Vladimir de la Cruz:  Dos reformas constitucionales que urgen

Estas  dos propuestas, la de cambiar el día de elecciones de los diputados y la de invertir las sesiones legislativas, ordinarias y extraordinarias, haciéndolas de seis meses cada una, iniciando con las extraordinarias, le daría mucho más fuerza al trabajo legislativo, y aseguraría una mejor composición parlamentaria por los partidos políticos, especialmente de aquellos que resulten ganadores numéricamente el el primer domingo de febrero en términos presidenciales.

0

Vladimir de la CruzHistoriador y politólogo.                                                                                  

Estamos a dos años de las elecciones nacionales, del 2022. Cierto que en un mes, el 2 de febrero, tendremos las 82 elecciones municipales, que de alguna manera se verán como un termómetro hacia las nacionales, sobre todo en cuanto al número de alcaldías que ganen los partidos políticos, especialmente los partidos nacionales, y por el  número de presidencias de los concejos municipales que también puedan ganar, como resultado de sus alianzas específicas, como cuando se elige cada primero de mayo el Directorio Legislativo.

Pero, los temas que quiero plantear no tienen que ver con las elecciones municipales. Tienen que ver con  las elecciones nacionales, con la gobernabilidad nacional, con la posibilidad de mejorar la gobernabilidad o gobernanza, como la llaman también. Es la posibilidad de mejorar nuestro sistema de representación política y de operación, de trabajo del Poder Legislativo.

Lo primero.

Es una necesidad política urgente que cambiemos el día de elección de los diputados. Hasta ahora se eligen el primer domingo de febrero junto con la elección del Presidente de la República y sus Vicepresidentes.

Los últimos procesos electorales, especialmente los que han tenido segunda ronda electoral, para definir entre dos candidatos la Presidencia de la República, han puesto en evidencia la debilidad estructural de la composición legislativa.

Pareciera necesario que el día programado constitucionalmente para realizar la segunda ronda, el primer domingo de abril, se realizaran las elecciones legislativas, separadas de la elección presidencial. Así el primer domingo de febrero se realiza solo la elección para escoger Presidente. Si ese día se define la presidencia con votación superior al 40%  para alguno de los candidatos, se pasa a la elección de diputados el primer domingo de abril, donde se elegirían los diputados. Si el primer domingo de febrero no resulta electo un candidato, se pasa al primer domingo de abril a escoger entre los dos que han tenido mayor número de votos, como se hace hasta, ahora, pero simultáneamente se elegirían los diputados.

Esto sin lugar a dudas le daría a los electores un mejor escenario de cómo escoger los diputados que proponen los partidos políticos.

En el caso de que haya segunda vuelta electoral, con dos partidos, abriría más el escenario para darle más músculo político legislativo a los partidos que van a esa final, en posibilidad de fortalecerlos con más diputados, y al mismo tiempo abre el panorama  opositor, si fuera de caso, para elegir más control político parlamentario con diputados opositores.

Me parece que esto es necesario impulsarlo ya, estamos a tiempo, para que de iniciarse un procesos de reforma constitucional, ojalá desde este período de sesiones extraordinarias, de acogerse esta idea, se pueda llegar a las elecciones del 2022 con este cambio. Van a ganar todos los partidos políticos, todos los ciudadanos como electores, porque nos permitirá concentrar más la atención en los candidatos legislativos. Los partidos se verán obligados a proponer mejores candidatos. Me parece, a simple vista, que si hay segunda ronda, especialmente, los partidos que la disputen van a tener posibilidad de elegir más diputados para un mejor ejercicio del Gobierno que es lo que nos debe interesar a todos los ciudadanos.

Lo segundo.

Se debe modificar el sistema de sesiones legislativas. Tal como funciona hoy el Poder Legislativo inicia sus sesiones el 1 de mayo, por tres meses, con las llamadas Sesiones Ordinarias, hasta el 31 de julio. Le sigue un mes de Sesiones Extraordinarias, el de agosto, luego otro período de tres meses de Sesiones Ordinarias, de setiembre a noviembre, para finalmente un largo período de cinco meses, de diciembre hasta abril, de Sesiones Extraordinarias.  De esa manera se producen seis meses de Sesiones Ordinarias y seis meses de Sesiones Extraordinarias.

Las Sesiones Ordinarias, aquellas donde los diputados y los partidos políticos representados en la Asamblea Legislativa tienen la Iniciativa de la Ley. Esto es, que tienen ellos, y solo ellos, diputados y partidos, incluidos los diputados del partido de Gobierno, la posibilidad de proponer Proyectos de Ley, y darle trámite a los que se encuentran en la Agenda parlamentaria. Las Sesiones Extraordinarias, aquellas en las que el Poder Ejecutivo domina con su iniciativa la propuesta de Proyectos de Ley. En estas sesiones solo se conocen los Proyectos de Ley enviados por el Poder Ejecutivo para el trámite legislativo correspondiente. Los diputados no pueden  por su iniciativa en Sesiones Extraordinarias proponer Proyectos de Ley. Pueden darle trámite, aprobar o improbar, los Proyectos  que el Poder ejecutivo propone. Así es como funciona la Asamblea Legislativa.

Aquí es donde está el problema de arranque de cada Gobierno, cuando inicia cada Gobierno.  El Presidente  queda electo el primer domingo de febrero o el primer domingo de abril, si hay segunda ronda.

Durante la campaña electoral los partidos políticos han propuesto programas de gobierno. Tienen obligación electoral de presentar ante el Tribunal Supremo de Elecciones un Programa o un Plan de Gobierno. No solo se presenta un Programa de gobierno sino que se hacen promesas a los electores.

Pero, el partido que gana las elecciones en febrero o en abril, asume el 8 de mayo la dirección política del país, al asumir el Poder Ejecutivo. El impulso de la campaña electoral, de la oferta de promesas y de programas a ejecutar no se puede realizar si depende en parte de la labor legislativa, de proyectos de ley que deben impulsarse, porque hasta agosto tiene que esperar el Poder ejecutivo para enviar sus primeros Proyectos de Ley, que en la práctica, como ha sucedido casi siempre, ya no tienen que ver con  lo ofertado en la campaña electoral. De allí surge mucho de la desilusión que se provoca entre los votantes del partidos ganador, y entre todos los electores, de no ver materializados proyectos o programas que se ofrecieron, lo que resulta en una verdadera estafa política pública.

En necesario en este sentido dos cosas. La primera, hacer una modificación constitucional para que haya solo dos grandes períodos de sesiones, ordinarias y extraordinarias, cada una de seis meses. De hecho ya hay una Extraordinaria de cinco meses. La segunda, invertir el orden de arranque de las sesiones, de manera que el 8 de mayo se inicie con Sesiones Extraordinarias, donde el nuevo Gobierno estaría en la obligación de proponer su primer grupo importante de Proyectos de Ley, sin lugar a dudas muchos de ellos ligados al resultado de la campaña electoral y sus ofertas programáticas.

Así las Sesiones Extraordinarias empezarían con la actividad de la Asamblea Legislativa, desde el 8 de mayo, que asume el Gobierno de la República, hasta el 30 de octubre, o el 7 de noviembre, si fuera del caso. Y, las Sesiones Ordinarias se llevarían a cabo desde el 1 o 7 de noviembre hasta el 30 de abril.  La primera semana de mayo queda para integrar el Directorio Legislativo, hacer control político, o discusión política del discurso Presidencial sobre el Estado de la Nación, obligado constitucionalmente, y para oír también los discursos de los Jefes de las fracciones parlamentarias que terminan  su ejercicio legislativo anual, a modo de balance de su trabajo, o de control político de las mismas fracciones legislativas, o del discurso que también dan los Jefes parlamentarios entrantes cada año.

Esto tiene una gran importancia para el trabajo político de los Poderes Ejecutivo y Legislativo. Para el Ejecutivo porque es el que lleva el pulso diario, con todas sus instituciones, y ministerios, de la vida del país, y de la ejecución de los planes de gobiernos, que se heredan de gobiernos anteriores a los que hay que darles  continuidad, y de los nuevos que que se quieren impulsar.

Todos los gobiernos que entran a funcionar cada 8 de mayo se topan con el inconveniente de que el Presupuesto Nacional de la República, del año en que asumen la dirección del Estado, fue realizado por el Gobierno anterior, aprobado en noviembre anterior a las elecciones, al que deben darle continuidad y ejecución, con pocos márgenes de corregir, por reformas presupuestarias, acciones definidas en ese Presupuesto Nacional. De hecho todo los gobiernos entran con las manos atadas. Hasta noviembre de ese mismo año, el nuevo Gobierno hace su propuesta de Presupuesto Nacional, que es para su segundo año de gobierno. Igual sucede en el último año de gobierno cuando lo aprobado en el Presupuesto Nacional, solo le permite al gobierno en ejercicio llevarlo a cabo desde enero hasta el 8 de mayo cuando termina su gobierno, otro amarronazo de manos para el gobierno que termina sin poder  ejecutar todo lo planeado y sin  saber cómo va a actuar el nuevo gobierno con lo que le dejaron aprobado. Esto es parte de los nudos administrativos y ingobernabilidad que se producen en el país, que tanto desilusionan a los ciudadanos.

Cambiar las sesiones ordinarias y extraordinarias tiene otro resultado práctico y positivo. El receso parlamentario que los diputados le imponen al Poder Ejecutivo, desde mediados de diciembre hasta mediados enero, y en campaña electoral todo el mes de enero, la Iniciativa de Ley del Poder Ejecutivo, actualmente se la paralizan. Así, si los diputados se toman las vacaciones de fin de año, prorrogadas hasta enero, lo hacen en el período de sus propias sesiones ordinarias de trabajo. Son ellos los que pierden tiempo legislativo y no se lo hacen perder al Poder Ejecutivo. Solo esto es una gran ganancia nacional.

Estas  dos propuestas, la de cambiar el día de elecciones de los diputados y la de invertir las sesiones legislativas, ordinarias y extraordinarias, haciéndolas de seis meses cada una, iniciando con las extraordinarias, le daría mucho más fuerza al trabajo legislativo, y aseguraría una mejor composición parlamentaria por los partidos políticos, especialmente de aquellos que resulten ganadores numéricamente el el primer domingo de febrero en términos presidenciales.

Urge impulsar estas reformas constitucionales para el 2022. Estamos a tiempo de trámites de reforma constitucional si así se decidiera. El punto es, si estamos decididos como país, como ciudadanos, como fuerzas políticas y sociales, de diverso tipo, conscientes de que podemos mejorar la gobernabilidad nacional, y que ello no puede espera. Discutamos de esto, abramos el debate.

 


Vladimir de la Cruz

Político, historiador, profesor universitario y ex embajador de Costa Rica en Venezuela. Escribe para varios medios de comunicación. Fue candidato presidencial del partido izquierdista Fuerza Democrática en tres ocasiones.

 

 

 

COVID-19
Suscribase COVID-19

También podría gustarte Más del autor

Comentarios

Cargando...