Víctor Valembois: Nuestro país, confrontado con Catar… (1)

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

¡A lo que hemos llegado!  Al caballero Valembois, flamenco de Flandes, ignorante total de fútbol y afines, en esta su consuetudinaria columna semanal -pro Deo- en La Revista, acostumbrado a impulsar vientos cosmopolitas en esta esquinita centroamericana.

Lo hace aprovechando los vientos arenosos que nos llegan de Dubai, con motivo del consabido campeonato de fútbol: por varias semanas todavía nos tendrán hasta el mareo con imágenes y comentarios originados a miles de kilómetros de nuestro natural ombligo.

Pero no: silencio sepulcral… después de morder la arena: nos pasa por narcisos, viéndonos siempre en el espejo deformante. Aprovechando, quiero comparar nuestra esquinita en el planeta con esa otra, donde de repente, como de la nada, surgió un emporio de construcción y de fútbol.

Comparemos, más allá de nuestro ombligo:

Surge de inmediato una (falta de) inquietud: ¿y a nosotros que nos importa? Descubro una patológica vivencia en torno a nuestro ombligo: nuestra propia educación, tan cacareada como excelente, nos acostumbra a ignorar lo que pasa fuera de nuestro ombligo. Solo nos hablan y repiten que poco menos que todos somos descendientes de los indígenas: la educación, a como puede liberar, también con frecuencia amarra y perpetúa percepciones erróneas.

Para remediar aquello parcialmente, paso a apuntar incidencia árabe en nuestro entorno:

Nombres árabes entre nosotros: la cosecha es grande, pero por moda. Aixa suena a realeza árabe, mientras Alcira es topónimo cerca de Valencia, en España: con tremenda industria azucarera; pero también llegó a ser apellido y nombre entre nosotros, sería natural de Algeciras (España). Aleisha (a veces: Aleyzha), va por noble, nombre de niña. Así también Aisha (o Aïcha Aysha o Aixa), por “viva”, “llena de vitalidad”. Alí, Azucena… todos claramente vinculado con la lengua árabe. Celin. También Dyala o Diala (y tantas otras escrituras fantasiosas) por “flor”. Elvira. Leyla va por «bella como la noche»; Karim por generoso, noble, honorable. Miriam va con cantidad de variantes. Naima, Nasir o Nassira significan: ayudante; Nayad, Nayib, por «ángel». Jazmín (Yazmín). Omar.  Por allí van también Habbib y Yarubit. Soraya, es otro caso; igual Zaira (Zeyra, Zulaya).

Anotemos que apellidos árabes tan comunes entre nosotros, como Aguilar, Alcázar, Almagro, Azofeifa, Benavides (aben– y beni van por ibn, hijo de …) Benavides, Benigómez, Buendía, Cortés, Fraga, García (de: Gharcia, Gharsiya, etc), Herrera, Jaén, Jara (por un tipo de arbusto), Lope, Mendoza, Mondragón, Molina, Morales, Palma, Quesada, Robles, Salas, Torres, Triana, Umaña, Valenciano, Venegas y Zamora, entre otros, resultan de raíz árabe y reflejan una profunda simbiosis que por purismo esterilizante y absurdo nos empeñamos a ignorar.

Continuaré al respecto, en otra crónica.
(valembois@ice.co.cr)

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