Victor Valembois: Pulgarcito, pero ahora en versión digital

Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

Ojo, encargados de la próxima edición del diccionario, eso de manejar al dedillo, no es solo “para indicar que algo se ha aprendido o se sabe con detalle y perfecta seguridad”, como ustedes ponen. ¡Dinosauritos que son! Leccioncita postmoderna es que ahora puede ser que el sujeto o la sujetada… no tengan nada, cero en la testa (un poco dura, desde tiempos del los mismos romanos), pero ¡por Diosito tiene destreza con el pulgarcito!

Y a propósito, también incluyo a las romanas, de mucho peso, como no, porque ese dedito les servía para votar, dedito arriba, para la vida y abajito, para la muerte. Ahora, de manera más prosaica y frenética se utiliza para marcar el número de celular. Pero sigue la huella, digital, claro, del gran imperio: ella y él, con justa razón corrigieron la expresión latina, que ahora se dice: digitas et imperas. Fregados, nosotros los semi-analfa-bestias que ni sabemos de mensajitos y para los cuales pulgarcito es un cuentito* de antes.

¡Qué va! ya me estoy succionando el pulgar, a ver si acaso me vuelvo presti-digitador o digitalizador o algo así. Eso de códigos digitales binarios y otras cosillas de antes es para roquitos* y analógicos del siglo pasado. Frío, frío, para otros bastan-tico trogloditas que piensan en digitaline venenito no solo para venados.  Refiero a la pulgarditis masiva que nos está invadiendo, con esos SMS (sí me suena), que no es que dañe los pulgares pero quiensabe si no reduce en una pulgada el pensar*.

Pero yo, profesorcillo romántico me quedo con los deditos poéticos. No por nada E.E. Cummings afirma que nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas. Y mire qué lindo, por el cantautor belga Julos Beaucarne: me enamoré cuando de repente hubo un roce de mi dedito con la puntita de la uñita rosada del meñique de tu manita.

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