Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

En última instancia todos estamos solos. Solito en el universo, parece que sí; solito ante la muerte, todos, to-y-ticos incluidos. Aquí no me refiero a lo físico, aunque no es lo mismo Yerma en la pulpe, que abandonadita en el mall. Más bien interesa Bernarda (de Lorca viene, pues, la inspiracioncita), ella, con ese alguillo de tristeza-orgullo-patadita que, a ver, ¿la llamaré hipotermia emocional?

Ña Sole, la veo y la siento, refugiada en el “asilo de los incurables” (¡No´ombre, nombrecito!). Sí, ya sé, en el reino de los mamíferos, ella, tan monita antes, se volvió más delicada que cría de chompipe. Que el bracito, que el huesito y luego, sobre todo, la cabeza ida. Entre sus mismas compañeras siempre quedaba maltratadita, porque le quitaban el mando de la tele y no le avisaban de la comidita. Pero eso era lo menos pior. Su propio crío, licenciado y con licencia pa´to-i-to, notorio notario, le robó con escrituritas y firmitas falsas. ¡A ella! que limpió de día y con costuritas a puro bombillo en la nochecita, le había costeado la carrera, usted sabe en esa universidad donde antes había un tallercito…

¿Yo solita? Jamás de los jamones, señalaba Tere, madre soltera, quiere decir solita. Viera, todo empezó tan como en una peliculilla de esas. ¿La pastillita habrá sido de verdad una liberación de tantas cadenitas y esposas*? Es que el muy… me dejó abandonadita. Ni hubo pruebas de ADN (simplemente significa: “A ver si Declara al nacido”). Bribón poco varón, menos hombre. Es la suerte que corre el 52 % de las mujeres ticas. Ella, con un feminismo impregnadito de rencor*, se aferra al hijito, dejándolo a su vez aplastadito, aunque sea a fuerza de cariño*, allí donde la educación correcta sería la de enseñar de a poco a volar con sus propias alitas.

Como Hilda, a la que le tengo cariño* de verdad, también cada vez se observa más mujeres, no mujercitas, solas, solitas de verdad. Cómo no: a veces es mejor la casita solita que compartida en un hogar explosivo. Total que él también, por ton-tico y bru-tico… se queda “sin Beatriz y sin el retrato”. ¿Yo solita? Nada ni naidie, enfatiza ella, pero cómo no, también ocupa cariñito del bueno. Irle con tiento, con tacto, porque noli me tangere…: es decir, en más de una ocasión, quiero que me toque (aunque sea la puertita), pero no me toca romper el hielito.

Con la presente pirámide demográfica alteradita, ¿qué familias tenemos en este paisecito, dizque el más feliz del mundo? Amor es afinidad, es calorcito, fine tuning con anillito o solo de amiguitos. Es justo y necesario acoplarse entre sí, hasta en detallitos, sin hilar delgado. Ojalá, de añadidura venga un viajecito y un paseíto en bote, o por lo menos que estemos unos diítas en un hotel de esos, con pulserita de “todo incluido”, excepto la propinita, claro.

Importa que Soledad no esté solita* sino cuando ella quiera. Y no crea, él, grandulón, muchas veces también se siente igualito.