Victor Valembois: Por una huelga de bolsillos caídos

Propongo una huelga de bolsillos caídos en protesta por este mundillo absurdo, de valores de bolsa, que nos tiran a la cara*: está escrito en Facebook…

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Víctor Valembois. [email protected]

Ahora, en cualquier tiendilla, está de moda poner rimbombantes letreros, entre otros sobre visión y misión. Lo habré visto en esa óptica visionaria, igual que en aquel vivero las plantas. No crea, lo mismo hasta en el más de medio centenar de universidades de garaje que pululan en este paicesito*. Oiga, no se burle, son instituciones de educación superior, porque una entrega cartoncitos menos modestos que la otra y, en toda lógica peri-universitaria, también ofrece parqueo para más carritos (pero cero libritos*). Puro paquete. A ver después, qué pasa con la bolsa de empleo.

Estamos en postmoderna: tanta super-cosilla, para mini-pensadores. ¿De veras no hay otra cosa que hacer para media humanidad que recorrer tiendillas, shoppings y otros centros para mall-eantes, en busca de ofertas, baratijas y carajadillas en promoción?  Después nos quejamos de Cristóbal il maledetto, que inventó el trueque por espejillos… Bolsas y más bolsas; buchacas y chicas plásticas. Nada estructural ha cambiado ni cambiará: ¿cuándo alimentaremos nuestras cabecitas con otra cosa que basurillas* comerciales?

En aquella cinta* memorable, entre ruedas y ruedillas, Chaplin se burlaba de los tiempos modernos. Era también la época de mi padre. Él nunca tuvo acciones en bolsa: mi madre, sencilla flamenca (como en la cancioncilla esa de Brel), era la encargada, en la noche, de vaciarle la billetera* y ver cómo alcanzaría todo, hasta estudios universitarios, pero en serio, para ocho chiquillos. Cuando él murió, con apenas seis décadas, después de tanto y tanto esfuercillo, mamá me pidió que usara su saco: ¡no hay reserva, a ver cómo alcanzar!

Sus bolsillos estaban caídos. Como no. Es que, de la vieja guardia, tenía un pedazo de mecate, unos clavillos, un pedazo de borrador, un elástico, un remanente de lapicillo de esos de carpintero, una cajita de fósforos, cuatro perras y tantas cosillas más. Sí, este cumiche* es producto del baby boom, pero el lema de su menudo-gran-papá fue ese: guárdelo, eso no come pan.

Por lo demás, todavía no andaba celular, pero sus constantes mini-observaciones axio-lógicas le llegaban a uno hasta la médula y la última célula. Propongo una huelga de bolsillos caídos en protesta por este mundillo absurdo, de valores de bolsa, que nos tiran a la cara*: está escrito en Facebook…

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