Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

Ni el tamaño de la testa (la de los testa-ruditos y los demás), ni de los testículos, importan (aunque importados). Al igual que “testigo”, por muy extraño que parezca, esas palabritas muestran un airecillo de familia al remontar todas a bolitas (de boludos, che, los gatos* argentinos, que pensamos en grande).

Los diccionarios, de manera un tanto púdica, no ahondan en la raíz del asuntillo, al referirse a partes pudendas (o casi). Pero los varones venimos equipaditos con una bombita peniana*.

En tiempos de don Ricardo, ante una transacción, dos hombres de pelito en pecho sellaban su acuerdo arrancando un pelito del bigote; y más de dos mil añitos antes, dos romanos ponían la manito sobre esas mismas partecitas para manifestar su compromiso firme.

Claro, las mujercitas ni podían ser firmes ni firmar… porque no tenían ni tienen ese componente del futbolín. Ahora todos llevan pantalones, cosa que dificulta las pesquisas.

Pero, carajo* (conste: me interesa un sinónimo, no lo morbosillo), el camino recorrido por la especie humana ha sido largo: todavía, más de un varoncito mediocre, razonando con los testículos, comentará en plan de chisme* que los hombres piensan, mientras las mujeres sienten… y otras degradantes frasecitas como esa.

Frente a esos de testa muy dura (la cabezota), prefiero el cabezal de un camión, por más útil. Luego, por si existe la pequeña moraleja, afirmo que más vale hacer el testamento con la testa, no con lo otro…

Victor Valembois

Por Victor Valembois

Víctor Valembois es un académico con una licenciatura en Filología Románica por la Universidad de Lovaina (KUL) en Bélgica. Ha vivido en Costa Rica por más de 35 años. Ha estado vinculado con la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional.