Vladimir de la CruzHistoriador y politólogo

La educación es hoy uno de los temas nacionales más importantes. Tenemos un saldo importante en la atención educativa de generaciones, de estudiantes actuales y un saldo, sin dudas, hacia la Costa Rica del futuro, la Costa Rica que dejaremos a las futuras generaciones.

Las acciones y políticas del actual gobierno de Rodrigo Chaves Robles se empeñan constantemente en arremeter contra todo el aparato educativo, contra los profesores y maestros, contra el presupuesto nacional de Educación en lo que atañe la educación de niños, de jóvenes y adolescentes, de universitarios, de trabajadores en general. Las posibilidades y oportunidades educativas tienden a cerrarlas, disminuirlas y si fuera posible hasta eliminarlas.

Se puede entender que el Presidente odie y deteste el sistema educativo nacional por su experiencia personalísima. Pero no es comprensible que desde el solio presidencial no se preocupe por impulsar, fortalecer y desarrollar el sistema educativo, especialmente, en el ámbito público, para crear posibilidades y oportunidades para miles de niños y jóvenes que representan la Costa Rica del futuro, una mejor Costa Rica, con menos pobreza y menos extrema pobreza, con una mano de obra más y mejor calificada del proceso industrial y tecnológico y para poder enfrentar mejor los desafíos del moderno desarrollo empresarial, productivo, tecnológico y científico.

Por su práctica anti educativa nacional, para mí está claro que el inquilino de Zapote pasó por algunos establecimientos educativos del país, sin que ellos hubieran pasado por él…desde entonces se le cayó el zapote, que no ha podido levantar ni recoger desde Zapote… teniendo esa oportunidad para reivindicarse personal y nacionalmente, para superar su atávica experiencia educativa, que probablemente aún le pesa como un fardo que no ha podido desprender.

En el pasado histórico desde los días de la Independencia hasta el siglo pasado principalmente los gobiernos, sus gobernantes, y los partidos que ejercieron el papel conductor desde los ámbitos legislativo y ejecutivo se preocuparon por desarrollar, ampliar y fortalecer todo el aparato educativo del país.

La educación fue un factor muy importante de movilidad social, de oportunidades y posibilidades de ascenso social, de mejoramiento económico, de salir y superar la pobreza.

Desde nuestro primer Jefe de Estado, Juan Mora Fernández, 1823-1833, que fue educador, se enfatizó en la educación como alternativa, para empezar a formar las generaciones que les tocaría construir la Costa Rica de la Independencia y de dirigir, en ese momento, las instituciones políticas gubernativas que se estaban forjando. Otros gobernantes le siguieron en su empeño, en su visión forjadora de futuro, de desarrollar un pueblo educado, entre ellos, José María Castro Madriz, Jesús Jiménez, Bernardo Soto, Próspero Fernández, Ricardo Jiménez, Alfredo González Flores, Rafael Angel Calderón Guardia, Teodoro Picado, José Figueres, y en la práctica, casi todos los presidentes de la Segunda República hasta entrado el siglo XXI. Con ellos y sus ministros se amplió el espectro de oportunidades educativas, para niños, jóvenes y adultos, para hombres y mujeres, en educación formal, en educación diversificada, agropecuaria, técnica y tecnológica, en educación de adultos y nocturna para dar mayores posibilidades, incluso a trabajadores en sus oficios, para lograr un país con alta tasa de alfabetización, una de las más distinguidas de todo el continente. En 1890 teníamos un 90% de analfabetismo y llegamos a tener menos del 5% de analfabetismo, cifra que hoy está aumentada enormemente, sin contar el analfabetismo por desuso, de los que aprendieron a leer y escribir y dejaron de prácticas y se les olvidó o dejaron leer y escribir. Un país que llegó a exportar la idea de que se tenía más maestros que soldados cuando en otros países, incluso cercanos, había más soldados que educadores.

En gobiernos hubo figuras extraordinarias que brillaron como luceros transportando la luz del saber, del conocimiento…Mauro Fernández, Miguel Obregón Lizano, Omar Dengo, Carmen Lyra, Joaquín García Monge, Roberto Brenes Mesén, Uladislao Gámez, Emma Gamboa, los directores y profesores de la Escuela Normal, hombres y mujeres que con sus talentos hicieron de la educación un apostolado y formaron maestros y profesores, que como apóstoles, con una mística por su profesión se trasladaron por diversas partes del país, llevando esa luz, ese saber, el conocimiento, formando conciencia nacional y patriótica, los grandes Rectores de las universidades públicas, principalmente.

Desde los días de las luchas independentistas tuvimos también la presencia de los próceres de la Independencia latinoamericana que se preocuparon, como parte de su lucha liberadora, por la educación. En Centroamérica la Universidad de San Carlos, de Guatemala, especialmente en su Facultad de Medicina, y luego de la León, de Nicaragua fueron importantes para la llegada de jóvenes costarricense, donde iluminaros sus mentes, y también sus corazones, con sus profesiones y con la pasión de la Libertad y la lucha anticolonial. Educadores influyeron en los próceres. Simón Rodríguez en Simón Bolívar, Pedro Molina en Pablo Alvarado.

Me detengo en Bolívar, en su ideario y su legado educativo.

Bolívar tenía una visión de educación, una vocación de pedagogo, una idea de educar al pueblo a partir de su propia práctica política y de su visión emancipadora y de libertad.

En Angostura estableció la Cámara de la Educación junto con la Cámara de la Moral, un tribunal para la moralidad, para cuidar y conservar las buenas costumbres, y otros elementos que ahora se atienden como corrupción.

En Bolívar influyó el enciclopedismo, la ilustración, una formación humanista, lo que pareciera faltarle al ocupante de Zapote. Para Bolívar Libertad y educar son tareas de una misma naturaleza. El primer deber de un gobierno, decía, es dar educación al pueblo, pero dar una educación uniforme y general. La salud de la República, para Bolívar, iba a depender de la moral que por la educación se adquiere en la infancia.

Educar, decía él, para ejercicio y uso de la Libertad. Sin educación no hay democracia. La educación permite, en la idea de Bolívar, conocer y medir los derechos de los ciudadanos. Luz, como decía él. Luces para la democracia, luces para un pensamiento libre.

Educación y Probidad para actuar beneficiosamente en la sociedad. “El talento sin Probidad, decía Bolívar, es un azote”.

Educación oficial, universal, igual para todos. Educación libre de dogmas. Educar, además, en lengua hispánica, en “la sangre de su espíritu”, de nuestro espíritu.

Consideraba Bolívar que en todo el proceso educativo, en toda la formación de la gestación de textos, de libros para educación, en todos los afanes, en lo que él se comprometía, para proyectar esa educación a la niñez, a la adolescencia, a los pueblos, procuraba que esa educación fuera en la lengua hispana. Y él mismo era un acucioso de la lengua hispana, aunque dominaba el francés a la perfección. algunos de sus estudiosos, en el campo de la lengua, decían que él pensaba en francés para expresarse en español, otros dicen que era al revés, que pensaba en español para expresarse en francés, lo cual evidencia el manejo de los dos idiomas que hacía.

En aquellos tiempos no se preocupaba por la educación bilingüística porque el proceso productivo no lo exigía, como hoy.

Preocupación mostraba por la edición de textos, porque los textos fueran verdaderamente en español. Aún, cuando él hacía uso galicismos muy importantes de su época, los que han estudiado esta faceta de Bolívar señalan, que eran los galicismos propios de la época, y que eran inevitables sobre todo en lenguaje de hombres cultos, que como él habían vivido en Europa, pero no era un galicista en el sentido de un afrancesado de acuerdo a los términos de la época, o alguien que quisiera afrancesar a la América, o a Venezuela, o a la Gran Colombia o la Revolución Americana. Educar pero en lengua hispana, era su objetivo.

Hoy hay gobernantes, y miembros de las camarillas gobernantes, que piensan en otros idiomas, y quisieran la aculturación lingüística de la población, como parte del sometimiento que impone la globalización y las nuevas formas de colonialismo cultural, renunciando al idioma materno nacional. Tenía claro Bolívar que la dominación española impuso el español como parte de su violencia dominadora y de identificación del dominado con el dominador.

En materia educativa Bolívar crea, como una obligación importante, las rentas para mantener los establecimientos educativos. No solo había que crear los establecimientos sino que había que darles contenido económico a los mismos. Para él había que dar dinero a la educación, había que invertir en educación. No consideraba que la educación fuera un gasto. Consideraba que era una inversión nacional para el futuro. Esta idea permanece en muchas de las filosofías educativas de América. En Costa Rica, por ejemplo, existe la obligación de que si se crea una escuela automáticamente el Congreso de la República tiene que darle contenido económico. Bolívar pensaba que si no se dotaba del dinero suficiente a la escuela podría convertirse la educación en una farsa, y podría servir nada más para que los gobiernos estuvieran haciendo escuelas de papel.

Bolívar no quería escuelas de papel. Por eso crea la necesidad de que al establecer el colegio, la escuela o el establecimiento educativo había que crear la renta para que funcionara. Este principio Bolivariano nosotros lo tenemos incorporado en nuestra filosofía educativa. Lamentablemente, desde 1980 hasta 1998 no se hicieron escuelas en Costa Rica. No se le dio contenido a ese sentimiento Bolivariano.

¿Cuántas escuelas y colegios se han creado públicamente desde 1998 hasta hoy en correspondencia con la población infantil y juvenil que ha nacido? Ese año, a principios, se anunció el cierre de casi 1000 establecimientos educativos, entre otras causas, por razones sanitarias. ¿Se han mantenido cerrados?

Bolívar ordenaba dar cuentas del estado de los establecimientos educativos. Y esto era una cuestión muy importante en Bolívar, porque no solo era impulsar el aspecto de la educación, impulsar los aspectos relacionados a la creación de escuelas, si no señalar, periódicamente, en qué situación se encuentran esas escuelas, porque cuando hoy en Costa Rica vemos un desastre en todo el proceso educativo nacional, nadie se ha detenido a pensar si ese desastre en la educación nacional tiene que ver con la calidad de los establecimientos de la educación, con la ausencia o la falta de los instrumentos para la educación, libros, textos, pupitres, por la calidad de formación de los maestros y profesores, en clo cual tienen un importante papel y de gran responsabilidad los mismos sindicatos magisteriales. Sabemos de escuelas en Costa Rica, porque me lo han contado maestras, que tienden escuelas en zonas pobres y marginadas, en las que los niños se pelean el pupitre a la hora de entrar al aula. Y un niño que se pelea un pupitre a la hora de entrar al aula no puede recibir ya, inevitablemente, una clase en su sano juicio, porque tampoco va a poder salir a recreo porque le quitan su pupitre, y su lucha va a ser por defender su asiento, su espacio, y no una lucha para su aprendizaje y enseñanza.

Bolívar impulsa una escuela para huérfanos, para redimir el abandono de los padres y le atribuyó un papel importante. Nosotros, por ejemplo, que le hemos dado un impulso importante la educación en el siglo XIX y XX, en Costa Rica, no desarrollamos, que yo recuerde una escuela de huérfanos, aunque sí un Hospicio. En esas escuelas había una idea de formación para la sociedad, para la vida.

Creó establecimientos especiales para educar a las niñas e impulsó profunda y poderosamente la educación de las mujeres. La educación de las mujeres, decía Bolívar, es la base de las familias y pone a funcionar, además, escuela de ambos, sexos. En Costa Rica desde el gobierno de Juan Mora Fernández se impulsó la educación de las mujeres con compromiso municipal. En 1847, con el Dr. José María Castro Madriz se fortaleció y, más tarde, con las reformas educativas de Mauro Fernández y con la de coeducación, a principios del siglo XX, se amplió la educación de mujeres.

Bolívar también impulsó escuelas de oficios, ciencias, artes y militares.

Impulso y fortaleció las universidades en Perú, Caracas y Colombia. No solo eso, creó la autonomía administrativa, una de las bases que quizá es después lo que vamos a rescatar en la Reforma de Córdoba en 1918, la Autonomía Universitaria que contiene, entre sus pilares la autonomía administrativa de la Universidad. Elimina en el concepto de la educación superior universitaria la discriminación religiosa y de razas. Y, eso nos lleva, también, a conceptuar una educación integral, general. Seculariza el personal universitario, desarrolla los elementos de una educación laica.

Educación para la convivencia pacífica americana era uno de sus propósitos. Para él la educación sobre el sistema militar que es el de la fuerza, y la fuerza no es el gobierno.

A los libros y textos, y el uso de ellos, Bolívar les concede una enorme importancia. Primero, a los libros básicos. Segundo, que los libros fueran bien hechos para poder motivar más en la educación de niños y a los hijos. Se enfrentaba por todos los medios posibles aquellos textos que él consideraba mediocres y atrasados.

Por eso se preocupaba que la educación fuera un instrumento de esta enseñanza y de este control cívico

Para Bolívar los libros tienen recordar y afirmar los derechos y los deberes. Los libros, consideraba, eran importantes porque compensaban la ausencia o la falta de los maestros permanentes. A los libros siempre se puede acudir y consultar, mientras que si hay que acudir a un maestro, y no lo hay, no se puede consultar.

En Bolívar se encuentra un enfrentamiento de conceptos, entre la educación del Emilio de Rosseau y una nueva concepción educativa que impulsa Bolívar. Mientras que en el Emilio es casi la educación personal con maestros, en Bolívar se va a impulsar una educación popular, una educación pública, una educación sustentada fundamentalmente en los textos.

La Cámara de Educación, que concibió e impulsó, estableció la norma de publicar en español, y estimular los escritos sobre los usos, costumbres y el gobierno.

Para Bolívar, la educación debe inspirar ideas, sentimientos de honor y Probidad, amor a la Patria, a las leyes y al trabajo. “El hombre, dice, no puede servirse de su inteligencia mientras fuerzas extrañas lo presionan para esclavizarle”.

La educación era también un instrumento de liberación. Entre más educado, entre menos ignorante fuera el pueblo, más posibilidades para incorporarse a la lucha por la Independencia, y más capacidad y más conciencia tenía para saber quiénes lo explotaban, quiénes lo oprimían, y quiénes constituían las cadenas del atraso en América.

Parte de su concepción sobre la educación lo atribuía a la prensa y al periodismo, lo que trataré en otro artículo, porque en esto veía la gestación de la educación cívica y ciudadana, de la opinión pública. Para él, el periodismo provocaba una educación de masas.

En su visión de gobernante, su acción era de educador. La justicia social, la educación y la economía eran los tres pilares que gravitaban siempre en su actuar gubernativo.

 


En La República.