Victor Valembois: ¿Tiliches, los diminutivos?

Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

El diccionario, mi escudero (para otros es un escupidero…) explica la idea de “tiliche”. Lo hace con términos (baratija, cachivache, bujería) que redundan en la idea del poco valor. De allí el menor precio y hasta el… menosprecio. De acuerdo. Ahora bien, aunque muchos consideran los diminutivos como fiorituri inútil, para nada son basurilla*.
En todos los idiomas una principal función del diminutivo es su valor hipocorístico. Lo mismo, en el español de Costa Rica. No necesariamente empequeñece; al contrario, es un valorcito agregado… y a veces… cariñito botado… En ruso: Natacha, Tanja, Pasha,…; en portugués: Vizinho, etc. refieren a lo cerquita en el corazón. Igual, entre nosotros, con Carmita. “Chilo, o  Chico, o Juancho o Lupita o Nacho o Lacho”… en lugar del nombre verdadero del niño (Auxiliadora, Francisco, Juan, Guadalupe, Ignacio u Horacio…). Son modalidades todas de acariciar hasta el alma, esa esponjita que anda con sed, siempre.
Los mexicanos adoran la misma duchita verbal: Amandititita y Lucerito*, lo mismo que Delgadillo, son destacadas cantantes de por allí. En su obra Agua quemada, Carlos Fuentes refiere al puritito dolor y transforma Pocajonta en Poquita. Y entrando en confianza, un manito dirá “voy a mi arbolito” cada… tantito.
Los serranos ecuatorianos también son conocidos por el mismo jueguito. Cómo no, por medio de diminutivos, los hermani-no-ticos del norte también usan perdigones o dulcitos. Ellos también las prefieren rubiecitas, sus bichitas,  bien heladas.
Con tonito y hasta cantico, a los ticos les encanta la pirotecnia diminutiva. Ojiti-ticos y mani-ticas suenan como superlativos…pero en lo pequeño, ojalá con cariñito en grande.
 Ciertos sureños queridos proclaman que ellos tienen el “bestiario del reino de Chile”.  Pero cuidado: ¡qué monito!, muletilla* de ellas, allá, no refiere a que el marido se transformó en pequeño mono. Ahora bien, igual, a los ticos los veo muy familiarizados con los animalitos: un cangrejo puede ser un cancercillo. Un bochinche no se refiere ni a chinches grandes ni a cantidad de ellas; el cucurucho no es un pequeño cuco.
Lo mismo, cuidado con las cucarachas, sobre todo las kafkianas, que le podrían salir bastante grandes. En esa maravillosa isla barataria, un ratón también  remite a los bíceps. El colmo es el “ratoncito”* contradictorio: primero porque el sufijo en “-on” suele ser un aumentativo, pero en seguida vuelve a ser disminuido.
¡Pelar ojito!: lo práctico, no es la praxis de un “tico”. Lo mismo en este caso, con las preposiciones, taradas trampas tramposillas para el tozudo, testarudo, forastero. Conviene tenerles cuidadillo a ciertas deducciones poco o nada lógicas. En la Madre Patria, en confianza con Conchita, no le vaya usted a quitar el diminutivo. Una vez en Roma, con sus florcitas y tiliches verbales, para no caer gordillo, haga… lo que hacen las romanas de peso. De todos modos, nunca lo aceptarán como igual.

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