Vladimir de la Cruz: El 11 de abril de 1856, donde las balas no dejaron de tronar

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Vladimir de la Cruz.

Vladimir de la Cruz

La Revista entrevista al historiador Vladimir de la Cruz sobre los hechos históricos relacionados con la Campaña Nacional de 1856 – 1857. Más allá de la celebración de estos acontecimientos que son parte importante de la historia nacional, De la Cruz se detiene reflexivamente en cada uno de los hechos bélicos que van dando forma a la guerra contra el enemigo invasor, que demuestran una a una la capacidad táctica y estratégica, el vigor y la inteligencia demostrada por el Ejército nacional al mando del Presidente Juan Rafael Mora, para enfrentar y luego derrotar al ejército filibustero comandado por William Walker.

El inicio de los acontecimientos bélicos se inicia con la batalla de Santa Rosa, en territorio costarricense, hecho que sucede el 20 de marzo de 1856, cuando el Ejército costarricense expulsa al ejército mercenario en una batalla que en palabras del historiador De la Cruz resulta una victoria que trasciende el número de muertes, para asestar un golpe moral y psicológico en las huestes filibusteras que será muy valioso a partir de ese momento.

Posteriormente el Ejército Nacional en una sucesión de desplazamientos que cortaban el avituallamiento y apoyo exterior de Walker, moviliza sus tropas al Sapoá, a Peñas Blancas, a los puertos de la Virgen y el de San Juan del Sur, para posteriormente desplazarse hacia Rivas donde el Presidente Mora estableció su Cuartel Principal. En Rivas el Presidente Mora hace ver a los nicaragüenses que su llegada es para asegurar “la santa causa de la Independencia  de Centroamérica”.

Finalmente, De la Cruz repara en la Batalla de Rivas que sucede El 11 de abril de 1857, confrontación que el historiador analiza en detalle, en sus aciertos y errores tácticos, en el significado estratégico que tuvo en el conjunto de la Campaña Nacional, así como el número enorme de bajas (500) que eso produjo en fuerzas militares costarricenses.

No deja de lado una de las consecuencias de la Batalla de Rivas: la epidemia del Cólera provocada por el depósito de cadáveres que Walker – médico y conocedor de cómo se transmitía – colocaba en ríos y lagos de forma intencionada para asestar un duro golpe en medio de su retirada:  el cólera melló fuertemente al Ejército Nacional y provocó la muerte del 10% de la población costarricense, hecho que nos ubica inexorablemente en la coyuntura actual, cuando la sociedad costarricense se enfrenta a la epidemia del COVID- 19.

  • La Revista: Para los costarricenses los hechos históricos del siglo pasado marcaron la historia política, social y económica de nuestra nacionalidad. De ahí que cabe preguntarse ¿después de la Batalla de Santa Rosa, el 20 de marzo qué pasó?

Vladimir de la Cruz: El triunfo militar sobre los filibusteros en Santa Rosa provocó una desmoralización en la tropa filibustera. No se lo esperaban. Incluso habían entrado, el mismo 20 de marzo, al territorio nacional matando costarricenses. La derrota de los filibusteros los obligó a huir hacia Nicaragua, desmoralizados. El Ejército Nacional, y sus oficiales y soldados levantaron su moral combativa. El Ejército costarricense les persiguió con el objetivo de sacarlos de Costa Rica, y de fusilar a todo aquel filibustero que se le encontrare en el territorio nacional. Para Walker fue una sorpresa la capacidad combativa de los costarricenses. Llegó a afirmar que había peleado contra tropas extranjeras no costarricenses. La tropa de Walker estaba compuesta de mercenarios, de distintas nacionalidades, por lo que la advertencia del fusilamiento se publicó en una hoja en francés, inglés, alemán y español. Lamentablemente en esa Batalla no se capturaron los principales oficiales y jefes militares filibusteros. El Decreto de su fusilamiento se publicó el 27 de marzo, cuando la tropa se disponía a marchar hacia Nicaragua, a pesar de que el Presidente de Nicaragua, había pedido que no llegáramos. El 28 de marzo la tropa nacional, con el Presidente Juan Rafael Mora al frente ya estaba en Sapoá. Aquí Mora en una Proclama les dice a los nicaragüenses que va a entrar a liberarlos de la situación esclavista en que se encontraban. En Sapoá el Ejército permanece varios días, hasta el 4 de abril, recuperándose y analizando la situación, para avanzar a Peñas Blancas ese mismo día. Ahí habían observado el movimiento de los filibusteros hacia el Río San Juan. Las tropas nacionales las iban movilizando y concentrando en Liberia y en el norte. El 5 de abril tropas filibusteras se habían movilizado, en un movimiento distractor, hacia el Fuerte San Carlos y hacia Castillo Viejo, con la intención probable de invadir Costa Rica por los ríos Sarapiquí o el San Carlos. El 6 de abril el Presidente Mora ya estaba en la Hacienda Santa Clara, y había establecido el objetivo de tomar las ciudad de Rivas. El 7 de abril el Presidente Mora dispuso tomar los puertos de la Virgen, en el Lago, y el de San Juan del Sur, con el ánimo de cortar las comunicaciones a los filibusteros, recibir víveres para el Ejército que se enviaban desde Puntarenas, y facilitar la entrada a Nicaragua. El 7 de abril en La Virgen, parecido a como había sucedido en Santa Roca, en un breve combate se hizo huir a los filibusteros, con algunas bajas. El 7 de abril el Presidente Mora supo que Walker había salido de Rivas y se dispuso entrar a la ciudad. El 8 de abril se tenía controlados los puertos de La Virgen y de San Juan del Sur, donde el Ejército permaneció hasta el 11 de abril que tuvo que desplazarse hacia Rivas a reforzar el combate de ese día. El 8 de abril el Presidente Mora entró a Rivas, donde estableció su Cuartel Principal, e instaló en casas grandes a las distintas tropas que llegaron con él. En Rivas el Presidente Mora de nuevo hace ver a los nicaragüenses que su llegada es para asegurar “la santa causa de la Independencia  de Centroamérica”.

  • La Revista: Pero, en aquél en entonces Walker estaba en Granada ¿cómo es que había logrado establecerse en Nicaragua y de ahí planear sus operaciones militares?

Vladimir de la Cruz: Efectivamente. Estaba cerca. El 9 de abril Walker dispuso atacar  a la tropa costarricense instalada en Rivas. Con casi 1000 hombres se movilizó hacia Rivas. En su avance hacia Rivas, Walker logró obtener información, por capturas que hizo, de la situación del Ejército costarricense en Rivas, lo que le permitió planear su ataque sorpresivamente, con el objetivo de capturar al Presidente Mora. Desde cuatro flancos de ataque planeó Walker su operación militar, por sitios no esperados por la tropa costarricense, que se confundió informativamente del desplazamiento de las tropas filibusteras. Walker conocía mejor la ciudad de Rivas que lo que la conocía la tropa costarricense. El 9 de abril ya el Presidente Mora sabía donde estaba la tropa de Walker en la cercanía de la ciudad de Rivas, pero desconocía las rutas de desplazamiento que iba a usar. El 10 de abril Walker prácticamente esta listo para el ataque.

  • La Revista: ¿Y la Batalla de la Trinidad, cómo se produjo?

Vladimir de la Cruz: En la desembocadura del río Sarapiquí, en La Trinidad, había un destacamento filibustero, que amenazaba con ingresar al territorio nacional, desde allí, e impedir, por otra parte, el control nuestro del río. Para el Presidente Mora era importante  dominar ese lugar y había dado la orden de hacerlo, sobre todo desde cuando se dispuso entrar a Nicaragua, para también debilitar cualquier apoyo que pudieran recibir los filibusteros. Desde finales de marzo se había avanzado en la toma de este sitio. La tropa a cargo de esta misión debía ejercer el control de la desembocadura del Río Sardinal en el Río Sarapiquí. Los filibusteros desde la mañana del 10 de abril se movilizaron para enfrentar a la tropa costarricense, tratando de sorprenderlos, sin lograrlo, donde fueron obligados a replegarse. De nuevo, al igual que en la Batalla de Santa Rosa, por la tarde, los filibusteros fueron derrotados rápidamente. Aquí se distinguió la tropa integrada por soldados alajuelenses.

  • La Revista: ¿Cómo influyó este combate en la Batalla de Rivas, del 11 de abril?

Vladimir de la Cruz:  Imagínese el impacto. Este combate de la Trinidad, del cual Walker debió tener información casi inmediata, se da en la víspera de la Batalla de Rivas. Allí fueron de nuevo derrotados los filibusteros. Eso le debe haber hecho caer la moral combativa, pero al mismo tiempo los hizo más agresivos. Por eso, quizá,  el ataque de Walker se produjo en la noche del 10 al 11 de abril, en la horas de la madrugada cuando inició el combate, el ataque sorpresa. El centro de la ciudad de Rivas se convirtió en el escenario de los combates. Los batallones de soldados costarricenses empezaron a mostrar su valor. Sangrientos fueron los combates, incluso peleando cuerpo a cuerpo, obligando a los filibusteros a replegarse y a refugiarse un grupo de ellos en el llamado Mesón de Guerra, lo que hizo que el campo de combate se definiera de manera que la mitad de la ciudad estaba en manos costarricenses y la otra mitad en manos de los filibusteros. El Presidente Mora ordenó que se movilizaran los destacamentos militares de La Virgen y de San Juan del Sur, para reforzar la lucha.

  • La Revista: El principal Historiador de la Guerra de 1856, don Rafael Obregón, dice que se cometieron errores en el combate. ¿Cómo ve desde su perspectiva el desarrollo de estos sucesos?

Vladimir de la Cruz: Don Rafael, con gran precisión y conocimiento muy detallado de la Batalla de Rivas, relata algunos errores tácticos que se cometieron, como la lucha por rescatar un cañón que se nos había quitado, pero que no tenía en ese momento ningún valor militar para el combate que se esta realizando, donde se perdió la vida de soldados innecesariamente, porque eran fácil blanco de los filibusteros que estaban en el Mesón. Es natural que en combates se puedan producir errores. Otro, por ejemplo, fue haber avanzado con un destacamento hacia Granada el 10 de abril cuando la tropa de Walker había cambiado las rutas de llegada a Rivas, lo que obligó a mover gente para traerse ese destacamento a Rivas, y lo que facilitó su ataque por sorpresa. Se ha dicho también que el hecho de tener tres Generales al frente del Ejército pudo entorpecer las acciones militares. Hubo momentos en el combate que se pensó hasta en realizar una retirada y se tomaron la decisiones para preverla, sobre todo en las primeras horas de la Batalla.

  • La Revista: Se dice que la lucha en Rivas fue intensísima ¿cómo fue el desarrollo militar en ambos bandos?

Vladimir de la Cruz: Tanto que hubo momentos de la Batalla de Rivas que el Estado Mayor Militar no tenía contacto directo con soldados combatientes, que operaban o combatían solos, por su propia iniciativa. En el lado filibustero se agotaron físicamente en el combate muchos de sus combatientes, lo que les bajó su moral de combate, llegando a desconocer órdenes de ataque del mismo Walker. Entrada la tarde llegaron los refuerzos militares de La Virgen. Al iniciar la noche las tropas estaban agotadas. Walker preparó su huida, sobre todo porque se había logrado incendiar el Mesón. Los filibusteros incluso se habían quedado literalmente sin balas. A las doce de la noche del 11 de abril llegaron más tropas costarricenses, de las que estaban en San Juan del Sur. A las cuatro de la mañana del 12 de abril los filibusteros iniciaron su retirada hacia Granada. Casi 24 horas se había combatido, momento cuando los costarricenses dominaban la situación, sin haber capturado a Walker. El 12 de abril, un sábado, fue un duro día para la tropa. El balance de muertos era más de quinientos y casi cuatrocientos heridos. Los filibusteros llegaban casi a los tres cientos muertos.

  • La Revista: ¿Por qué destaca el Mesón de Guerra como eje de los combates, si las tropas de Costa Rica estaban en distintos edificios?

Vladimir de la Cruz: Porque allí se concentraron las tropas filibusteras. Ellos no pudieron rodear los edificios de las tropas costarricenses ni donde estaba el Presidente Mora. Eso facilitó en ese momento el desarrollo de la Batalla, de  que allí se concentrara la atención del combate principal. Se dice que el Mesón de Guerra era el sitio de mejor posición estratégica que habían logrado los filibusteros, grande, con varias salidas por los costados, y era el sitio más cercano a las tropas y al Cuartel General costarricense. La Batalla tenía que definirse en el desalojo del Mesón de Guerra, como ocurrió. Se planeó rodearlo y atacarlo tratando de debilitarle los apoyos logísticos que tenían los filibusteros desde edificios o casas cercanas al Mesón. Sin poder lograrlo del todo se tomó la decisión de quemarlo. Así fue como se planeó la acción de la quema del Mesón, por orden del mismo Presidente Mora. La quema no era fácil porque el edificio estaba muy bien construido, pero con la ventaja de que sus paredes no eran muy altas y las cañas del techo eran alcanzables, como para provocar el incendio. Así se escogió la esquina suroeste del Mesón, que se estimó como el punto más débil de los filibusteros allí metidos.

  • La Revista: ¿Es cierto que se hicieron varios intentos de quema del Mesón, al menos así se desprende de los relatos de la época?

Vladimir de la Cruz: Efectivamente, tres intentos. El primero lo realizó el Teniente Luis Pacheco Bertora, cartaginés, quien en el intentó cayó gravemente herido. El segundo lo hizo el soldado nicaragüense, que peleaba con nuestra tropa, Joaquín Rosales, quien fue mortalmente herido tratando de quemarlo. Rosales incluso provocó un incendio que los filibusteros lograron apagar. El tercer intento fue realizado por el soldado, alajuelense, Juan Santamaría, logró provocar el incendio que no pudieron detener los filibusteros, obligándolos a tomar la decisión de retirarse.

  • La Revista: ¿Los momentos inmediatos al triunfo cómo fueron, teniendo un contexto de desgaste y de débil economía?

Vladimir de la Cruz: Lo  importante fue organizar la parte sanitaria y hospitalaria para atender los heridos y disponer de los muertos. Los médicos Francisco Bastos, Andrés Sáenz Llorente, Cruz Alvarado, Fermín Meza, Carlos Moya, y Karl Hoffman, quien tenía a cargo toda la dirección médica, asumieron esa tarea. A ellos se les sumaron, a finales del mes, los doctores Bruno Carranza y Alejandro Frantzius. El Liberia también funcionó otro hospital. Fueron también días de persecución de filibusteros y de fusilamiento de los que capturaban. Por su parte el Presidente Mora dispuso también fortificar la ciudad de Rivas y la prepararon por si había que reanudar los combates. Se ordenó por parte del Gobierno costarricense enviar 1000 hombres más a Rivas. A finales de abril buena parte de esta tropa ya había llegado.

  • La Revista: ¿Por qué no se persiguió a Walker para eliminar el peligro que él y quienes estaban detrás de él significaba para la soberanía de Costa Rica ?

Vladimir de la Cruz: Porque la tropa costarricense estaba muy agotada, y porque se consideró innecesario y hasta peligroso tácticamente darle persecución, cuando se tenía controlada la ciudad de Rivas, y Walker todavía tenía tropas en la cercanía, por la Virgen y en San Juan del Sur, y barcos en el Lago, y porque apareció el cólera que obligó al retiro.

  • La Revista: ¿Cuándo se supo del triunfo en Rivas?

Vladimir de la Cruz: El 12 de abril en una carta, de esta fecha, dirigida al Ministro de Guerra se le hace ver del combate desarrollado el 11 de abril, donde se combatió por 20 horas, “donde las balas no han dejado de tronar”, pero donde “un nuevo laurel más bello, más hermoso adorna hoy nuestras gloriosas banderas…”

  • La Revista: ¿En esta fase de la guerra contra los filibusteros qué papel jugaron los ejércitos de los otros países centroamericanos?

Vladimir de la Cruz: En la práctica ninguno. Lo van a desempeñar en la llamada Segunda Campaña, cuando se vuelven a reanudar las movilizaciones militares una vez superada la peste del cólera, acciones militares que nos hacen volver al escenario de guerra hasta la rendición de Walker el 1 de mayo de 1857. Justo cuando el Gobierno de Costa Rica se entera del triunfo del 11 de abril, en una carta que hace el Vicepresidente Oreamuno, se pregunta: “Dónde están, pues, los Ejércitos de Guatemala, de El Salvador y Honduras que debían cooperar activa y simultáneamente a la grande obra de exterminar el filibusterismo de Centroamérica y redimir de él al Estado de Nicaragua? ¿En dónde están los valientes y denodados nicaragüenses que solo aguardaban el más pequeño apoyo de Costa Rica para sacudir el yugo ominoso que los oprimía?”

  • La Revista: ¿La peste del cólera cuando se desató y qué impacto tuvo en Costa Rica, más allá de los sucesos militares?

Vladimir de la Cruz: Casi inmediatamente. El propio Presidente Mora da a conocer en una nota que Walker y sus tropas huyendo depositaban, “sepultaron” decía, cadáveres en pozos de la ciudad, que “estaban llenos de muertos”… Walker era médico y sabía como infectar las aguas. Además el cólera como enfermedad y como epidemia ya se conocía. Tuvo un impacto enorme en el Ejército que tuvo que replegarse, regresar a Costa Rica, y con la tropa llegó a la población del país, con consecuencias devastadoras, afectó al 10% de la población de la época, como si ahora el coronavirus matara más de 500.000 costarricenses.

  • La Revista: ¿Para usted cuál fue la clave de la derrota de los filibusteros, cuando todo indicaba que un ejército bien financiado y con apoyo desde el exterior podría derrotar a tropas que lejos de ser improvisadas contaban también con entrenamiento y buen armamento?

Vladimir de la Cruz: Cuando uno estudia la Guerra de 1856 y 1857 quizá lo que más resalta es la visión del Presidente Juan Rafael Mora, que sin ser militar, trazó correctamente la estrategia de tomar la vía del tránsito, que fue la forma de cortarle a los filibusteros sus posibilidades de abastecimiento militar, logístico y de hombres. El fue quien diseñó esa estrategia, no los altos militares que había en el Gobierno. Era ejercer el control del Río San Juan, del Lago y de los puertos de San Juan del Norte y San Juan del Sur. Por eso, me parece, que mi querido Profesor y Maestro, el Historiador, Rafael Obregón Loría, cuando escribió su libro, conmemorativo del centenario de la Campaña de 1856 y 1857, por encargo de la Universidad de Costa Rica, lo tituló “La Campaña del Tránsito”, reditado con otros títulos como “Costa Rica y la Guerra contra los filibusteros”.

  • La Revista: ¿Cómo valora usted las efemérides asociadas a la Guerra de 1856-1857?

Vladimir de la Cruz: La Campaña contra los filibusteros norteamericanos es uno de los episodios más importantes de la Historia costarricense. El propio Presidente Mora en varias ocasiones la destacó como el suceso que aseguraba y afirmaba la Independencia de Costa Rica y de Centroamérica. Los episodios de la Guerra no todos se destacan, por ejemplo, la Batalla de Santa Rosa, del 20 de marzo, o la del 10 de abril, de Sardinal, que fueron en territorio costarricense, casi no se celebran ni se recuerdan en esas fechas, pudiendo tener una gran relevancia la de Santa Rosa porque expulsa los filibusteros del territorio nacional, lo que se afirma en Sardinal. Destaca en el imaginario y en las celebraciones especialmente sobre todo la Batalla del 11 de abril, que se hace girar en la heroicidad del soldado Juan Santamaría en la quema del Mesón, olvidando sin mencionar a los otros dos que lo intentaron, y ocultando en la grandeza de la Guerra Nacional al propio Presidente Mora Porras. Juan Santamaría tiene la riqueza simbólica de que representa al soldado raso, al pueblo. En la celebración usual que se hace de esta epopeya nacional poco se destacan al Presidente Juan Rafael Mora y a los generales Joaquín Mora Porras y José María Cañas Escamilla, y a los otros grandes militares que se distinguieron… La otra fecha, la de la rendición de William Walker, el primero de mayo de 1857, poco se destaca como tal. A esta fecha se le montan, la opacan y la invisibilizan la celebración del Día Internacional de los Trabajadores, el Informe Presidencial a la Asamblea Legislativa y la Elección del Directorio legislativo y de la integración de los directorios municipales.

  • La Revista: ¿No cree que eso sucede porque hemos abolido en Ejército?

Vladimir de la Cruz: No creo que esa sea la razón. Me parece que no ha habido una acción consciente nacional de destacar a los Héroes de esta Guerra Nacional, en parte porque se derrotó a filibusteros norteamericanos. Lo “norteamericano” pesa en el país, y no hay interés de destacar lo que puede simbolizar lo “anti norteamericano”. La abolición del Ejército tiene peso en el imaginario colectivo nacional con mucha fuerza. Los héroes nacionales son héroes, independientemente de si fueron militares o no, sobre todo cuando ese Ejército era una Institución nacional y cuando cumplió ese papel heroico. También porque a Mora y a Cañas los fusilaron y eso produjo un trauma nacional en todo sentido, que aún no se ha superado en la conciencia nacional. No se ha hecho el Funeral de Estado para el Presidente Juan Rafael Mora Porra y  para cerrar parte de ese capítulo.

  • La Revista: Pero hoy se habla más del Presidente Mora, e incluso entendemos que hay un grupo de personas que se han organizado en torno a su figura histórica, aún existiendo polémica en algunos sectores.

Vladimir de la Cruz: Sí claro. Dichosamente así es. Mucho se debe al esfuerzo que ha puesto Armando Vargas, a la Academia Morista Costarricense y a la Tertulia 1856, que han venido haciendo una obra de rescate y de divulgación, principalmente del Presidente Juan Rafael Mora Porras, y de la revisión y discusión que pueda desarrollarse alrededor de todos los acontecimientos de esta egregia figura, como de los otros grandes personajes de la Campaña y de los mismos eventos de la Guerra Nacional. Igualmente, destaca en esto el gran pintor costarricense, Manuel Carranza, que maravillosamente ha logrado hacer ya una gran obra pictórica alrededor de la figura del Presidente Mora y de los principales acontecimientos de esta Guerra Nacional.

  • La Revista: ¿Se corren riesgos respecto a los Héroes nacionales si se popularizan mucho?

Vladimir de la Cruz: No. Del todo no. Creo que hay que estimular mucho la discusión de todos los que consideremos héroes y personajes nacionales. Esto nos falta a nosotros como cultura. Los héroes y estos personajes finalmente también son personas de carne y hueso, no son dioses. Tienen virtudes y defectos. Se les debe estudiar y discutir en todas sus dimensiones y en su momento histórico. Solo así los apreciaremos y valoraremos mejor.

  • Entrevista realizada, por Eugenio Herrera al historiador y miembro del Consejo Editorial de La Revista.CR, Vladimir de la Cruz

 

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