Víctor Valembois.

Con algo de pretensión me comparo con Umberto Eco: profesor, por etimología, lo de pro-fari va por el “hablar delante” de otros; Ambos: felizmente pensionados, eso sí, queridos jóvenes: no por empujadera, sino por tres o más docenitas de años, a lo cervantino: “del mucho leer y poco dormir”. Los dos: trotamundos, él sobre todo en Europa, yo sobre todo en América Latina, del Río Bravo para abajo…

Especialistas, ambos, en temática medieval: campo, chayotera o como quieran llamarlo: tan rico como desconocido y hasta menospreciado ahora: en inglés refieren a “Dark ages”… ¡qué va! Un hervidero de tensiones en esos ocho siglos con reconstrucción del mundo mental greco-latino “despedazado” entonces…

Por supuesto todo va mejor y resulta banquete de plato grande, platónico… masticando no dos o tres listitas de vocabulario en latín y en griego, sino como don Umberto aprendiendo a leer letritas helenas, algo diferentes: εἰπέ μοι Σώκρατές τε καὶ ὑ_μεῖς οἱ ἄλλοι …

No tuve oportunidad de preguntarle a don (H)umberto, pero confirmo que es como abrir una puerta con llave, en un castillo…. ¡encontrarse con cada legado! Es mucho más que cualquier “isla del tesoro”: digiriendo, incorporando todo lo acontecido y aprendido por las invasiones desde el este europeo y más allá.  ¡Islas, cada una con enormes sorpresas!

De allí, estoy seguro don Umberto y yo nos sentimos no solo en una clasecita de literatura “universal”, sino, cómo no, nos salía la baba como “ciudadanos del mundo”, ambos, desde un puntito en el mapa universal, acostumbrados a pasar de un país a otro, de un continente a otro, sintiéndose con el mundo en su bolsillo. El latín y el griego eran como pasaportes para viajar sin odiosas aduanas, sin fronteras.

Por lo anterior, es decir el curriculum vitae, es decir, en buen romance, el recorrido vital, ambos convencidos de que cabe trascender el estrecho marco de su materia, para inevitablemente meterse en otros zapatos. Nuestro papá académico -algo olvidado- don Rodrigo Facio predicaba eso mismo: “asomarse al huerto del vecino”: ¡qué bien!…

Charita, don Umberto: ¿por qué se le ocurrió “cruzar el río” hace un par de años, sin avisarnos? Yo…le habría puesto el hombro a lograr para usted una invitación, por lo menos un semestre, aquí, a ilustrarnos -como lo hicieron Franco Cerrutti, Constantino Láscaris, Pierre Claudet y otros…. ¡Esos! Con pedagogía de ósmosis nos abrieron la ventana desde esta pequeña aldea intermontana… todo hacia el mundo “global” como decimos ahora… (¡por cierto con… palabrita calcada de cabeza norteamericana…!)

Grandes escritores, en el sentido de productores literarios en cantidad, los hubo, los hay y los habrá en cierta cantidad, espero que siempre: de esos que no se les seca la pluma… ni el cerebro. Otra cosa es el animal erecto que no solo resulta grande por su capacidad de investigación objetiva, como ese don Humberto, del que me habría encantado ser alumno:

Nada del seco profe, sino entusmiador, hasta encantador que nos incita a… pues eso: seguir leyendo más allá de insípidos e intrascendentes mensajitos y masajitos que revisamos medio automáticamente, pero que en realidad, aparte de “mantener la comunicación”…. No aportan casi nada… fuera de hacernos perder… cuántas horas diarias.

El finado Eco… en eco nos dejó su pensamiento, listo todo en castellano castizo, entre otros en sendos trabajos literarios que en algún momento, usted lector (que solo por ser tico se las da de más o menos abierto y hasta culto) debe devorar:

Refiero en primer lugar a un bestseller (¡pero profe, diay, yo no hablo inglè…!): El nombre de la rosa (1986): historia situada en el siglo XIV, pero detectivesca al estilo de mi coterráneo Georges Simenon: ¡entre monjes (de esos con “j”, igual por cierto que entre los nuestros, ¡con “g” de gato!).

Acabo de terminar otra súper novela de don Umberto: El péndulo de Foucault (de 1988) advierto que si se tira a esa piscina olímpica en las letras… especie de historia novelada de los Templarios, aprenda a nadar en diversos estilos, nada de mariposeo infantil: grandes brazadas para adelante como para atrás en el eje temporal; aprenda a distinguir diferentes narradores, siendo que un editor es el que lleva la batuta, hablando siempre con el “yo” que corresponde.  ¡Claro… también puede repetir Paco y Lola…!

¡Viaje! -no siempre en primera clase- con gente superior como don Umberto. ¡No se me haga el flojo o desentendido!  Per aspera ad astra (lema latino de nuestro cartago Manuel María Peralta): es decir por caminitos complicaditos con curvas… conviene crecer.
(valembois@ice.co.cr)

 

Victor Valembois

Por Victor Valembois

Víctor Valembois es un académico con una licenciatura en Filología Románica por la Universidad de Lovaina (KUL) en Bélgica. Ha vivido en Costa Rica por más de 35 años. Ha estado vinculado con la Universidad de Costa Rica y la Universidad Nacional.