Víctor Valembois: Pasos europeístas y universalistas del tal “Valle en el Bosque”

0

Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Paciente lector…, sigo dando la lata con elementos biográficos míos, intrascendentes, no lo ignoro, pero que desembocaron en una forja universalista. ¡Y eso que, como comenté, nací en una comunidad relativamente pequeña y local, en Bélgica!

Lo cual no quita que desde primaria uno, obligatoriamente aprende otro idioma…. mientras aquí… llegan a la universidad y todavía siguen balbuceando en una sola lengua. Lo he señalado ya: después, en la secundaria, en mi caso, vino una saludable inmersión en el mundo clásico, greco-romano:

Nos damos de universalistas con topónimos del mundo clásico (Atenas, Grecia, Filadelfia, Cartago, etc. pero en mi caso, la inmersión fue mucho más fuerte y eficiente: tengo seis años de latín y cinco de griego en la cabeza… y en secundaria, por favor. Sí teníamos que memorizar muchas cosas y… pasábamos un montón más de horas por semana anclados a los bancos de estudio…

Por suerte, después de la secundaria pude estudiar en la universidad grande: ¡Lovaina! ¡Cómo no asociar ese substantivo de “universidad” con lo uni-versal! Es lo dirigido hacia una mirada global, no la del supermercado, sino el de las ideas humanistas kat-holein-gein: sobre toda la tierra, raíz de nuestro vocablo “católico”.

Durante esos años en la universidad de Lovaina, centro realmente uni-versal de pensamiento, “católica” pero con buena formación hegeliana al derecho y, al revés ese mundo, la versión de Carlos Marx, con su frase de “se trata de cambiar el mundo” figuraba en alemán como lema sobre mi escritorio: estimulante, para nada en sentido totalitario, que aborrezco (cosa de ver los resultados), sino con salsa cristiana:

Mi universidad, creada en 1425 (no ayer en la tarde, como nuestra UCR) a mucha honra, sin adoctrinar sigue llevando un sello y un espíritu verdaderamente universalistas: lo comprobé todavía en agosto pasado (2022) paseando, palpando el espíritu de “Alma Mater” (“madre nutriz”, en lo metafórico y en lo real, almorzando allí en tierra flamenca, quiere decir de Flandes (nada de pajarito rosado ni bailongo gitano), con una tica de Tiquicia, casada con un polaco.

En mi ciudad universitaria, yo era amigo, compañero de estudio de un noble ciudadano de Ruanda, era miembro del círculo europeo y de la parroquia universitaria: de allí, de ese conjunto de valores y circunstancias, me viene el espíritu humanista que tengo en la piel.

Debo gracias a dos personas que me empujaron: el primero, un amigo con el que me aventuré hacia un curso de verano en Salamanca, en España: ¡qué superficiales esas hermosas muchachas gringas que estaban también por allí; en cambio mi amigo y yo…

¡Pero orgullo nos infló el pecho con pasar por donde Miguel de Unamuno, rector de esa medieval universidad, justo antes de la guerra civil en España! Contra los fascistas que lo querían botar: ustedes podrán vencer, pero no podrán convencer: ¿será por allí que me vino o se me reforzó un certero sello anti-militarista y volvería a encontrar en Costa Rica?

Yo de estudiante en Madrid. (¡y fumando!)

El segundo quien me encaminó a abrir la mente fue mi profesor Aerts quien llamó la atención sobre una beca bilateral España – Bélgica que al parecer no había encontrado candidato todavía: la difícil vivencia -dos años- entre un centenar de estudiantes de allí, junto con lo que costó aprender a masticar decentemente el español y formarme políticamente contra el fascismo de Franco, pues resultó la antesala a mi currículo latinoamericanista…

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...