Víctor Valembois: Yvonne Clays – la hora del mea culpa cosmopolita

Víctor Valembois.

Por supuesto agradezco al diputado Enrique Sánchez Carballo haber impulsado un reconocimiento -y grande, en la misma Asamblea Nacional- a la que fue Yvonne Clays Spoelders, la Primera Dama, en tiempos del Dr. Calderón Guardia.

A él no lo conozco personalmente… queda pendiente y estoy a la orden. Resulta tan significativo como meritorio que, con menos de cincuenta primaveras de modo certero él haya contribuido al rescate de esta dama, pisoteada, despojada e ignorada, en su tiempo como persona y… durante décadas en una historiografía bastante desequilibrada.

En este digno acto, me sorprendió no haber tenido la oportunidad de saludar efusivamente a doña Margarita Penón y a don Jorge Sáenz, quienes en décadas de lucha cada uno emprendieron significativos pasos para restablecer en honor a quien honor merece: ¡doña Yvonne!

De mi parte, mi reconocimiento entre otros a don Miguel Acuña, ahora bastante delicado, agradezco haber conocido personalmente a doña Yvonne en sus últimos años, algo restablecida en dignidad social y financiera gracias también a don Luis Alberto Monge. Aplaudo también la presencia de Mercedes Ramírez quien se empeña en hacerle a doña Yvonne un digno documental fílmico. Lo mismo, menciono aquí una noble pareja tica-belga, Erik y Milena, a los cuales remito en bibliografía.

Larga, la historia, con ribetes personales como de grupos. Hijo del Dr. Calderón Múñoz, Rafael Ángel Calderón Guardia tenía de él la sangre de gamonal, la creencia transformada en vivencia de que el varón lo es entre otros por procrear descendencia. Por “culpa” de la belga no se logró; pero por corrección política, ella aguardó en final de la guerra para formalizar el divorcio.

La Yvonne Clays que yo conocí.

De paso reitero mi agradecimiento a don Rafael Ángel Calderón Guardia, hidalgo al haber ayudado discretamente… ¡sin jamás haber conocido a doña Yvonne!  Ella, nacida en 1906, muy belga forjada primero por padres estrictos, luego, durante por monjas inglesas en la Primera Guerra Mundial, por allí aprendió con fluidez el inglés, cosa que años le vendría de perlas… ¡nada menos que en Washington con el Presidente Roosevelt!

Que Ortega y Gasset haya proclamado que uno es un “yo y su circunstancia” se aplica con dolorosa perfección en el caso que evoco brevemente: ella me contó que durante la toma de posesión con su marido, el presidente electo, entonces bajo la cúpula en el Parque Morazán, con gran dolor ella tenía el corazón partido entre la fidelidad a su nueva patria, al mismo tiempo que allí mismo supo de bombardeos nazis sobre Amberes, su ciudad natal. ¡Horror!

Se me viene a la mente otros “detalles” entre enemigos políticos. Yo estaba con doña Yvonne, en su casa, en Colonia del Río, cuando ocurrió el fallecimiento de don José Figueres. Con mucha conciencia y respeto, doña Yvonne siguió por televisión todo el entierro de don Pepe.

Otro curioso cruce de respeto: cuando después de semanas de grave enfermedad finalmente doña Yvonne, en 1994 murió en el Calderón Guardia, hospital a nombre de su exesposo; allí me tocó atender a doña Karen Olsen que vino a saludar a doña Yvonne.

Mucho, muchísimo cabe investigar todavía sobre Yvonne Clays, por fidelidad a su atormentada biografía y para restablecerla percepción correcta en lo local, sobre todo por las nuevas generaciones. Por ejemplo: ¡quién sabe del hambre y la extrema miseria que padeció doña Yvonne echada, literalmente, de la casa en arriendo por no poder pagar arriendo por Calle Siles, en San Pedro?  Otro caso: ¿quién sabe, por ejemplo de la delicada salud que padeció, durante años socorrida por mi compatriota don Marc Attala?

¿Detalles todo eso? De mi parte solo quise levantar una punta del velo: basta de retóricos reconocimientos: ahondemos en la historia real. Puse mi crónica bajo el signo del mea culpa, porque quizá yo también habría podido dar más de mi mismo.

¡Historiadores nacionales: ¡pónganse a esa tarea, una de las postergadas!  Ah… y si nos referimos a “cosmopolitismo”: por lo que apenas visualicé, doña Yvonne fue una mujer ejemplar en ese punto.      (valembois@ice.co.cr)

 

Bibliografía, entre artículos del suscrito, respecto de lo evocado:
-“Yvonne Clays: entre el rescate y el desagravio para una Primera dama tica y belga”, en Revista Nacional de Cultura, San José, Costa Rica, nº 29, mayo 1997, pp. 43-56.
-“Una generación única de profesionales ticos, formados en Bélgica”, Herencia, Costa Rica, volumen 7-8, n° 1-2, 1995-96, pp. 15-26.
-https://parabelgasyticos.blogspot.com/ 24 de febrero del 2024. A cargo del matrimonio mixto de Erik Coenen (belga) y Milena (su esposa, costarricense).

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