Víctor Valembois. 

Cuenta El Principito: “El quinto planeta era muy curioso. Era el más pequeño de todos. Apenas cabían un farol y su encargado.”  Ni cortito ni pesadito: la mediocridad y el conformismo son lacras de gente pequeña, pequeña….

Lleva toda la razón, desde luego, el diccionario: el pusilánime tiene chica hasta el alma. Esta palabrita y la de ánima, en el fondo-fondo son lo mismo. Es curiosa la perspectiva global que prevalece, contra esa mezquina actitud, en concordancia (es decir en unidad de corazoncitos*) de una lengua a otra, por lo menos en la partecilla occidental del planeta.

El francés, por ejemplo, refiere al petit esprit, lo mismo en neerlandés con una expresión compuesta: kleingeestigheid, literalmente, igual en castellano: “pequeñez de espíritu”. Y los ingleses, tomando tesito* refieren a narrow-mindedness o small-mindedness. Bueno, con la ayuda de una copita* de whisky a esos anglosajones no les falta autocrítica. Utilizan petty respecto de atención a detallitos*, a cariñito*. Y hasta, en pequeño, copian del francés… al petty bourgeois (aquel “señorito satisfecho”* al que refirió Ortega y Gasset).  

Aquello de actitud individual, puede que constituya una verdadera llaga y plaga nacional: es no atreverse a volar, ni siquiera intentar el vuelo, por miedo al cambio y a la caída. Es preferir el statu quo o peor, el retroceso y los chismosillos*… ¿No será este rinconcito tropical, en realidad, el reino de este tipo de pequeñismo?  Por eso la gentecilla necesita inflar el ego y cuando compara con afuera, es con gente más abajito.

 

¡Ojo! No confundir lo pusilánime con la actitud humildita, como ropa de hospital. La tolerancia (que aquí confunde con esa actitud de poca cosa, pasiva, frente al pacifismo, que es guerrilla* combativa) tampoco se relaciona con la mísera, bajita, pusilanimidad. Y desde luego, sacar pecho por el progreso y la verdad,… no es lo mismo que tener mucha pechonalidad*. El alma no está en el pecho, señorita…

 

Adelante pues el esfuercillo, ser magnánimo. Esta virtud no se deja cortar en tajaditas: es o no es. Ay charita, Chalito: doctor Vargas querido. Usted, menudo de porte,… no practicaba el deporte de los pusilánimes. Era gigante, entre otros en la homeopatía (esas pastillitas*…). Veía en el ojito, hasta el alma. Le gustaba recordar la frase de Napoleón, otro pequeño, de que “los hombres se miden de los hombros para arriba”…. ¡Ponerle ganillas al trabajo de altura! (poca falta hace ser alpinista, por si acaso).

Victor Valembois

Por Victor Valembois

Víctor Valembois tiene una licenciatura en Filología Románica por la Universidad de Lovaina (KUL) en Bélgica, así como un doctorado por la Universidad de Madrid. Vive en Costa Rica desde hace más de 50 años. Ahora retirado, ha sido catedrático tanto de la Universidad de Costa Rica (UCR) como de la Universidad Nacional (UNA).