Víctor Valembois. valembois@ice.co.cr

Si el sol tiene el tamaño de un pie humano, lo dijo Heráclito, la pregunta es si una metida, de patita o de patota, no puede tener el tamaño de un sol. Esa reflexión tiene sus ribetes y otros bordecitos, en lo histórico, pero se mantiene tremendamente actual a la hora de este mundo global, ande usted zapa-ticos exclusivos o en zapatos con hueco.

En una “larga y angosta fajita de tierra”, Caupolicán anduvo, anduvo, sin un descansito, con un troncote además. Ercilla no cantó si el gran indio, andante perseverante* (¿o cabezudo mechudo?) este viajecito lo hizo sobre sus pies peladitos, con caites o qué: en la Academia de la Lengua, en Bogotá aparece pintado este testarudo, pero del ombliguito* para arriba.

Mecachis, aparte de serpientes de con peli-agudos dientes, le puede morder un cachiflín, buscapiés, que le llaman, cosa que a cualquiera le pone los pelitos* de punta. Por dicha, él no era muy flaco. Uyuyuy flacura, flacuchento.

Siglos que parecen diítas* después, un escritor mexicano, ignorando nuestro actual globito, afirmaba que el mundo sería tan anchito… y ajeno. Valdría la pena saber si de allí (¿de Hermosillo era o de Fresnillo? En todo caso buscando El Paso) Angelita escapó en Dodge patas o en un BM doble pie. De todos modos aquel mexicano (machito que “está en todas”, que no sé cuántas es) la perseguiría en trencito o con un buque de guerra.

En Cascanueces, el famoso ballet navideño de Tchaikovski, una niña le tira a alguien sus zapatillas a un ratoncito*. ¿Antecedente prodigioso para este periodista quien las tiró contra el cumiche* Bush, el del bosquecillo? Es que, vamos, en repetidas metiditas de patita, patudo*, este, antes había lanzado perrotes contra presos que no tenían ni una pistolita.