Vilma Camacho Víquez: Me abstengo a declarar

Y si el llamado a la comparecencia es un funcionario, queda ausente la transparencia que como tal debería manifestar y que debe formar parte de su obligación de rendir cuentas a la ciudadanía por sus actuaciones.

Vilma Camacho Víquez, Abogada y Notaria

En una nación democrática, como lo es Costa Rica, el Derecho deAbstención constituye una necesaria y excelente herramienta para la protección de los derechos fundamentales de la ciudadanía, principio que ha sido consagrado en el artículo 36 de nuestra Constitución Política, y que dice: “En materia penal nadie está obligado a declarar contra sí mismo, ni contra su cónyuge, ascendientes, descendientes o parientes colaterales hasta el tercer grado inclusive de consanguinidad o afinidad.”

Esta disposición constitucional tiene como finalidad que, dentro de un proceso penal, quien sea llamado como testigo o como imputado, legalmente pueda refugiarse en él, de manera que no esté obligado a declarar contra sí mismo, ni contra alguno de sus parientes más cercanos. Este derecho también es consagrado en el artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, cuerpo legal suscrito por Costa Rica.

Es innegable la necesidad de incluir tal derecho dentro de un proceso penal, y se pretende, como parte de nuestra tradición democrática, además de ofrecer al imputado la garantía de no tener que declarar contra sí mismo, preservar la cohesión familiar, no poniendo al testigo en el dilema de callar lo que sabe, o perjudicar a su pariente consanguíneo o por afinidad.

Lo anterior deja claro que el Derecho de Abstención forma parte importante de los principios fundamentales, y es inherente a la presunción de inocencia, pero también es claro que tal derecho se incluye dentro de la materia penal, por lo que surge la duda acerca de su uso cuando alguna persona es llamada a declarar como parte del control político ejercido por el Poder Legislativo, y la duda crece cuando el llamado a comparecer, en franco abuso de tal derecho, se acoge al mismo cuando no se trata de un proceso penal, ni se refiere a los parientes señalados en el artículo 36 constitucional, ni a hechos propios que pudieran incriminarlo, como lo es por ejemplo el abstenerse de ofrecer su número de documento de identidad.

Por otra parte, aunque es necesario respetar la voluntad del compareciente de abstenerse de declarar, sin que tal conducta pueda interpretarse en su perjuicio, también surge una gran duda de esa negativa en una sede no penal, lo que pareciera se trata de ocultar asuntos graves que quizá podrían representar para el compareciente, posteriores imputaciones penales. Y si el llamado a la comparecencia es un funcionario, queda ausente la transparencia que como tal debería manifestar y que debe formar parte de su obligación de rendir cuentas a la ciudadanía por sus actuaciones.

Sin embargo, tal parece que seguiremos oyendo a los llamados a comparecer como parte del control político que debe ejercer el Poder Legislativo, repetir una y otra vez, “me abstengo de declarar”.

Con gran sabiduría dijo Platón: “podemos perdonar fácilmente a un niño que tiene miedo de la oscuridad; la verdadera tragedia de la vida es cuando los hombres tienen miedo de la luz”.

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