Víctor Valembois.

Sigo picoteando por aquí, por allá, sin orden cronológico ni distribución geográfica, tratando de ver a través de un abanico de hombre y mujeres por cualquier parte, primero para mí mismo: ¿qué características los unen bajo un mismo paraguas llamado cosmopolita.

Abordo al filósofo Seneca por sus ideas, pero también -detalle insignificante- porque por segundo apellido (que ni se usa, al norte de los Pirineos) mi padre era un “Seneca”. Pero mi progenitor, de la filosofía del goce razonable del maestro universal poco tenía: era workaholic por excelencia.

Vayamos a la pregunta clave, aquí: por qué considero que Lucius Annaeus Seneca (también conocido como Seneca el joven), puede catalogarse como cosmopolita. Va primero la dimensión de lo estrictamente biográfico: nació cuatro añitos antes de Cristo, en Córdoba (en Andalucía, España, en lo que era parte del entonces imperio romano).

Pero la mayor parte de su vida la pasó en la Roma de entonces, verdadero emporio de culturas, a partir de conquistas militares. Pese a la televisión y enciclopedias digitales ahora al alcance de un dedito (de allí nuestra llamada civilización “digital”) difícil nos resulta imaginarnos siquiera el empuje y el esplendor que deben de haber sentido sus contemporáneos.

El caballero de marras no era ningún saco de papas, parásito de esa pujante civilización grandemente militar que se iba imponiendo, hasta por la Palestina actual (recordemos a Poncio Pilato…) como, al norte, hasta mi Bélgica (a cuyos guerreros fuertes pero brutos refiere, poco antes nadie menos que Julio César). Seneca era y es líder en ideas universales.

¡Cuestión de mentalidad y empuje: conozco gente latina que por años vivió en “los Estados”… pero siempre se limitó a círculos y mentes muy de su origen, sin voluntad de apertura, sin empaparse ni medianamente de la lengua y los hábitos (el “way of life” de allá). Son como pollitos sin atreverse a salir del huevo: lástima y hasta vergüenza me dan.

En cambio, por ubicación geográfica y sobre todo por cabeza con ojos y oídos abiertos a lo que siglos más tarde se Ortega y Gasset llamaría “la circunstancia”, nuestro Seneca se empapó rápidamente de todo lo superior en la griega, entonces de altísimo nivel y de orientación de “mundo conocido”: este era grande, desde la península helénica, engrandecido enormemente a punta de grandes conquistas militares, casi hasta la India, por Alejandro, el discípulo de Aristóteles.

¡Va, pues, todo el mediterráneo, desde los fenicios (actuales libaneses, en cierto sentido), todavía no con el enorme aporte artístico y científico de los árabes, pero gran cueva natural, desde Gibraltar, a 15 km de África, hasta lo que ahora llamamos el “Medio Oriente”: todo un crisol de culturas!

Seneca no era epicurista, importante “way of life” de esa época, entre los cuales prevalecía el gozar de la vida porque sí; al contrario, quizá por ser asmático toda la vida llegó a defender siempre la moderación y la precaución consciente sobre todo respecto de cuatro polos de vida: el dolor, los dioses, la fortuna y la muerte.

De diversas fuentes en torno a su pensamiento entresaco:

-Prefiero moderar mis alegrías a reprimir mis dolores.

-Importa mucho más lo que piensas de ti mismo que lo que los otros opinen de ti.

-No nos atrevemos a muchas cosas porque son difíciles, pero son difíciles porque no nos atrevemos a hacerlas.

-El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios.

-La naturaleza nos ha dado las semillas del conocimiento, no el conocimiento mismo.

-Sabré que mi patria es el mundo; pues qué mal hay en cambiar de país.

No era partidario de universal fiesta y farándula; más bien postulaba ser útil a los demás y tener un buen vivir sin temer la inexorable llegada de la muerte. Respecto de esta, amenazado por el desprecio y la locura del emperador Nerón, decidió abrirse las venas en una bañera. No es la receta que propugno, ¡en cambio el cosmopolitismo de sus ideas, sí!

Para terminar, observemos: Seneca no era alguien lleno de senectud, de vejez decrépita. Al contrario, dentro de una vida más o menos longeva para su época, y todavía universalmente enseña a vivir con dignidad (valembois@ice.co.cr)