Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Todos los días se aprende… a abrir más los ojos. En un acto “educativo”, padres, madres y estudiantes, tuvieron que aguantar expresiones de claro tinte racista de parte de una maestra: la escena no fue en la Cochinchina, sino en un país de cuyo nombre, a veces no quiero acordarme.

Escenario previsible: otro escándalo, escarnio por tres días y… ¿todo sigue igual? En un país que a diestra y siniestra se declara campeón de democracia, impoluto, modelo, virginal… lo ocurrido en una institución educativa de Aserrí, demuestra asaz fuerte cuán enfermos estamos, cuán avestruces somos.

Venimos de lejos: cuando en el país se levantaron el Teatro Nacional y el Edificio Metálico, el Liceo de Costa Rica y el Colegio de Señoritas (¡impresionante, todo de sopetón al final del siglo XIX!) la consigna era la blanca europeización educativa bajo la batuta de preclaros masones, en contra de la Iglesia un tanto en modorra.

Resuena todavía: “prefiero una p. de París antes que una india de Pacaca”, afirmado por Ricardo Fernández Guardia, señero dramaturgo nuestro. Y seguimos: vean la confirmación un impresionante lienzo, en un cielo de nuestro coliseo nacional. ¡Magnífico, aplaudida en el país como afuera…! Pero: una plasmación perpetua del podrido problema….

Una alegoría implica no habrá realismo fotográfico, siendo didáctico el propósito del pintor “J. Villa”. Vaya enseñanza errónea: ¡jamás se ha visto el cultivo del banano al bordecito mismo del mar y, por Dios, para ser de altura, ese café, tampoco va en la bajura!

Además, a la usanza de esa época, como modelos femeninos el pintor prefirió damiselas paliduchas de cara, puras p. que no les explico, a partir de modelos parisinos, que no de la “raza de bronce” que, a mucha honra, también es nuestra.

¿No me creen? Abran los ojos, aparte de leer -y releer en mi caso- el demasiado desconocido librito “El billete de cinco colones” (Guillermo Carvajal Alvarado, ed. Alma Mater, 2021), comparen con el portentoso lienzo en nuestro máximo coliseo. Impresionante lección para el próximo quiz…

Pero nuestro racismo viene de más lejos. A mediados del siglo XIX, cuando Wilhelm Marr llegó a Puntarenas, comparando el nicaragüense frente al tico, su percepción racial resultó racismo; esta visión de mundo se coló y se fijó. Ahora… desde el Valle Central, observemos el insulto hacia la otra costa, en un país único: “Costa Rica”.

Hubo ingentes esfuerzos para salir de esa, nuestra medianía racista. Gente preclara, como Brenes Mesen (1874-1947) levantó la voz, contra la guerra infame, como también contra su propia aldea… aldeana:  mi patria no tiene nombre/ soy ciudadano del mundo/ y compatriota del hombre.

En la misma época, otro docente, también cosmopolita de peso, Omar Dengo (1888-1928) inculcó espiritualidad en la misma búsqueda: “en ciertos momentos seamos griegos/ o seamos hijos de Palestina:/ cuando admiramos a Fídias,/ cuando recordamos a Cristo. Mensaje contundente: procuro seguirlo.

Por desgraciada siguieron los cuentos y los castillos en el aire, como aquella “Suiza centroamericana”: con medio siglo aquí, todavía no he percibido ni la nieve ni los bancos esos, famosos. Permanece y permea un imaginario impuesto, pre-fabricado, respecto de lo blanquito de “nosotros los ticos” como a diario leo y oigo.

Por tanta retórica del ombligo, no progresamos. Además, con todo y enormes licencias pictóricas en el cuadro, el billete alusivo representaba buena plata. De cinco colones, lo recordamos bien los mayores, entrando yo a conocerlo, en 1974. Tenía buen poder adquisitivo y la reproducción del cuadro inflaba nuestro embeleso.

Pero continuó y me temo que continuará la deformación visual y mental: “Aquí no estamos en Limón, es Aserrí”. Vaya, ¡una maestra echando abajo el magisterio de la verdad, la tolerancia y el progreso humano de una “raza” única: la humana!

De allí a la machacona insistencia -llena de superioridad “blanquita”- contra determinado grupo humano, muy nacional, ¡pues no! Todo pese a que una brillante escritora nuestra, Tatiana Lobo escribió no menos de seis libros contra el racismo en el país….

Progreso, ¿adónde vas? Colegas educadores, ¿somos conscientes del daño que podemos producir y perpetuar con estereotipos de grueso calibre? Compatriotas todos… ¿vamos para atrás o vamos adelante? Urge una tabula rasa contra eso de “raza”.

Dedico esta reflexión apurada a mis colegas Eulalia Barnard (1935-2021) y a mi exalumna Anayansi Barahona, “negrita, alma pura de Abangares”, luchadora en agotador oficio. Lo dice la palabra: la educación debe tener un componente dirigista, pero respetuoso…. Y por favor siempre “peñas arriba”, no hacia el precipicio.

Mantiene vigencia aquel refrán (nada tico sino importado de España) según el cual “el hábito no hace al monje”: busquemos esencia humana, igual para todos y todas, dentro. Pregunto: ¿de qué color es el alma?