Vladimir de la Cruz: El Acta de Cartago del 29 de octubre de 1821 como Acta de Independencia

Así empezamos nuestros primeros pasos iniciados de Libertad, Autonomía, Independencia y Soberanía, con el Acta de Cartago del 29 de octubre de 1821.

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Vladimir de la CruzHistoriador y politólogo. 

(Intervención del Historiador Vladimir de la Cruz, en la Sesión Solemne Extraordinaria, de la Municipalidad de Cartago, el miércoles 29 de octubre del 2014, con motivo de la celebración del 193 aniversario de la 
Declaración de Independencia de Costa Rica originada por el 
Acta de Independencia, aprobada en Cartago, el 29 de octubre de 1821)

En esta fecha se celebra el 193 aniversario de la Declaratoria de Independencia de Costa Rica, proclamada en la mañana del 29 de octubre de 1821, en la ciudad de Cartago, entonces, capital y sede de la Gobernación y de la Provincia de Costa Rica.

Desde 1492 España se había apropiado, por la violencia, de las tierras del continente americano, e impuesto en ellas su dominación.

La presencia española impuso una época de 300 años de historia marcada por la violencia.

Las formas más relevantes de esta violencia fueron:

a.- La violencia económica, mediante la cual España se apropió de las tierras encontradas por los españoles, expropiando de ellas a quienes naturalmente las habitaban y trabajaban, que eran nuestros aborígenes americanos, nuestras comunidades indígenas autóctonas.

Con este proceso impusieron una nueva forma de propiedad, no conocida entonces, que era la propiedad privada sobre las tierras, que pasaban a ser propiedad del Rey de España, tierras reales o realengas también llamadas. Y, a los pueblos, hombres y mujeres, del continente, que trabajaban estas tierras para ellos mismos, los sometieron y obligaron trabajar las tierras a partir de entonces para los españoles, es decir, para otros.

Así surgió un modelo de violencia laboral, de organización del trabajo, por el cual hombres y mujeres trabajan, en propiedades o tierras que habían sido de ellos, produciendo riqueza para otros, no para sí mismos.

b.- La violencia política. Con ésta España impuso su autoridad, poder y gobierno. Con ello impuso también sus estructuras e instituciones políticas, que en el curso de los años fueron desarrollándose con las particularidades de las distintas realidades sociopolíticas del continente.

Esta violencia política eliminó las autoridades indígenas, acabó con los cacicazgos y reinos indígenas, no admitió ni reconoció las autoridades indígenas y obligó el sometimiento y obediencia de todos los habitantes del continente a las autoridades españolas.

c.- La violencia jurídica, expresada por las leyes españolas, con la cual justificaron todos los actos que realizaban los españoles, la expropiación de tierras, el sometimiento de las comunidades al trabajo colonial y la obediencia a la autoridad española, sometiendo a castigos y penas, y hasta la muerte, a quienes se negaran a acatar lo dispuesto por esta legislación, violencia y poder impuesto.

d.- La violencia militar, que se expresó en el uso de armas, y medios de guerra no conocidos por las comunidades indígenas, como fueron las armas de hierro y de metal, la pólvora y los caballos, y el terror y muerte que impusieron, a sangre y fuego, para someter las comunidades que se negaban a perder sus tierras, a someterse a las nuevas condiciones laborales, a aceptar la imposición de las autoridades políticas españolas y a acatar la leyes españolas.

e.- La violencia religiosa, que resultó con la imposición de la religión católica, apostólica y romana que profesaban los reyes españoles, prohibiendo los cultos naturales y mágico religiosos que practicaban las culturas aborígenes americanas, procurando borrar, hasta donde fuera posible, sus manifestaciones culturales, desde la destrucción de templos y elementos religiosos, construcción de templos católicos sobre los indígenas, y la eliminación física de sacerdotes indígenas.

La violencia religiosa adquirió la forma de la evangelización y de la salvación de almas para el cristianismo, en medio del conflicto de religiones que se vivía en Europa y Asia.

Fue la violencia religiosa la justificación moral de la conquista y la colonia española, en tanto la dominación física se acompañaba de la dominación espiritual en nombre de la salvación de las “almas” sometidas, que resignadamente aceptaran su nueva condición.

f.- La violencia social, que permitió diferenciar e identificar al conquistado con el conquistador, al dominado con el dominador.

Con ésta se diferenció la población americana entre los españoles y los no españoles, indios, luego negros y sus respectivas mezclas. Y, dentro de los españoles se diferenció a los nacidos en España, llamados peninsulares y a los nacidos en América, de padre y madre española, llamados criollos, creándose una sociedad violenta por este origen social, bien estratificada y estamentada, estando en la parte superior los blancos peninsulares españoles.

Firma y jura de la independencia de Costa Rica, Cartago 29 de octubre 1821 (Archivo Nacional)

También este modelo de violencia se orientó a la identificación entre el dominado y el dominador. Le imponen a las culturas aborígenes la lengua española, la vestimenta española y comidas españolas, de manera que quien hablaba, se vestía, comía, y rezaba como los españoles se parecía, identificaba o “igualaba” a los españoles.

Se procuraba de esa manera borrar las diferencias resultantes de la dominación y exclusión política. Quienes ejercieron los puestos de Autoridad y de poder fueron fundamentalmente los peninsulares.

Así, durante poco más de 300 años se impuso el dominio español en América.

A medida que el territorio continental fue siendo explorado, conocido y sometido, y sus pueblos también, España dispuso dividir, para una mejor administración, sometimiento y dominio, los territorios.

Así desarrolló primero dos grandes Virreinatos, el de Nueva España o de México (1535) y el de Perú (1542) y más tarde dos más, el de Nueva Granada o Colombia (1717-1723 y desde 1739), y el del Río de la Plata (1776).

Los virreinatos constituyeron la expresión superior del dominio político, territorial y administrativo de España en América, obligados a asegurar la presencia autoritaria española.

En el caso costarricense pertenecimos al Virreinato de México que se había establecido en 1535, siendo el más importante de ellos.

España impuso una organización monopólica en todos los órdenes. Monopolio del Poder, representado en los Reyes de España. Monopolio de la religión, la católica como exclusiva de la región. Monopolio del Derecho, que era la voluntad de los reyes expresada en leyes españolas con las formas que desarrolló en América para atender las situaciones particulares de los virreinatos. Monopolio de puertos para comerciar y trasladar personas desde América hacia España y desde España hacia el continente. Monopolio de empresas comerciales, e impuso organismos reguladores de carácter continental como fueron la Casa de Contratación de Indias, el Consejo de Indias, el Consejo Real y Supremo de Indias, la  Real Compañía Quipuzcoana, de Caracas.

En América los virreinatos, durante su existencia, fueron divididos para su mejor administración, en Capitanías Generales, Gobernaciones, Audiencias, Intendencias, Corregimientos, Comandancias, Provincias, Alcaldías Mayores y Menores, Partidos, como el de Nicoya, a cuyo frente se ponían autoridades, generalmente de origen español o peninsular. Los gobernadores realizaban funciones administrativas, legislativas y judiciales.

Dentro de estas estructuras funcionaron los Cabildos y Ayuntamientos como la base política de la organización colonial.

En 1543 se creó la Audiencia de los Confines o de Guatemala.

A finales del siglo XVIII las Reformas borbónicas modificaron algunas estructuras administrativas de la dominación española, incluido el Virreinato de México donde se desarrollaron Intendencias, de ellas cinco en Guatemala.

En el curso de la vida colonial los criollos llegaron a dominar, con su presencia, las actividades económicas, y a tener influencia política en las estructuras de gobierno, exigiendo libre comercio con otros Estados europeos, sin dejar de ser colonias españolas, situación que España no aceptó lo que condujo a los criollos a impulsar movimientos de independencia, como una de sus causas, para poder tomar decisiones propias.

En el Virreinato de México la lucha final por la Independencia se desarrolló a partir de 1809 cuando fracasó la llamada Conspiración de Querétaro. Un año más tarde, el sacerdote Miguel Hidalgo, el 16 de setiembre de 1810, se subleva y muere cuatro meses después cuando es derrotado.

En 1813 otro sacerdote, José María Morelos, redacta en 1813 la Declaración de Independencia de México y redactan la Primera Constitución de México, la de Apatzingán. En 1815 también fue ejecutado Morelos, quien había sido derrotado en su lucha.

En 1817 nuevas sublevaciones se dan en México, que también fueron derrotadas.

En 1821 Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide firman su Plan de Iguala o de las Tres Garantías, con el que logran imponerle al Virrey Juan O Donojú el Tratado de Córdoba, el 24 de agosto de 1821, con el que se declara la Independencia de México. Este plan rechazado por España impulsa en México la rebelión político militar.

Oaxaca, Chiapas se convulsionan con estos sucesos. Comitán declara la Independencia el 1 de setiembre, Ciudad Real, actual San Cristóbal, y Tuxtla lo hicieron el 3 y el 5 de setiembre. El 6 toda la Provincia lo había hecho.

Los sucesos de Chiapas impactan directamente a Centroamérica. La noticia de la Independencia de Chiapas llegó a Guatemala el 13 de setiembre.

En mayo de 1822 Iturbide se declara Emperador y ejerce el cargo hasta el 19 de marzo de 1823 en que renuncia, restableciéndose el Congreso Constituyente que proclama la República, en noviembre de 1823.

Mientras tanto en Centroamérica, en 1808, el estudiante costarricense, de medicina, en la Universidad de San Carlos de Guatemala, lanza el primer grito de Independencia, por el que fue detenido.

Desde entonces hasta 1821 Pablo Alvarado y Bonilla se convirtió en un agitador y organizador de la causa independentista centroamericana. Su lucha fue conocida en Costa Rica y el gobernador Tomás de Acosta llegó a solicitar a las autoridades guatemaltecas que no enviaran a Costa Rica a Pablo Alvarado.

Pablo Alvarado, reconoció en un documento por él elaborado  donde dice que fue “ el primero de toda la monarquía española que caí en estas cárceles el quince de setiembre de ochocientos ocho, por la Libertad de América”.

Igualmente, otros sucesos se producen en esos años en Centroamérica de protestas y de luchas contra la dominación española, en correlación a las que se daban en México y en Sur América.

Eran luchas locales en los distintos territorios del Reino de Guatemala que afirmaron, posteriormente, su anhelo y determinación por la Independencia.

Eran protestas contra los abusos y arbitrariedades de las autoridades españolas, contra la política tributaria, contra los estancos, los estanquillos y las limitaciones comerciales.

Así se dieron en El Salvador movimientos, dirigidos por Manuel José Arce, en noviembre de 1811, inspirados en los sucesos independentistas de México.

La lucha de los salvadoreños motivó a otros pueblos en su ejemplo. Le siguieron en Zacatecoluca y Santiago Nohualco, Usulután, Chalatenango y Metapán. Durante 28 días el pueblo gobernó San Salvador.

Los sucesos de El Salvador movilizaron las milicias españolas desde Chiapas hasta Costa Rica.

En 1814 de nuevo se realizaron sublevaciones en El Salvador.

En Nicaragua, en las ciudades de León, Granada y en la actual ciudad de Rivas se dieron movimientos parecidos en 1811.

En Honduras hubo motines en 1812 y en Guatemala en diciembre de 1813 se produce la llamada Conspiración de Belén, con participación de frailes.

En Costa Rica los sucesos de Nicaragua tuvieron resonancia en Liberia y Nicoya, donde hubo levantamientos similares a finales de diciembre de 1811, y donde se intentó formar una Junta de gobierno.

En San José también hubo incidentes, lo mismo que en Alajuelita, y en Cartago hubo peticiones para que se eximiera de pagos al Ayuntamiento y se abrieran los potreros cerrados del Ayuntamiento.

Las ciudades leales a la Corona española, en este período, recibieron el título de “Muy Noble y Muy Leal”, como también lo recibió Cartago.

Mención especial merece el costarricense Pablo Alvarado Bonilla. Se reconoce en él al primer insurrecto por la Independencia en Centroamérica.

Joven de 23 años, de ideas republicanas. Era cartaginés, nacido en 1785, de uno de los últimos Alcaldes de Cartago, Tomás de Alvarado y de María del Rosario Bonilla de Laya y Bolívar. Su padre posteriormente fue Teniente Gobernador de la Villa Nueva de la Boca del Monte, actualmente San José. Su familia era numerosa, compuesta por nueve hermanos. Compartía anhelos políticos con uno de ellos, con José Antonio, quien se dedicó al sacerdocio y también fue diputado al Congreso de la República Federal Centroamericana, igual que Pablo, también diputado.

Pablo Alvarado mostró interés por la educación desde niño. No teniendo oportunidades de estudiar Medicina en Costa Rica fue enviado en 1807, por su familia a Guatemala, donde abrazó la causa de la Independencia.

Su lucha y compromiso, sus pasajes por la cárcel y las detenciones, hizo que se graduara de Médico hasta 1823.

Desde Guatemala siempre pensaba en Costa Rica. Nunca estuvo desligado de este suelo.

Con motivo de la proclamación del Acta de Independencia de Guatemala, de 15 de setiembre de 1821, Pablo Alvarado envió un Manifiesto “A los costarricenses”. Y, durante el proceso de la proclamación de Independencia de Costa Rica estuvo ligado, y muy de cerca, a los sucesos que la iban definiendo.

Cuando regresó a Costa Rica, después de dejar la Diputación Federal, se dedicó a la medicina hasta su muerte en 1850.

A las luchas propias de México y de Centroamérica por la Independencia no le eran ajenas las luchas emancipadoras en el resto del continente. Se conocían y se divulgaban su noticias.

Los movimientos independentistas de las colonias inglesas, la Revolución Francesa, las rebeliones indígenas, la resistencia de los criollos americanos ante los peninsulares gobernantes, la Independencia de Haití de 1804 y la agitación que produjo en el Caribe contribuían en el ánimo liberador.

Las doctrinas políticas liberales de los siglos XVII y XVIII penetran fuertemente en América y en Centroamérica. No es casual que la primera Constitución Política, recién proclamada la Independencia, se titule “Pacto Social Fundamental” o “Pacto de Concordia”, evocando las ideas contractualistas y constitucionalistas de Hobbes, Locke, Russeau, Bodino. Con ellas empieza a forjarse la idea del ciudadano sobre el súbdito, de los Derechos y Libertades sobre el vasallaje, la servidumbre y el esclavismo, de la idea del poder civil sobre el teocrático, de la idea del pacto y el contrato social sobre el designio divino para el nombramiento de las autoridades políticas o gobernantes.

En América frente a la libertad comercial originalmente solicitada, pero negada, solo quedaba el camino de la resistencia política. Solo así se podían tomar decisiones propias.

Los criollos asumen este papel conductor de los grupos sociales excluidos y de los marginados de la colonia que lograr atraer a la causa independentista.

Curas, frailes y sacerdotes también se vinculan a estas luchas y movimientos y no en pocas ocasiones los dirigen.

Los sucesos de ocupación francesa en España provocan en la Península, y en América, las Juntas y los movimientos independentistas en España contra la dominación francesa, que como en un espejo sirvieron también a la causa de la lucha contra la dominación española en América. Si se justificaba la lucha contra la dominación francesa y extranjera en España se justificaba la lucha también en América contra a dominación española.

Resultante de la ocupación francesa de España se produjeron la Cortes de Cádiz, en la que estuvo el sacerdote costarricense Florencio Castillo y quien allí desempeñó un papel muy importante.

Por la Constitución allí aprobada en 1812 se realizó una nueva división administrativa colonial surgiendo Diputaciones Provinciales, en el caso de México, fueron creadas 17, haciendo desaparecer prácticamente las Capitanías Generales.

Nicaragua, Costa Rica y el Partido de Nicoya se constituyeron en una Diputación Provincial con sede en León de Nicaragua. Costa Rica, al mismo tiempo, ya era reconocida como una región muy independiente administrativamente de Guatemala y de Nicaragua.

Este fue el entorno de los sucesos independentistas en América, en México y en Guatemala.

Los sucesos de México llegaron en noticia a Guatemala. En Chiapas, parte de la Capitanía General de Guatemala, la noticia corría hacia Guatemala.

El 15 de setiembre, con conocimiento de esta situación y del ambiente existente en Guatemala, se dispuso Declarar la Independencia de Guatemala, la que se debía comunicar al resto de las Provincias, y pueblos de Centroamérica, para que dispusieran de conformidad, haciendo estallar la Independencia en el resto de la región.

Así, el 21 de setiembre El Salvador confirmó su Independencia, el 28 lo hicieron Honduras y Nicaragua ambiguamente, primero, con su decisión “hasta que se aclararen los nublados del día” y el 11 de octubre, la declaró de manera definitiva.

El 26 de octubre el Partido de Nicoya acordó “que se proclame y jure pública y solemnemente la Independencia Absoluta del Gobierno Español”.

En Costa Rica la noticia había llegado el 13 de octubre. Inmediatamente se ordenó que fuera conocida en los pueblos, que debían nombrar delegados para reunirse en Cartago el 29 de octubre y tomar la decisión definitiva.

Así se fue haciendo. El 28 en la noche estaban todos los delegados. José Santos Lombardo desarmó esa noche a la autoridad colonial española con el propósito de que no fuera actuar contra lo que se dispondría el 29 y para defender, con las armas en la mano, la proclamación de Independencia, que ya se sabía se iba a tomar.

En Cartago la discusión de la Independencia que se realiza convoca en reunión de “un Cabildo abierto y extraordinario” y “el Muy Noble y Leal Ayuntamiento de esta ciudad”.

En la mañana del 29 de octubre en Cartago, los representantes de los Ayuntamientos acuerdan “que se publique, proclame y jure solemnemente el jueves 1 de noviembre la Independencia Absoluta del Govierno Español”.

Este acuerdo se ordenó jurarlo en las distintas comunidades y ayuntamientos, lo que se realizó en los días siguientes hasta mediados de noviembre.

El Acta de Independencia de Costa Rica, como debemos reconocer, exaltar y conmemorar, es la de Cartago del 29 de octubre de 1821.

En ella se expresa la voluntad de romper el vínculo colonial y dependiente de España, el de Guatemala y la Diputación de León de Nicaragua, con quienes teníamos una situación de dependencia administrativa y política colonial.

Tomada la decisión de Independencia se acordó que se jurara en los pueblos. Así se hizo en los días siguientes en que se fue afirmando la Independencia.

El 12 de noviembre San José y Alajuela declaran desconocer la autoridad interina del gobernador colonial que seguía ejerciendo, y nombrar la Junta de Legados de los Pueblos, que fue, el primer gobierno de carácter nacional de la Provincia de Costa Rica, al tiempo que se ordenó redactar la Primera Constitución, ya en período independiente, el 1 de diciembre de 1821, que es la denominada “Pacto Social Fundamental Interino de Costa Rica o Pacto de Concordia”, con lo cual iniciamos el camino de la construcción republicana y democrática nacional, con Declaración de Independencia del 29 de octubre, con una Junta de Legados de los Pueblos, como gobierno conductor interino, con una Constitución propia, y otra Junta que surgió este 1 de diciembre.

Así empezamos nuestros primeros pasos iniciados de Libertad, Autonomía, Independencia y Soberanía, con el Acta de Cartago del 29 de octubre de 1821.

Pablo Alvarado y Bonilla, refiriéndose a los sucesos del 29 de octubre de 1821, en una carta que dirigió a los Ciudadanos de Costa Rica, manifestó:

“…sois ahora los dueños del gobierno…” […] pues que la soberanía está en los pueblos y no en ningún hombre ni corporación particular, reasumid vuestra autoridad primitiva dada por el supremo autor de la sociedad y legislador de todos los hombres; elegid vuestras autoridades en esta provincia y uníos a las demás del reyno que os convidan para formar un gobierno federativo, a la que más os convenga y fuere vuestra soberana voluntad”.  (En: Cartas en la Revista del Archivo nacional 1-2, nov-dic 1936. Paga 105-106).

El Acta de Cartago fue de rompimiento con lo que significaba el orden colonial español, la monarquía española.

Era, sin lugar a dudas, un pronunciamiento que acababa con la dominación política española de 319 años, desde que Colón llegó a las costas caribeñas de Limón.

Era el rompimiento definitivo con México, Guatemala y con la Diputación de León, como expresión colonial española, con quienes habíamos tenido vínculos coloniales de dominación y dependencia.

La decisión tomada iniciaba, al mismo tiempo, un desgarre en la sociedad nacional que nacía, entre los que querían la Independencia absoluta y los que impulsaban la Independencia como parte federal del Imperio Mexicano, que ya era independiente, lo que se refleja en el Acta de Cartago del 29 de octubre de 1821, al declarar la Independencia de Costa Rica, disponiendo igualmente observar la Constitución y las Leyes que promulgue el Imperio Mexicano, lo que ha dado pie a desvalorizar lo acordado en Cartago.

México ya no era el centro virreinal español, no representaba la monarquía, el antiguo régimen, ya había declarado su Independencia de España, se encaminaba, según las noticias, hacia el Imperio, encabezado por Iturbide.

Los que en Cartago, y en Costa Rica, se pronunciaban por adherirse al Imperio mexicano no lo hacían por la Monarquía española, lo hacían dentro de los conceptos federalistas, de tipo independentista que también se construían en el continente.

La anexión al Imperio era una postura por la Independencia regional, de carácter federalista. Por eso, también, afirmando la decisión de Independencia del 29 de octubre tomada en Cartago, el Congreso Provincial de Costa Rica, en 1823, “envió copia original al emperador mexicano Agustín de Iturbide, en la que ratifica el 29 de octubre de 1821 como la fecha de Independencia de Costa Rica”.

Su expresión superior se alcanzó cuando Costa Rica dispuso integrarse en el proyecto de las Provincias Unidas de Centroamérica, la República Federal Centroamericana, ya sin Imperio Mexicano, y superada la Guerra de la Liga, de 1823, que afirmó el camino independentista y republicano del país.

Los firmantes del Acta de Independencia de Costa Rica, de 29 de octubre, fueron: Juan Manuel de Cañas (Gobernador), Pedro José Alvarado, José Joaquín de Alvarado, José Mercedes Peralta, José Santos Lombardo, Gregorio José Ramírez, Cypriano Pérez, Nicolás Carazo, Joaquín Oreamuno, Pedro José Carazo, Narciso Esquivel, José Antonio Echandi, Manuel María Peralta, José María Peralta, Santiago Bonilla, Manuel García Escalante, Rafael Francisco Osejo, Juan de los Santos Madriz, Bernardo Rodríguez, Manuel de la Torre, Salvador Oriamuno, Juan José de Bonilla, Francisco Sáenz, Tranquilino de Bonilla, Visente Fábrega, Miguel de Bonilla y Joaquín Carazo.

¡Gloria eterna al cartaginés Pablo Alvarado Bonilla, Prócer de la Independencia!

¡Gloria a los Próceres firmantes del Acta de la Independencia de Costa Rica, el 29 de octubre de 1821 en Cartago!

 


Vladimir de la Cruz
Político, historiador, profesor universitario y ex embajador de Costa Rica en Venezuela. 
Fue candidato presidencial del partido izquierdista Fuerza Democrática en tres ocasiones.

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