Víctor Valembois: ¿Quo vadis, universitarios?

Soy víctima del fascismo en España y en Chile y no puedo sino gritar contra esa mediocre defensa de la “autonomía”, una conquista medieval, universitaria, sí, pero respecto de las ideas, lo académico, no un refugio rastrero para incendiarios cobardes que son. La autonomía no constituye ningún fuero para vándalos

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Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Al contratarme en 1974, don Isaac Felipe Azofeifa me enseñó dos palabras, en español: una, árabe de origen: alcahueta; la otra, muy local: ¡palanganas! Agradezco esos nuevos perdigones en mi cartuchera, porque todo vocablo refleja una visión de mundo. ¡Qué actual ese léxico en el contexto universitario del momento!

A confesión de partes, relevo de pruebas: los rectores de las dos grandes universidades reconocieron haber enredado a los estudiantes en una perspectiva de miedo, temerosos esos de verse afectados en cuanto a becas. Un solo rector, el de la UTN, sirvió agua clara, pura, transparente: “o las universidades acaban con los privilegios o los privilegios acaban con la autonomía”. Más claro no canta un gallo.

Cuando este profesor que escribe se pensionó hace algo más de una década, lo hizo en parte por creciente sordera, pero también, perdonen la franqueza, por una especie de protesta interna contra la alcahuetería de las notas, de la puntualidad (laxos para llegar, puntuales para salir), por el omnipresente refugio en asambleítas (de escuela), reunionitis (de cátedra) y comisionitis (en ambas instancias). Estos últimos, instrumentos legítimos de consulta y delegación de poder, tantas veces los vi en tinglado socialmente consensuado de pérdida de tiempo (legal quizá, legítimo, lo dudo). Hablar no cuesta: prevalecen enormes parapetos orales (porque lo escrito amarra más, peroaquí igual, a cada rato, hasta la Constitución se reforma y se amolda). He visto amoldar concursos; he visto arreglar exigencias académicas para beneficiar carga de profesores. Aquí aprendí la palabra “curva” por evaluación acomodaticia. He sabido de exámenes de graduación que postergados inmoralmente.

Pasaron las décadas y “la vida sigue igual”: qué digo… vamos rodando para abajo. Viva la autonomía universitaria… pero en lo académico; por el resto, una única cobija fiscal nos cubre a todos…. Y a ver cómo nos alcanza, en todo el país.

Y he aquí que mientras tanto, en las dos grandes universidades por días y días hubo toma de edificios, grafiti en propiedad que no pertenece a los estudiantes, marchas entorpeciendo en San Pedro de Montes de Oca, bloqueo en esa vía central en Heredia y… ¡viva la Pepa! ¿Consecuencia?  Relajo generalizado; pérdida de tiempo de todos (¿cómo va a haber concepto de previsión, querida exalumna Abril Gordienko (LN 27.11.19)? La manipulación de los rectores, a las claras quedó visualizada como “alevosía universitaria” (ibídem, mejor por internet: con allí la prueba visual de la manipulación al estudiantado).

A los estudiantes cobardes y cansados de poner máscaras, pues… no los hemos visto ni limpiando ni pintando pese a sus promesas…. Pobrecitos, en esa-cultura-del-pobrecitico (dixit el colega Pierre Thomas) no les reservan ninguna represalia. Recuerden, eso sí, que a como tienen derechos, también les corresponden deberes…. Y ni la luna ni la vida real son de queso.

Con todo lo artificioso, montado y falso, con esa inveterada mentalidad del hago que hago… Navidad ya asomó con luces, las comerciales, no las espirituales ni las del girasol en el escudo de la UCR). Siguen las tomas porque sí, los bloqueos por lo mismo. Estos últimos días de noviembre resultan trágicos para el nivel del país. En la UNA, otra vez la imposibilidad de transitar, que es un derecho republicano, pero que los estudiantes atropellan una y otra vez: claro que tienen derechos, pero sobre todo la obligación de estudiar y estudiar, de pulir su pensamiento con el roce de textos llenos de ciencia e ideología (esta última, en el sentido más constructivo de la palabra: ideas para un devenir mejor en la colectividad). Y seamos indignados, como lo proclamó Stéphane Hessel, de grata memoria con su manifiesto: seamos rebelde en ideas, jamás en violencia (menos en un país que se ufanaba de su “pacifismo”).

En la UCR, lo mismo: esos estudiantes, encapuchados, para nada son dignos descendientes de Juan Santamaría, que se inmoló (dicen, ma non e vero) por su país. Esos cobardes incendiarios tiran gasolina a la calle principal. ¡Insolencias de chiquilla, gran mentirosa, esa deprimente delegada estudiantil: ¿por qué tirarían agua?). Soy víctima del fascismo en España y en Chile y no puedo sino gritar contra esa mediocre defensa de la “autonomía”, una conquista medieval, universitaria, sí, pero respecto de las ideas, lo académico, no un refugio rastrero para incendiarios cobardes que son. La autonomía no constituye ningún fuero para vándalos. Los edificios universitarios nos pertenecen a todos: quiten esos groseros graffiti en ciencias sociales; en artes plásticas: por favor crean arte con altura, acomplejados acomodados, para no decir degenerados sexuales: al presidente del país se le respeta y se le combate, si es del caso, pero con ideas que les cuesta a ustedes armar.

Pero diay, continuarán entregando cartones sin suficiente respaldo de esfuerzo ni evaluación como se merecen los estudiantes… como le urge al país (y mejor no abro el pandemonio de las ventas de garaje, digo de tantas universidades privadas). Seguirá la fiesta, digo, la farsa. ¿Vale más la foto de graduación -un clic- que el conocimiento pacientemente depositado, digerido, demostrado y juiciosamente evaluado? El mundo al revés (sí, querida Raquel Walch), pero aquí no es solo en ese gracioso juego de niños. ¿Más alcahuetería y palanganeo?  No gracias. ¿Quo vadis, mundo universitario local?

 


Víctor Valembois.

Es Licenciado en Filología Románica por la Universidad de Lovaina (KUL), Bélgica, y Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense, Madrid. Es Catedrático, ahora retirado, por las dos grandes universidades estatales del país. Ha sido Agregado Cultural de la Embajada de Bélgica entre 1984-1997. Por muchos años colaborador de la “Página 15” de La Nación y del Semanario Universidad. A su haber consta más de un centenar de publicaciones en revistas académicas de Costa Rica, Colombia, Chile, Cuba, España, Rusia y Bélgica.

 

 

 

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