Víctor Valembois: Pascua – ¿de pacer en el pasto?

Víctor Valembois.

¿Cómo es eso? Hace apenas un puñado de días, a gran pompa de regalos y besos… nadie, nadie, -menos el comercio- podía quedar insensible por “otra navidad”. De hecho, es el título de un libro mío con una curiosa cura de adelgazamiento: en la primera edición, del 2005, por la Editorial Costa Rica, constaba de nada menos 259 páginas, con una memorable portada del caricaturista Hugo Díaz (q.e.p.d.). Contenía además un prólogo del siempre vivo y activo colega Arnoldo Mora.

Algo más de una década después, agotada esa edición -y yo siempre con algún afán de búsqueda espiritual- logré que la finada editorial Promesa, bajo el mando de la luchadora espiritual Helena Ospina, me publicara una segunda edición -con un árbol de navidad caído, de portada, juntando escasas138 páginas: ¿purga o pobreza?

Fue que a jóvenes de mi entorno les pedí que -con miras a una re-edición- hicieran una selección de articulejos que les resultaran relevantes y, aplauso: no me cortaron el rabo…, pero pareciera que eso de navidad, ya más les interesaba como feria de regalos, feriado además; una modesta segunda edición, con no más de 200 ejemplares parecía suficiente.

Está bien. Aun de viejo, uno no puede estar mirando siempre por el retrovisor. En mi caso, al contrario, observo con ansias que el tiempo, necio, siempre se me quiere adelantar, como diciéndome: profesor pensionado: disfrute su cuerdita vital asignada…  observe además… le queda menos. Ningún problema: con un gran Gaudeamus igitur, sigo cantando -en los coros a los que pertenecía in illo tempore… de “alto” pasé a “bajo”… ¡pero canto!

Por Diosito, ¡nada de parar el tren! Eso sí: por lo menos, déjenme a mí seguir mirando por la ventana despacito (¡y con alguna escriturita, ponderada con buena letra)! Es tan lindo vivir, aun al pie del patíbulo. No entiendo cómo se aburre tanta gente a mi alrededor.

¡Ya sé! Por poco pacer plácidamente otro poquito, en pantallita que sea, leyendo, pierden ese imprescindible empuje hacia lo trascendente, como nos debe seguir animando, “cultivando su huerta”: frase iconoclasta que -¡vaya voltereta volteriana tenía que ser! Todavía remite a… pastar, aunque sea cada uno en su huertecilla cerebral… Gran cosa, si podemos seguir utilizando de vez en cuando ese compartimiento superior que -como florero- adorna nuestro cuerpo.

Vaya, vaya: el diccionario, maravilla, ahora para vos hasta con voz, nos sigue hablando: “pascua… del latín vulgar pascua, este del lat. pascha, este del griego πάσχα páscha, y este del hebreo pesaḥ; forma vulgar: pascua….” Todo, señores por ‘lugar de pastos’…  aludiendo a la terminación del ayuno. Golosos: ¡a comer!

Y sigue predicando el mataburros: “fiesta, la más solemne de los hebreos” [yo: ¿desde cuándo soy “hebreo”?]… “La celebran a la mitad de la luna de marzo…” ¡Vaya, ya nos está pillando tarde!… Y termina el sabio sabueso para desmemoriados: “en memoria de la libertad del cautiverio de Egipto.”

Bueno, bueno: ¡al carajo tanta historia de judíos, carajo: ahora con tanto sionista desmemoriado ¡y… asesino! A pastar en pastoreo inteligente, todos los hombres (y loas mujeres…) de buena voluntad. ¡Felices Pascuas, pues, de parte de este filólogo empedernido…  (valembois@ice.co.cr)

 

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