Víctor Valembois: Hacia las estrellas versus “uyuy bajura”

A lo Oreamuno poco ortodoxo, seguí yo por alturas celestiales. Para nada perdido por Sirius, sino motivándome con el puro nombre -nombre puro- de la colega: nuestra visión de mundo se encuentra plagada de expresiones alrededor de ello: “Per aspera ad astra” durante décadas fue el lema de nuestro excelso Manuel María de Peralta, en Europa; sigilosamente observo que tanto nuestro astronauta tico como mi nieta retoman la frase: “por lo arduo, hacia las estrellas”.

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Estrellita Cartín

Víctor Valembois. Escritor y Catedrático universitario.

Me encanta “Misa de ocho”, de Yolanda Oreamuno, donde ella, sin que haya sido ni mucho menos insensible a la búsqueda espiritual, plasma en el papel su distracción observando la luz. Pues algo por el estilo me ha pasado durante la misma de despedida en honor de Estrellita Cartín, nuestra colega en la Universidad de Costa Rica. Siempre he admirado en ella ese lado aristócrata (no me refiere a la plata, que para el caso no interesa), sino en su contagioso afán de superación, más allá esa apología del “uyuyuy bajura” que demasiado prevalece en el entorno.

Durante el sepelio, en la iglesia de San Rafael de Escazú, también yo estuve observando la filtración de la luz, en forma tan curiosa como eficaz de una cruz, esta vez en el cielo del templo. Pero sombra en mi reflexión, después, al salir, fue un triste observar a muy pocos colegas en una iglesia con apenas la mitad de su aforo.

Me hice la reflexión: aparte de la excusa de ese coronavirus, ya desde hace dos años, ¿qué habrá motivado tanta flojera?  ¡Bajura total! Después, en mi álbum repasé actividades sociales en casa de nuestra coordinadora y, por unos años, directora. También me gustaba ver allí un mueblecito, de Urgelles y Penón que ella hizo el favor de comprar en torno a la dramática muerte de Yvonne Clays, la legítima esposa del Doctor Calderón, durante su presidencia.

Que me perdone el oficiante; yo estaba demasiado lejos para oírlo bien, pero en observación de este filólogo, ejemplar resultó su oratoria gestual; sorprendió que diera la hostia como zurdo: ¡tiempos nuevos, menos… siniestros que cuando a mí me enderezaron “a derecho”. Tengo para mí que Dios, culturalmente ubicado en el cielo estrellado no es de bajura terrenal: observa nuestro mundanal manejo, aquí abajo, por intenciones auténticas, altura, no rituales vacíos. Adelante.

Siguió este filólogo empedernido divagando en torno a nuestra Estrellita: alto se colocó en nuestro firmamento profesional. Cosmopolita, enamorada de aprender afuera, no para impresionar, sino para ganar en nivel profundo. Como los dos tuvimos el mismo excelso maestro Carlos Bousoño, en Madrid, yo admiré varias veces su estelar don para vivenciar la expresión poética: enaltecido salía uno de las demostraciones didácticas de él -y después de la colega-: ¡fueron prototipos del profesores-motivadores, humanistas que necesitamos.

¡Tanta falta hace un cosmopolitismo bien entendido, de impregnarse de otras culturas, frente a la modorra y la atrofia circundante! Nos asfixia, nos rebaja, entre otros la pantalla local finge movimiento y colores, pero resulta inane: afán de redondel, de Zapote…. (Ni hablar, ahora, de esas supuestas clases por video…)

A lo Oreamuno poco ortodoxo, procuro seguir por alturas celestiales. Para nada perdido por Sirius, me motiva el puro nombre -nombre puro- de la colega: nuestra visión de mundo se encuentra plagada de expresiones alrededor de ello: “Per aspera ad astra” durante décadas fue el lema de nuestro excelso Manuel María de Peralta, en Europa; sigilosamente observo que tanto nuestro astronauta tico como entre otros mi nieta retoman la frase: “por lo arduo, hacia las estrellas”.

Yolanda, vilipendiada entonces, ahora reivindicada, describía la luz subiendo, pero también bajando en la iglesia, hasta apagarse; pues este eterno distraído, “anduvo, anduvo anduvo” (Neruda) mentalmente por esos senderos… divagando hacia la bajura: no. ¿Escapar de informarnos sobre la guerra rusa contra Ucrania, aun a miles de kilómetros?… ¡Imposible! Nuestras fibras sensibles se tensan -deben tensarse- ante el estrellarse de obuses y, peor, la muerte de combatientes, de ancianos, de niños: ¡bajura criminal, esa guerra!

Mi querida colega, directora y académica: usted no resultará nunca una Estrella caída en nuestro firmamento valorativo. Paz a sus restos. ([email protected]) (Y gracias, querida Yolanda, por sacarme del ambiente de esta “demoperfectocracia”.)

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