Vladimir de la Cruz: José Marcos Iglesias Iñigo. In Memoriam

Un Embajador comprometido con Costa Rica

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Vladimir de la CruzHistoriador y politólogo.                                                    

Nació el 28 de enero de 1932 en Tamboril, en Santiago de los Caballeros, en República Dominicana. Su nombre completo era José Marcos Iglesias Iñigo Diez Montoya, por lo que sus raíces genealógicas se remontan al fundador  de la República Dominicana, Juan Pablo Duarte Diez.

Desde muy joven se involucró en las luchas políticas contra las dictaduras en su país, llegando a abrazar la causa de Juan Bosch, de quien fue uno de sus más cercanos amigos y consejeros, así como de los principales líderes, Presidentes y Ministros del Partido Revolucionario Dominicano, cuando ha sido partido gobernante en ese país.

Su militancia política desde joven lo llevó a ser  miembro del Partido Revolucionario Dominicano. Su lucha y su compromiso político lo llevaron al exilio, en diferentes países, desde el año 1956 hasta su muerte, en Costa Rica, el pasado 5 de junio del 2019.

Quiso ser sacerdote, de tiempo completo, para lo que se trasladó a España donde hizo la carrera sacerdotal completa, en la Escuela de Santa María de los Padres Paúles, y estudió en el Seminario y Noviciado, donde se formó en Filosofía y Teología, en  Pamplona y Madrid.

Tuvo una educación universitaria pulida y esmerada. Aparte de sus estudios sacerdotales, se Licenció en Filología Clásica, en la Universidad de La Laguna, Tenerife, España y en la Universidad de Costa Rica, donde también se egresó de la Carrera de Licenciatura en Estudios Clásicos, en  1974, y más tarde se licenció en Derecho, en 1986, cuando se desempeñaba como Embajador en Costa Rica. En España como en Costa Rica se colegió en las Corporaciones de Abogados.

Posteriormente se Doctoró en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, España, donde sumó el Doctorado en Filosofía y en Filosofía del Derecho.

Su militancia política en el Partido Revolucionario Dominicano la inició en 1956. Sus luchas lo llevaron al exilio en Venezuela, donde conoció a la costarricense, a la Dra. Sairy Chavarría Caravaca, con quien se casó y tuvo dos hijos, Iliana María y José Daniel.

Su militancia política en el exilio le hizo asumir los cargos de Secretario General del Partido Revolucionario Dominicano, en Venezuela en 1963, y en Costa Rica, donde también fue Presidente de la Seccional de este Partido en el país, en 1967, y fue también Fundador y Presidente de la Seccional del Partido Revolucionario Dominicano en España.

A sus estudios académicos sumó una larga carrera paralela de Corredor de Seguros y de comercialización de Servicios Funerarios, de educador, de investigador de temas históricos asociados a su Patria Dominicana.

En la vida diplomática fue Embajador Extraordinario y Plenipotenciario de la República Dominicana en Costa Rica, desde  1979 hasta 1986, momento en que fijó su residencia en el país.

En el ejercicio de su condición de Embajador llegó a ser el Decano del Cuerpo Diplomático en el país, por su larga estancia en el cargo.

Se desempeñó como Embajador y como Representante diplomático, Agente de la República Dominicana ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos durante los  2001-2009, en  Costa Rica.

Durante los años convulsos y de triunfo del Frente Sandinista de Liberación Nacional, en Nicaragua, en 1979, fue el enlace del gobierno español y el costarricense, en la repatriación de ciudadanos costarricenses y dominicanos. Aquí jugó un papel importante, con riesgo de su propia vida, de salvar ciudadanos durante la guerra civil nicaragüense, por lo que la Asamblea Legislativa, en este sentido, le hizo un reconocimiento.

En sus actividades diplomáticas procuró el mayor acercamiento posible entre República Dominicana y Costa Rica. Su compromiso lo llevó a que se le diera una Mención Especial, de la Asamblea Legislativa de Costa Rica, firmada por todos los diputados, en 1980, a que se le declarara Ciudadano de Honor, de la Ciudad de Heredia y se le hiciera entrega de las llaves de la Ciudad. Igual reconocimiento se le hizo de declararle Ciudadano de Honor, de la Ciudad de Santa Cruz, de Guanacaste, y se le hiciera entrega de las llaves de la Ciudad, y se le declaró también Ciudadano de Honor, de la Comunidad de San José de la Alta Gracia, de Santa Bárbara, de Heredia. Una calle en Los Lagos, de Heredia, dedicada a República Dominicana, lleva su nombre.

Fue el promotor de la construcción de un templo dedicado a la Virgen de la Altagracia en la Comunidad de San José de la Altagracia en Birri, Heredia.

Durante sus gestiones diplomáticas se llevó a cabo la firma  del Convenio Básico de Cooperación Técnica entre el Gobierno de Costa Rica y el Gobierno de la República Dominicana, en  1981, del Primer Tratado de Libre Comercio entre el Gobierno de la República Dominicana y el Gobierno de la República de Costa Rica, en 1982.

A él se le deben las gestiones y acuerdo del Convenio Básico de Cooperación Técnica entre el Gobierno de Costa Rica y el Gobierno de la República Dominicana, de 1981, de la creación de la Comisión para aplicar los acuerdos de supresión de visas de entrada entre la República Dominicana y la República de Costa Rica, de la incorporación de la República Dominicana al  “Cuarto Protocolo del Convenio Centroamericano de Incentivos Fiscales al Desarrollo Industrial, de 1984. Fue el gestor del Hermanamiento Cultural entre las ciudades de Santo Domingo y de Santiago de los Caballeros con San José, de Costa Rica.

Con su firma ingresó República Dominicana en el Convenio del CATIE y logró que la Línea Aérea IBERIA volara directamente entre las ciudades de San José y Santo Domingo.

También se le debe la creación del Parque con el nombre de la República Dominicana, en San José.

En sus investigaciones nos dejó su Libro sobre “Santa Cruz de Guanacaste. Pruebas documentales sobre el origen del nombre, fundadores y lugar escogido de la ciudad de Santa Cruz”, que debe su fundación a la presencia del Obispo Morell de Santa Cruz, de origen dominicano, y que recoge, en su libro, el informe de la  “Visita apostólica, topográfica, histórica y estadística de todos los pueblos de Nicaragua y Costa Rica”, hecho por el Obispo.

Conocí al Embajador prácticamente desde que él se vinculó a la Universidad de Costa Rica, no solo a estudiar, sino a la naciente Escuela de Ciencias Políticas, donde también tocó las puertas, cuando yo era dirigente estudiantil y luego cuando empecé como Profesor.

Cuando fui Decano de la Facultad de Ciencias Sociales, en la Universidad Nacional, durante la década de 1980,  tuvimos una intensa relación por la proyección que él tenía hacia la Provincia y hacia la ciudad de  Heredia. La calle central que pasa frente al Rectorado de la UNA y la Facultad de Ciencias Sociales, se le bautizó con el nombre Pedro Henríquez Ureña, el gran intelectual, filósofo, crítico y escritor dominicano, actividad en la que me involucró. Igualmente nos vinculamos por el culto y estudio que hacíamos de Eugenio María de Hostos, el gran luchador independentista puertorriqueño, que hizo de Republica Dominicana su segunda Patria.

La relación más intensa de amistad se dio cuando descubrió que mi bisabuelo Adolfo de Lemos Flan fue el primer dominicano en llegar a Costa Rica, a finales del siglo XIX.

Eso lo llevó a vincularse de manera muy estrecha con mi familia materna, especialmente con mi tío Renán de Lemos Rodríguez, con quien también cultivó una gran amistad personal y lo incorporó a cuanta actividad él realizaba o impulsaba en reconocimiento de este vínculo. En esto le seguí, sobretodo al fallecimiento de Renán.

Sus preocupaciones por la llegada de Adolfo de Lemos a Costa Rica le llevaron a determinar el importante papel que mi bisabuelo jugó en el desarrollo y fundación del Cantón de Orotina, a principios del Siglo XX, motivo por el cual, por las gestiones e información brindada y rescatada por el Embajador Iglesias, la Municipalidad de Orotina tiene un Acuerdo de rendirle un Homenaje, a mi bisabuelo Adolfo de Lemos.

Quizá esto sea lo que explica por qué mi familia materna, mi abuelita Ofelia Rodríguez y mi abuelito Jacobo de Lemos, vivieron mucho tiempo en esta región, en San Mateo o en Orotina.

Un anécdota de la época. Mi madre nació en Orotina en 1926, pero igual habían nacido mis tíás y mi tío. El pensamiento liberal de mis bisabuelos Adolfo de Lemos y de Rafael Rodríguez Salas, el papá de  mi abuelita Ofelia, que también fue Masón, prendió en el alma y corazón de mi abuelita Ofelia, que estuvo vinculada a la Teosofía y al Maestro Tomás Povedano, como al Movimiento Rosacruz. Ello la llevó a poner a sus hijos “nombres raros”, para el cura o sacerdote de Orotina,  Renán, Nedgibia, Zayda, mi madre, Enid y Yara Astrid, Yara por el grito de Independencia de Cuba, del 10 de octubre de 1868. Cuando llevaron a mi madre a bautizar el sacerdote se negó a hacerlo si solo se llamaba Zayda, por lo que le encaramó, para el bautismo, el nombre de Zayda Rafaela del Socorro…

Adolfo de Lemos también se vinculó a la lucha martiana en Costa Rica, a finales del siglo XIX, formando parte de la Seccional del Partido Revolucionario Cubano, que estaba en Desamparados, y que realizaban intensas actividades de solidaridad con quienes luchaban por la Independencia de Cuba, con Martí y su Ejército liberador, y con los cubanos que vivieron en Costa Rica, que formaban parte de esta gesta patriótica.

Los últimos años de su vida con frecuencia nos reuníamos a conversar o a comer. Pocos días antes de su fallecimiento lo recibí en mi casa, lo que era una experiencia rica de conversación.

El Embajador José Marcos Iglesias Iñigo era una persona afable, fina, de modales refinados, de buen comer, de hablar bajo, siempre sonriente, culta, por lo que era muy agradable su conversación, siempre atento a la vida política de su país, y a la nuestra. Con agudeza veía aspectos de nuestra realidad política, que le gustaba compartir, hablar y discutir mesuradamente.

Para mí fue un gran amigo, de muy buen trato, cuya exquisita conversación ha dejado un vacío, que lo recuerdo con cariño en la cercanía de su fecha natal.

Puedo asegurar también que fue mas que un gran amigo de Costa Rica, dominicano de nacimiento, costarricense por voluntad y adopción y también gozó de la nacionalidad española.

 

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Vladimir de la Cruz

Político, historiador, profesor universitario y ex embajador de Costa Rica en Venezuela. Escribe para varios medios de comunicación. Fue candidato presidencial del partido izquierdista Fuerza Democrática en tres ocasiones.

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