Vladimir de la Cruz: El escabroso camino hacia el primer domingo de abril

Los actuales votantes, electores, y los posibles abstencionistas, tenemos en nuestra conciencia la posibilidad de hacer la mejor escogencia entre los dos candidatos que hay para la Presidencia de la República.

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Vladimir de la CruzHistoriador y politólogo.                                                    

El escenario electoral, hacia el primer domingo de abril, lo que conocemos como la segunda ronda electoral, para definir quién gobernará Costa Rica en el período 2022-2026, está marcado con dos candidatos y por dos partidos políticos.

Un candidato, José María Figueres Olsen, curtido en las luchas políticas y político electorales. En las políticas porque lo trae de su padre, don Pepe, José Figueres Ferrer, Presidente de la Junta de Gobierno, 1948-1949, y dos veces Presidente constitucional, 1953-1958 y 1970-1974 y de su familia, cuyos miembros han participado de distintos puestos públicos en varios gobiernos. En las político electorales porque empezó su vida política participando del Gobierno de Oscar Arias Sánchez, 1986-1990, junto con su hermana Muny Figueres, ambos como Ministros. Más tarde como Ministra se sumó una sobrina suya, Dyalá Jiménez Figueres, brillante exalumna mía, y su propio hermano Mariano muy ligado al gobierno de Luis Guillermo Solís del Partido Acción Ciudadana. Luego, él, José María, como candidato y presidente del período 1994-1998. Volvió a la política electoral en el 2017 donde intentó liderar al Partido Liberación Nacional para la campaña electoral del 2018, y mantuvo su pie puesto en el acelerador imponiéndose como el candidato presidencial para estas elecciones del 2022. A su experiencia política agregó una rica y gran experiencia en organismos internacionales, de carácter mundial, que le han permitido relacionarse con el gran mundo económico y financiero. José María representa una familia vinculada a la política nacional desde 1942, cuando su padre fue expulsado de Costa Rica, lo que lo insertó en la política de aquella década.

El otro candidato, Rodrigo Chaves Robles no tiene pasado político electoral ni experiencia en ese sentido, en el país ni fuera de Costa Rica. Su inicio en las faenas políticas las inició con el actual gobierno cuando fue llamado, o invitado, a dirigir el Ministerio de Hacienda, por pocos meses. Su experiencia profesional, como economista, era muy rica y reconocida en el Banco Mundial, donde le tocó atender tareas y programas en varios continentes, con proyección según él mismo ha dicho, a más de 40 países. El inicio de su ejercicio ministerial lo llevó a enfrentarse a funcionarios, mandos medios, que calificó de mediocres e ineficientes, a quienes les pidió su renuncia y los separó de sus funciones, y a ciertos sectores nacionales que se vieron más amenazados que afectados con ciertas políticas hacendarias que quiso impulsar, lo que finalmente le llevaron a dejar el Gobierno.

Rodrigo Chaves no responde a una familia de trayectoria política nacional, lo que no le tacha para ser candidato ni para participar en la política actual. Fuera del Gobierno inició su ingreso a la vida política, con ánimo de postularse como candidato presidencial. Hizo contactos con diferentes grupos, unos se le alejaron y otros le apoyaron, y finalmente izó las banderas del Partido Progreso Social Democrático, convirtiéndose en un candidato nuevo, primerizo, lo que algunos llaman un outsider.

Inició su lucha electoral con esfuerzo, como todos los candidatos lo hacen, y rápidamente por su estilo fue levantándose como uno de los principales candidatos hasta quedar clasificado entre los ocho, de los 25 que participaban, que fueron escogidos, desde el inicio, por los sectores empresariales y económicos, y por los medios de comunicación para participar en debates, lo que le empezó a dar relevancia y conocimiento nacional.

Para mí fue interesante que Rodrigo Chaves enarbolara la bandera Social Democrática, que parecía que era patrimonio exclusivo del Partido Liberación Nacional, que siempre se había definido como un partido socialdemócrata, que era parte de la Internacional Socialista, socialdemócrata, que enfrentaba, en ese plano, a los partidos comunistas y de izquierda, socialistas y marxistas, nacionales de cada país.

El partido Liberación Nacional de esta manera se desarrolló, desde su nacimiento en 1951, en el marco de la guerra fría, 1945-1990, como el Partido Socialdemócrata de Costa Rica. Preparaba sus dirigentes políticos desde la juventud en la capacitación teórica e ideológica, en su Centro de la Catalina, en Barva de Heredia. Allí prepararon también dirigentes sindicales y de los distintos frentes de lucha que tenía el Partido Liberación Nacional. El Partido Unidad Social Cristiana también tenía sus centros de capacitación en esos años, y la izquierda costarricense también lo hacía. Ambos partidos lo hicieron también con apoyo internacional de esas corrientes políticas, teóricas o ideológicas.

Liberación Nacional desde 1953 se ha convertido en el partido más viejo, el de mayor experiencia gubernativa. Desde 1953 hasta hoy han habido 17 gobiernos, de los cuales nueve los ha dirigido Liberación Nacional, seis la Unidad Social Cristiana y dos Acción Ciudadana. Lo bueno logrado en el país, como políticas de gobierno, en ese tanto, se ha debido a Liberación Nacional. Lo malo que podría acusarse también. Pero nadie podría dudar que en el desarrollo histórico que se va construyendo cotidianamente hay sobre aspectos negativos un progreso social y económico cada vez mejor.

El Partido Progreso Social Democrático no tiene ninguna experiencia de dirigir un gobierno ni de tener diputados en períodos anteriores. No es un pecado porque es una fuerza política nueva. Esa fue su sorpresa electoral.

Ya Costa Rica ha tenido la experiencia de tener en gobierno a una fuerza relativamente nueva como lo era el Partido Acción Ciudadana, cuando asumió gobierno en el 2014 y en la coyuntura del 2018 se le volvió a encomendar la tarea de la dirección nacional, lo cual quedó expresado en el resultado de estas elecciones cuando Acción Ciudadana no sacó ni un diputado y prácticamente desapareció del escenario político electoral. Decepción total de sus dos gobiernos. Su experiencia política la había desarrollado eligiendo diputados antes de llegar a gobierno. Y como gobierno tuvo 14 y 10 diputados de 57 que tiene la Asamblea Legislativa, lo que dificultó su labor en sus dos gobiernos.

Esta sombra es el reto para el Partido Progreso Social Democrático en caso de llegar a gobierno en abril, ya que de manera parecida al Partido Acción Ciudadana tendrá nueve diputados, uno menos de los que ha tenido el partido Acción Ciudadana.

Las tendencias neoliberales desde el punto de vista económico surgieron en la década de 1970 al calor de la llamada Escuela de Chicago y el experimento que se implantó en Chile con la dictadura de Pinochet. Hoy tienen expresión estas tendencias en partidos políticos disputando gobiernos. El Partido Progreso Social Democrático de Rodrigo Chaves es una de estas expresiones, no solo en el campo de sus políticas económicas sino también de sus planteamientos políticos en torno al Estado, el gobierno y los funcionarios públicos por señalar unos aspectos. Rodrigo Chaves, como parte de su diseño estratégico de campaña, de presentarse como autoritario, con fuerza para poder dirigir el país, ya ha hecho planteamientos de este tipo, jugando con fuego, alentando a aquellos que desean un gobernante autoritario, alejado de la democracia y del respeto de las libertades y derechos constitucionales. “Gobernar por Decreto y por Referéndum”, sabiendo que no tiene ningún poder legislativo por el número de sus diputados, y sin conocer claramente lo que eso significa institucional, lega y constitucionalmente.

La caída del mundo socialista 1989-1991, la desaparición del esquema de la guerra fría, y la misma desintegración de la URSS condujeron a un descalabro mundial de los partidos comunistas, socialistas marxistas, y de los que luchaban de una u otra manera por un mundo socialista contrario al capitalista, lo que hizo bajar la intensidad de la lucha política electoral contra estos partidos, y bajó la preparación de esos otros partidos, como los socialdemócratas, en la preparación de cuadros y dirigentes políticos, como se hacía antes de 1990. Surgieron nuevas expectativas y nuevas formas de organización, y también surgieron nuevos dirigentes sociales y políticos.

El mundo empezaba a diseñarse en el período de la post Guerra Fría como el mundo de la Globalización Mundial, de hegemonía capitalista prácticamente en todos los extremos. Las políticas económicas mundiales se impulsaron por organismos internacionales con mayor fuerza, que en el período anterior. A nivel local los Tratados de Libre Comercio, desde 1990 se impusieron como parte del modelo de desarrollo económico que hoy nos marca nuestra inserción en el mercado internacional. Los organismos internacionales tienen más presencia en la definición de ciertos campos de las políticas nacionales.

José María Figueres y Rodrigo Chaves son parte de este enjambre de situaciones que vivimos con fuerza en este siglo XXI, con diferentes proyecciones y experiencias, que nos tienen a los costarricenses en la disyuntiva de escoger entre ellos al próximo Presidente de la República.

Rodrigo Chaves está arrebatándole la bandera social demócrata al partido Liberación Nacional. Lo dijo muy claramente, que él representaba la social democracia del siglo XXI. Esto es lo último que le podía faltar a este partido, a Liberación Nacional, quedarse sin banderas. La Bandera verde y blanco de Liberación Nacional en las campañas del 2014 y del 2018 la arrieron. La llegaron a sustituir en su propaganda al hacer publicidad en fondos negros. Actualmente, José María Figueres rescató la bandera verde y blando, pero, a mi modo de ver, sin contenido político.

En una guerra o una batalla quedarse sin la Bandera es perder la guerra o la batalla. ¿Está así el Partido Liberación Nacional? ¿Sin Bandera? ¿Sin ideario político socialdemócrata? ¿Es el Partido Progreso Social Demócrata la nueva alternativa de los socialdemócratas costarricenses? ¿La parte social de esta posición política quien la enarbola? ¿Los sectores sociales, clases medias, profesionales, campesinos, pequeños y medianos productores, cooperativistas, las mujeres y los jóvenes organizados, y los trabajadores sindicalizados que Liberación Nacional tenía, dónde quedaron?

El desarrollo económico y social del país en estas últimas décadas ha venido deteriorando gravemente a estos sectores sociales, ha disminuido la calidad de vida, las oportunidades de movilidad y ascenso social se truncaron, el desempleo aumentó, la pobreza y la pobreza extrema se agudizó, y no solo por la pandemia. A la clase media, gloria política del Partido Liberación Nacional, la están despedazando y empobreciendo, con la indiferencia de este Partido y con la complacencia de sectores internos de Liberación Nacional.

Hacia el futuro la marca hacia la población trabajadora es la disminución de ingresos y salarios, el aumento del tiempo de trabajo y la reducción de las pensiones, es poner techos cada vez más bajos a la posibilidad de aumentos de salarios y pensiones, es poner límites a los ascensos y la movilidad social, es provocar más hambre en mayores sectores sociales…pero es hacer surgir la condiciones para mayores y graves confrontaciones sociales. La gente que todo lo ha perdido nada tiene que perder en grandes luchas y confrontaciones sociales…hacia allí vamos.

El próximo Presidente tiene que atender estas situaciones. Esa es su responsabilidad política y social, pero también es su compromiso patriótico en la tarea que le tocará encabezar a partir de mayo próximo. ¿Cuál de estos dos candidatos estará en mayor capacidad de atender estas situaciones y de comprometerse con los sectores sociales más que con los empresariales, los financieros y los que tradicionalmente se han venido enriqueciendo desde el Poder y desde los distintos Gobiernos? Este panorama no está claro en este momento.

El país no está para nuevas improvisaciones de gobiernos, para inexperiencias en la gestión gubernativa. El Partido Liberación Nacional, al día de hoy, se siente débil, sin organización fuerte, da la sensación de estar fragmentado internamente en los aspectos de dirección de la campaña en la segunda ronda. Peor aún, da la sensación de que en su interior hay grupos, o personas muy influyentes, interesadas en que Liberación Nacional, y especialmente su candidato José María Figueres, pierdan la elección que viene.

En su contraparte Rodrigo Chaves se siente fuerte, posesionado, presente en distintos medios de comunicación y propaganda, con mayor movilidad y capacidad de acercamientos a otras fuerzas sociales y políticas procurando sus apoyos. Con menos experiencia electoral que Liberación Nacional Rodrigo Chaves está dando muestras de mayor capacidad organizativa para la segunda vuelta, y con mayor capacidad de maniobrabilidad y acercamientos a otras fuerzas y sectores sociales y políticos. El arte de la política es la suma de voluntades.

Para las segundas rondas que han habido, en el 2002, en el 2014 y en el 2018 no tenemos la experiencia, ni la cultura ni educación política, de que los partidos, como tales, como organizaciones políticas, se pronuncien a favor de alguno de los candidatos finalistas. Lo que ha procedido es que los candidatos presidenciales, y los partidos, “dejen” en libertad a los ciudadanos que votaron por ellos de optar por quien quieran de los candidatos finalistas.

En la campaña del 2018 los temas de fondo que estaban planteados obligaron a tomar posición a favor de Carlos Alvarado. En esta campaña no hay temas de fondo que distingan a los dos candidatos. En algunos aspectos podrían “sentirse” parecidos. De allí la importancia de razonar mejor el voto.

Los llamados partidos de izquierda, por su naturaleza, tienen la obligación de educar a sus militantes, afiliados, simpatizantes y votantes a tomar una decisión más consciente, razonada, si es del caso dirigida, a tomar “partido” por alguno de los candidatos, el que consideren que es la mejor opción para el momento que viene. Así actuaba el Partido Vanguardia Popular en el período 1949 -1966 cuando llamaban a votar por alguna de las opciones que se presentaban cuando no le permitían a los comunistas participar con partido propio en las elecciones. No era votar por el más malo o el peor de los candidatos, era votar por lo que más le convenía al país, con sus limitaciones o cuestionamientos, en ese momento. El no votar siempre favorecerá en sus resultados a alguno de los candidatos.

Ya los 25 partidos participaron en las elecciones, aceptando las reglas de participación y las posibilidades de ganar o perder, y de elegir diputados o no elegir, y sobre todo de aceptar el resultado y el mandato popular expresado en las urnas. Esto ya está definido, quedan dos candidatos finalistas y ya están electos los 57 diputado, entre ellos 19 de Liberación Nacional, dos más que en la actual Asamblea Legislativa, y el Partido Progreso Social Democrático, con 9 diputados, que no tiene tampoco experiencia legislativa, y menos diputados que el actual gobierno de Acción Ciudadana.

El abstencionismo permitió y favoreció que los partidos Frente Amplio, que postuló a José María Villalta, Nueva República que postuló a Fabricio Alvarado y el Liberal Progresista que impulsó a Eli Feinzag eligieran más diputados. Si el abstencionismo se hubiera mantenido en el 30% histórico de las campañas electorales de este siglo, estos partidos hubieran tenido dos o tres diputados menos, que se hubieran redistribuido hacia los otros partidos. Para esta elección que viene el abstencionismo de la segunda vuelta puede jugar su papel.

En la campaña electoral del 2018 se redujo el abstencionismo comparado con la del 2002 y 2014, lo que favoreció más a Carlos Alvarado. En la actual segunda ronda el aumento del abstencionismo puede favorecer más a Rodrigo Chaves y la reducción del abstencionismo puede darle más fuerza a José María Figueres. De manera que no votar, o llamar a no votar, tiene sus consecuencias políticas. Quienes llamen a no votar están llamando a votar, en la práctica, por Rodrigo Chaves, y a la inversa, votar más es favorecer más el posible triunfo de José María Figueres, así de simple. Así, en esta ocasión, el abstencionismo, si aumenta o disminuye, puede tener un papel similar, de favorecer a alguno de los candidatos con más fuerza. Los abstencionistas de la primera ronda se dejaron representar en el sufragio por los que llegaron a votaron y produjeron el resultado que conocemos.

Los actuales votantes, electores, y los posibles abstencionistas, tenemos en nuestra conciencia la posibilidad de hacer la mejor escogencia entre los dos candidatos que hay para la Presidencia de la República.

No hay que perder la oportunidad de escoger la mejor opción, dentro de las que hay, para este momento que sigue.

La elección que viene es un reto para la democracia nacional. En las urnas del primer domingo de abril podemos fortalecer la democracia, debilitarla o contribuir a conducirla hacia su muerte.


La República

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