Victor Valembois: Tu choteas, él chotea…; solo yo no

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Víctor Valembois. [email protected]

En esta ¡oh! tan pacífica* finquita, Yolanda Oreamuno sigue denunciando ese cuchillito con triple filo. El choteo tiene en común con el chisme el soporte verbal, en particular el oral, pero no necesariamente comparte ese estilo sotto voce que caracteriza al primero. A hurtadillas (diminutivo, pero gran hurto de privacidad…) ambos suelen ser perdigones. El chismoso no pone la carita*, algunos choteadores sí, con guasa frente a la misma víctima del escarnio; puede ser hasta en grupo, públicamente.

Es otro refugio del mediocre. ¡Qué plasticidad, la de nuestra amiguita valiente, siendo ella misma, una Juana de Arco en versión local! Solo que desde los años treinta el serruchito que bajaba suavemente el pisito, se ha transformado en auténtica motosierra, capaz de bajarle a uno “de un solo” del cuarto piso al sótano.

Si bien aprendí la no tan cariñosilla palabra en esta Costa, tan rica hasta en eso, ese puñalito (el término y la práctica), se usa también en el resto de Centro-América. A Yolandita pareciera que no le faltan ganas de declararlo como otro deporte puramente nacional (aviso al Ministerio de Cultura y Fútbol). Tendríamos que poner el grito al cielo madrileño (y nuestros académicos la voz en cuellito o la vocecita en su cuello), para que se equipare al guasearse de alguien, que el DRAE da como explicación. Este, si bien incorpora el choteo (de chotear), lo cataloga como vulgarismo de burla, pitorreo: oigan en el palenque*, bajo los manguitos de Alajuela como en todo el terruño, la Academia nos trata de chusma.

Este aparente centroamericanismo, en realidad obedece a una practica universal, en tres modalidades además, la individual, la del pequeño grupo… o todo el país. Yolanda (en El ambiente y los mitos tropicales), también Carmen Naranjo (en Cinco temas en busca de pensador) con dolorcito tan punzante como constante, evocan el problema. ¡Cómo no! fueron víctimas de esas pócimas* tan persistentes como malévolas: ¿su pecadillo? ser progresistas, ser mujeres, y vivir en nacioncitas, digo infiernillos grandes.

Con tales fábricas de mitos se puede socavar la espiritualidad de pueblos enteros. En tiempos de Pepe Botella, los franchutes practicaron el choteo internacional contra los hispanos, tratándolos de parlanchines, habladores no tan cervantinos. Hitler masificó mentiras, no en paletita. ¡Ojo! Fueguito chiqui-tico, rapidito se puede expander.

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