Víctor Valembois: Patriotismo sí; patiotismo, no

Pero, a todo eso, pese a bajuras y pachucadas comentadas al principio: vuelo de altura de un compatriota americanista, cosmopolita, que sigue dándonos a conocer la patria de verdad, sobre todo a través de imágenes grandes: ¡joyas didácticas, esos tres volúmenes!

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

En este “mes de la patria”, quiero visualizar un contraste en el actuar. Una iniciativa, la veo municipal, con resultado ambiguo, muestra de lo que aquí he definido como aldeano, para no decir pachuco; otra, de corte personal, la percibo como eminentemente cosmopolita.  Vamos por partes.

Aquel escudo gigantesco, en el Parque Kennedy, en San Pedro de Montes de Oca, enorme va, como símbolo nacional. El diseño es “viejo”, pero más en el mes de la patria, bueno resulta el recordatorio visual: empezando por el nombre, “Costa Rica”, mucho más que la meseta central: por ambos lados rodeados de mar; justicia que ahora se reconoce como “mar territorial”.

Van tres volcanes, representativos, de otros varios, conocidos, visitados individualmente, pero no podemos perder de vista que ellos forman eslabones visibles de una cadena montañosa, esa inmensa columna vertebral americana. Sí, somos latinos, pero también americanos.

Pero debajo de ese lindo e histórico símbolo patrio…. Ya lo charrealaron todo con ese “pura vida”. También el Banco Nacional, a página entera, va metiendo ese mensaje hueco. ¿Por qué soy tajante?  Porque quiero que rememos con la verdad, con el esfuerzo, con la sinceridad.

Leo en mi matutino sobre nada menos que 16 símbolos nacionales (LN., 14.09.22), de por sí una exageración, dentro de un énfasis que demasiado conocemos: poner signos y etiquetas exteriores, creyendo con ello asentar y fomentar una vivencia interna. La facha y la fachada, pues.

Ese “pura vida” no es sino plagio llegado de una película mexicana de hace años. Es copia, falta de identidad, que refiere a lo propio. Podemos comentar y apreciar el lema revolucionario francés de “libertad, igualdad, fraternidad”, pero haríamos el ridículo por ignorantes otra vez de la historia al afirmar que es “nuestro”.

Subrayo que el orden de los factores, en este caso sí condiciona: ¡mucho más fuerte y auténtico anhelo el uso de los mismos vocablos, pero al revés: vida pura… ¡Pero ese es otro par de mangas!  Por su abuso, la expresión se vuelve cada vez más hueca, como esa otra muletilla del “seguir pa´lante” entre una juventud que no sabe ya de puntos cardinales, sigue … hacia el despeñadero.

Mi amigo Julio Cortázar a esas necias expresiones vacías las identificaba, adrede, burlón con refería a «patiotismo«…..

¿Adónde vamos?  Pero felizmente otras acciones, propias, ingeniosas, creativas, son más importantes: como esos niños de la escuela fronteriza La Guaria, que a punta de ingenio y trabajo fabricaron -literalmente- una banda. Nada de estar mendigando en la llanura.

Aparte, ¿otra muestra positiva de patriotismo como se debe? ¡Pues sí! Fraser Pirie, pese al nombre y apellido “ajenos”, “externos”, “no de nosotros”, ¡por sus actos los conoceréis!  Resulta de largo alcance, más que centenario, con destacada labor de él y de su distinguida familia. De alto y grueso calibre, auténtico, patriótico, me honra subrayar tres aportes:

Suertudo yo: tengo los tres volúmenes, tan grandes como gruesos que el amigo ha publicado:

Cartago Station, Estaciones en la vida de la Costa Rica de antaño, del 2017, ojeado y hojeado con fruición en cuanto me llegó entre manos. ¿Nostalgia? Pues sí… pero al mismo tiempo: rescate invaluable de lo propio de su familia, como de cantidad de eventos, muchos gracias, entre otros, al lente de Gómez Miralles.

Costarricenses, igual, tan grueso como hermoso, del 2021, significativamente con “dedicatoria especial” a los jóvenes: vaya que resulta necesario rescatar raíces, cuidar las matitas nuevas y seguir luchando por una patria, con patriotismo, ese sí de veras, porque este terruño, no lo constato solo yo: está cambiando mucho y… no necesariamente por el buen lado. El ejemplar mío, lo tengo lleno de subrayados y hojillas aparte, con apuntes: ¡constituye toda una invitación!

Tiempos para la paz, de igual factura voluminosa y abundante fotografía, es de este mismo 2022. ¡Hazaña, la que emprendió don Fraser! Lo sostengo así, porque maneja una tesis impostergable: el de demostrar, por un lado cuán solidaria fue Costa Rica para que la flor de la revolución por fin triunfara donde el vecino norte, sacrificado, vilipendiado; pero al mismo tiempo, grito del autor por “un nuevo período de desesperanza y sufrimiento” (p. 13), todo con tremenda repercusión al sur del Río San Juan: Costa Rica.

Pero, a todo eso, pese a bajuras y pachucadas comentadas al principio: vuelo de altura de un compatriota americanista, cosmopolita, que sigue dándonos a conocer la patria de verdad, sobre todo a través de imágenes grandes: ¡joyas didácticas, esos tres volúmenes!   GRACIAS.

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