (y ya oigo la risa escapatoria): de donde tal palo, de donde meó el perro… etc. sin soltar en la mente el palito de la cerca. De risa jovial… pero triste marcador de ineficacia… con propósito evasivo de responsabilidad social.

Entre nosotros, los viejos todavía manejan algo de orientación coherente, con base en la iglesia, que se solía construir con el altar hacia el Oriente, hacia Cristo.  En cambio: abstracción cero, cada vez más palpable entre los jóvenes; claro, ya no recurren a su interna construcción y coherencia mental, sino al celular, casi un injerto.

¡Nada en contra de ese maravilloso instrumento!… Pero para el tema que nos ocupa: revela, refleja… pérdida de estribos en nuestra propia cabecita. Por favor…. “medio” orientémonos a la altura del siglo XXI. Con mente cosmopolita.      (valembois@ice.co.cr)