Víctor Valembois. 

El “complejo del pequeño” vuelve a cada esquinita histórica. Ejemplos sobran, en figuras políticas, militares, en toda dimensión humana, donde la pequeñez física actuó como catalizador en otra dimensión. Pepín el breve: se llamaba así, no por ironía respecto de su 1,9 m. de alto, sino por lo breve de su reinado; a Gandhi, figura enjuta, con voz tenue, le pusieron “Mahatma” por ser “alma grande”. Que Alejandro fuera chato no fue obstáculo para merecer el título de “Magno”. Igual su profesor: Aristóteles. Así con Erasmo, muy débil además; también con Vesalio, su compatriota en aquellos “Países Bajos” de entonces. Para estar de acuerdo con él o no, nadie discute que el pequeño Marx dejó una gran huella. Así, con Stalín y Franco, grandes en el mal… con Bolívar y Martí, grandes en el bien. Pienso en Maurice Ravel, en Milton Friedman; en el plano centroamericano, Alberto Masferrer, especie de Rodó salvadoreño, epónimo varón de estela grande.

La naturaleza no fue muy generosa con Napoleón; para mayor desgracia, no era parisino sino corso y no precisamente un orador. Pero resultó estratega de los mayores y para que nadie se tuviera que agachar a ponerle la corona imperial, se la puso él mismo. Pese a su derrota en Waterloo (dicen que por pequeños problemas de hemorroides*), todo el mundo se acuerda de él y casi nadie del vencedor. Los ingleses lo enclaustraron en la minúscula isla de Santa Helena y metiéndole de a poco cianuro* liquidaron a ese gigante de la historia.

El descubridor de Troya es otro: Heinrich Schliemann, empequeñecido por un padre desgraciado. Sin títulos rimbombantes, nada agraciado por natura, sublimó ese tremendo handicap con tesón*, con valentía diaria: aparte de manejar con fluidez tantos idiomas como dedos de la mano, a pura constancia logró lo que no pudieron los grandes. Augusto Sandino, el “General de hombres libres”, tampoco se destacaba ni por altura ni por corpulencia, pero durante una década tuvo a Somoza en jaque con su foquismo de guerrilla*. Pero cuanto más nos alojamos del 19 de julio 1979, más diminutos se vuelven sus supuestos herederos.

Acharita pequeños, en lo único que por fuerza no destacarán es en el basket. Allí es el reino de los grandes, empezando en lo físico. La NBA, allí sí que no tiene reparo en contratar a negritos de casi dos metros…

 

Victor Valembois

Por Victor Valembois

Víctor Valembois tiene una licenciatura en Filología Románica por la Universidad de Lovaina (KUL) en Bélgica, así como un doctorado por la Universidad de Madrid. Vive en Costa Rica desde hace más de 50 años. Ahora retirado, ha sido catedrático tanto de la Universidad de Costa Rica (UCR) como de la Universidad Nacional (UNA).