Violencia y seguridad ciudadana: ¿y el Estado?

El diario decía en primera plana: “antes con dos, ahora con veinte”, con ello se refería a los balazos con que ultimaron a la víctima del día.

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Ya los números y las estadísticas no nos sorprenden cuando se trata de la pérdida de vidas humanas, sea en la circunstancia que sea. Es como si fuéramos aceptando paulatinamente la realidad y estos nuevos rasgos de la sociedad los asimiláramos con la más atroz de las calmas.

El fenómeno de la expansión del crimen organizado en el mundo ha sido inconmensurable. Se trata de inmensas transnacionales, estructuradas y constituidas para delinquir a través de las fronteras. También manejan inmensas sumas de dinero y causan daño en millones de personas, sobre todo cuando hablamos del narcotráfico.

Nuestro país obviamente no ha estado blindado contra el tipo de actividades delictivas que llevan a cabo estas organizaciones criminales, principalmente por causa de nuestra ubicación geográfica y nos guste o no, servimos como puente entre Sudamérica y el norte del continente.

El trasiego por aire mar y tierra de drogas, provenientes particularmente de Colombia hacia los Estados Unidos, nos ha llevado hasta suscribir acuerdos de patrullaje conjunto con las autoridades navales de este último país, lo cual venimos realizando ininterrumpidamente desde hace años.

Sin embargo, fuera de las costas, adentrándose en nuestro territorio, las organizaciones se han instalado, cuentan con su propia estructura de personal, comunicaciones, transporte, almacenaje, bodegaje y toda la logística que corresponda, como cualquier empresa nacional dedicada al comercio internacional.

Para desventura nuestra, la droga no solo pasa por el país, sino que también se nacionaliza y se queda, pues con el tiempo se ha permitido crear y desarrollar su propio mercado interno, lo cual conlleva también a la organización comercial del mayoreo y menudeo.

En este escenario es donde los criminales extranjeros y nacionales llevan a cabo la repartición de territorios y mercados. La violación a esto, así como las situaciones derivadas por el pago por las ventas y la sustracción del producto, generan duras sanciones que claramente no van a dilucidarse ante los tribunales de justicia, sino conforme con las normas de las organizaciones criminales.

De ahí que, según nos ha venido ilustrando la prensa, muchos de los asesinatos registrados en el país están ligados a la organización criminal.

Tras el cambio de administración gubernamental, el infortunio de haber bajado la guardia ante los ajustes organizativos y definición de políticas en la materia fue el momento oportuno para el incremento de las actividades del narcotráfico con todas las secuelas que hemos señalado.

En estas alturas, Costa Rica ha experimentado un inesperado incremento en la tasa de homicidios, lo cual refleja, además de la agresividad de las organizaciones criminales, un déficit en la atención de la seguridad del país a cargo del Gobierno de la República.

Esto a nivel de la ciudadanía se refleja en los estudios y mediciones sobre la percepción de la situación del país, los que coinciden en que la seguridad ciudadana nuevamente vuelve a los primeros lugares en la preocupación de las personas, además de desempleo, situación económica y corrupción.

Cuando el crimen organizado aborde abiertamente los Poderes de la República y permee la sociedad, no habrá vuelta atrás. Ejemplos de esto tenemos muchos y sin necesidad de dejar el continente.

Todo pareciera indicar que la guerra contra el crimen organizado está perdida, según la opinión de los especialistas; sin embargo, no podemos cruzarnos de brazos. Debemos mantenernos alertas, y nuestros gobiernos, el actual y los futuros, tienen que redoblar esfuerzos y no ceder terreno. No podemos perder la soberanía en manos de criminales que, con su poder casi infinito, han venido quebrando las estructuras de otras sociedades, creando inestabilidad, violencia y pobreza.

Las autoridades deben responder, y el control político que lleven los legisladores en la Asamblea Legislativa, así como las denuncias de la prensa, nos mantendrán alertas junto con la participación comprometida de la sociedad toda.

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