Vladimir de la Cruz: la historia reciente de Venezuela

Ante los resultados de las elecciones de mayo del 2018, hubo 86 países desconocieron el proceso electoral venezolano

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Vladimir de la Cruz de Lemos, en conversación entrevista que tuvimos con él, nos cuenta la historia reciente de Venezuela. El es  político, historiador, analista político, académico y fue candidato presidencial del partido izquierdista Fuerza Democrática, en tres ocasiones, representó a Costa Rica ante Venezuela como Embajador.

Fue entrevistado por La Revista para conocer sus puntos de vista sobre Venezuela y su actual crisis política. 

Para poner las ideas en su contexto, iniciamos la conversación con el ex Embajador, sobre los orígenes del chavismo, como movimiento social y político, que generó profundos cambios en Venezuela, y recogemos la conversación entrevista de la siguiente forma.

De la Cruz inicia señalando que a finales del siglo pasado, cuando a raíz de los sucesos del 4 de febrero de 1992, Hugo Chávez Frías intentó un golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez al final de su gobierno. En ese entonces,  ya existía un antecedente importante de lucha popular que, tres años antes, con motivo de lo que se llamó el “caracazo”, generó un explosivo levantamiento popular en la ciudad de Caracas, como reacción a una serie de políticas y situaciones desacertadas, de carácter neoliberal, y nos dice que:

“Ese 4 de febrero Chávez recoge ese sentimiento anti gobiernista, e intenta un golpe de estado que fracasa y que lo envía dos años a prisión. Sin embargo, tiempo después es liberado por una amnistía concedida durante el gobierno socialcristiano de Rafael Caldera.

En ese momento, Chávez surge como un líder importante en el seno de las fuerzas armadas y de la comunidad política venezolana, convirtiéndose en una alternativa frente a los partidos tradicionales: social cristianos y socialdemócratas  o adecos (Acción Democrática (AD), y copeyanos (Comité de Organización Política Electoral Independiente -conocido popularmente como COPEI-); que se disputarían los resultados electorales del 98, y venían gobernando desde 1958.

La victoria, en las elecciones de ese año,  lo convierte en un líder legítimo, constitucionalmente electo.  Curiosamente, al juramentarse para asumir la presidencia, emite una afirmación sorpresiva:  “juro ante está moribunda Constitución” mandando así una señal muy clara de que quería cambiar esa “moribunda constitución”.

El exitoso proceso eleccionario posterior para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, consolida la victoria y permite la aprobación de una nueva Constitución Política, la actual, que gobierna al Estado y a la sociedad venezolana. La anterior era de 1961, resultado de la caída del dictador Pérez Jiménez, en 1958, y de la instauración de una Junta Patriótica que también había convocado a una Asamblea Constituyente, período histórico que surge bajo el manto de la llamada IV República que ve sus días hasta la llegada de Chávez al poder, quien funda la llamada y actual V República,  que emerge con la nueva y actual Constitución Política, llamada Bolivariana, que instituye la República Bolivariana de Venezuela.

La pretensión de una República Bolivariana le daría a Venezuela una proyección regional, dirigida   los países donde Simón Bolívar actúo liberándolas y fundándolas, de alguna manera.  Probablemente el sueño y la visión de Hugo Chávez era de constituir, igual que Venezuela, las Repúblicas Bolivariana de Colombia, de Ecuador, de Perú y de Bolivia, siguiendo  la ruta marcada por el presidente Chávez.

En el año 2002 se da un intento de golpe de Estado en contra de Chávez por parte de un sector militar que se subleva, separándolo momentáneamente del poder por tres o cuatro días. El presidente provisorio comete un sinnúmero de errores que hace que el ejército y un grupo fiel a Chávez retome el poder y restablezca el orden con más autoridad y con más fuerza política para las elecciones del 2006.

La oposición política a Chávez, tradicionalmente reflejada por el partido Acción Democrática y por los copeyanos,  se niegan a participar en las elecciones de diputados del 2006, lo que provoca que la oposición política técnicamente desaparezca del parlamento que le permite asumir el control absoluto de dicho cuerpo colegiado, y de todos los poderes públicos de Venezuela.

En política no hay espacios vacíos.  De manera que la ausencia de participación de la oposición permite a la fuerza oficial, del 2006 al 2010, controlar el Poder Ejecutivo, la Asamblea Nacional y los nombramientos  en varias instituciones de poder claves como la Corte de Justicia, los magistrados de poderes adicionales como el Tribunal Electoral, la Procuraduría, la Fiscalía y demás  órganos importantes de poder político institucional.

Posteriormente, la oposición acuerda volver a participar en elecciones y retoma una presencia parlamentaria que llegó casi al 40%. Se trataba de un núcleo simbólicamente importante y significativo de participación en el escenario legislativo, aunque limitado por el número de escaños. Existía también una voz opositora a nivel de alcaldías y gobernaciones, aunque minoritaria.

Paralelamente, se suman una serie de medidas que Chávez iba tomando para reprimir y restringir espacios a la oposición política: cierre de medios, inhabilitación política de dirigentes opositores, cierre de periódicos, control sobre las frecuencias radiales y de televisión.

Cuando fui embajador en Venezuela, nos dice, pudo presenciar como de golpe y porrazo, recuperó para el Estado cerca de 200 frecuencias, de radio y televisión, sin que nadie internacionalmente pudiera alegar que había persecución contra la prensa o algo así, ya que lo hizo utilizando disposiciones legales que le permitían lograr ese objetivo.

Aclaremos que en Venezuela el presidente tiene un papel relevante en la vida social y política del país, que le permite una beligerancia política al 100%, en el sentido de que puede participar activamente tanto en el debate político parlamentario, como en el político de la sociedad civil y en el político electoral diario.

Esto, en Costa Rica no se puede hacer. En Venezuela Chávez supo explotar esa posibilidad. Por ejemplo, inició cadenas de televisión por tiempos indefinidos, hasta de cuatro horas o más, para referirse a temas de su escogencia por el tiempo que él quisiera  sin parar.”

Petróleo y cooperación internacional.

Venezuela es un país estratégicamente importante por su economía y posición geográfica, país rico en hidrocarburos y otras materias primas, con grandes reservas mundiales de petróleo y gas natural. ¿Qué ha sucedido? ¿Cuáles son las razones para que haya caído en una crisis económica de las proporciones que ha alcanzado el país suramericano?

De la Cruz le da significativa importancia a la bonanza petrolera en Venezuela, ya que el presupuesto de la nación se establece con relación al valor del precio de barril de petróleo, que en el periodo de Chávez llegó a $152. De tal forma, que:

“La diferencia de dólares que podía darse en esas circunstancias pasaba, de acuerdo a la ley venezolana a tres fondos del Estado, que eran prácticamente de administración discrecional del presidente.  Eso le daba márgenes a Chávez para destinar dineros tanto a programas internos, que desarrolla 18 Programas Sociales, así  como impulsa ayudas internacionales a algunas islas del Caribe, y otros países, como Cuba, Nicaragua, etcétera.

De esa manera sus 18 programas sociales le dan mucha fuerza política, social y presencia, especialmente después del 2005.  Con ellos atiende a sectores sociales hasta entonces excluidos: indígenas, niños, adultos, analfabetos, el Programa Barrio Adentro. Algunos de estos programas se impulsaron con la colaboración de alrededor de 40.000 médicos y voluntarios cubanos, que se distribuyeron por todo el territorio venezolano.

Pero sucedió también que los precios del petróleo empezaron a caer, y empezaron a darse algunas disminuciones importantes en el suministro adecuado de los programas de asistencia social. La capacidad y volúmenes de dinero comenzaron a decaer, tendencia que se acentúa en el período de Maduro ya como presidente. En los últimos cinco años y para el año 2010 se afrontaban problemas de mala administración, corrupción, y de falta de cumplimiento de objetivos. Los médicos, por ejemplo, no podían cumplir sus tareas.

Médicos costarricenses que trabajan en aquella época y que estaban vinculados a la embajada, me contaban de dificultades como ausencia de suministros y disminución de atenciones médicas y medicamentos. Además, se presentaron roces y diferencias entre los médicos cubanos internacionalistas y los médicos locales, debido a mecanismos de administración burocrática, donde el personal cubano, que gozaba de cierta capacidad de jefatura, chocaba con los venezolanos, y hasta con sectores de la población”

Chávez enferma

Sin lugar a dudas que la enfermedad terminal de Hugo Chávez, el ideólogo y líder venezolano, es un elemento determinante en el desencadenamiento de hechos posteriores a los cuales, de la Cruz, embajador ante Venezuela, aporta datos poco conocidos, tales como que la enfermedad de Chávez, tratada en Cuba, se conoce de manera más pública en el año 2012. A finales de ese año prácticamente, dice De la Cruz, ya había fallecido, aunque el anuncio de su deceso se deja para inicios del 2013, y oficialmente a principios de marzo se realizan sus honras fúnebres, con agudo cálculo político electoral, para asegurar en ese momento la Presidencia interina de Nicolás Maduro, lo que Chávez ya había señalado a fin del año 2012 en La Habana, con participación de los cubanos, probablemente en esa decisión. Ello porque:

“…antes de su muerte Chávez había participado en un proceso electoral muy importante, en octubre del 2012, por el cual el candidato principal de la oposición, Enrique Capriles, fue derrotado legalmente por un 26% de diferencia”.

El intermedio ocurrido con la muerte de Chávez hasta las elecciones de abril del 2013,  puso en movimiento un mecanismo legal para nombrar a su eventual sustituto, con características de presidente encargado (la misma figura que protagoniza Juan Guaidó ahora), mientras se iba a elecciones, y se definía la posición de Maduro, quien ya se desempeñaba como vicepresidente de Chávez.

La muerte real de Chavez, en diciembre  del 2012, no se reconoció oficialmente sino hasta enero, antes de que venciera el plazo del término de la presidencia, para que quién le sucediera lo hiciera como presidente encargado, cargo que duraría hasta que se convocara a un nuevo proceso electoral.

Esta estrategia se monta en Cuba para qué Maduro logre fungir como presidente en ejercicio durante los meses de enero a abril, con todos los atributos y facultades que Chávez tenía. Así, Maduro como candidato pudo disponer de las cadenas de radio y de televisión y del abuso propio del tiempo, como lo hacía Chávez, de intervenciones políticas con ventaja sobre Enrique Capriles y cualquier otra candidato.

Aunque Capriles había sido derrotado por Chávez en octubre del 2012 por un 26%, en esta ocasión, al enfrentarse a Maduro como candidato oficial del gobierno y al Partido Socialista Unido de Venezuela, pierde las elecciones en abril del 2013 por un mínimo de un1%, lo que fue muy cuestionado en cuanto a la legalidad de las elecciones y su posible fraude.  Esta situación indica que de octubre del 2012 a abril del 2013 Maduro y el oficialismo habían perdido dos millones de votantes mientras que la oposición había ganado dos millones y medio de votantes; es decir, que había una correlación de fuerzas inclinada hacia la oposición, y que marcaba claramente que el gobierno Maduro iniciaba de manera muy débil, con apoyo político electoral debilitado.

Para entender claramente lo que se vive, a mi manera de ver, -nos dice dice Vladimir De la Cruz-, hay que distinguir entre la etapa chavista del período anterior y la etapa madurista, que se inicia cuando éste asume la presidencia.  Ya no gobierna el chavismo sino el madurismo político y el cabellismo político, que se representa por el peso que juega en este período de Maduro el militar Diosdado Cabello, éste último  muy apegado a Maduro y representante  del ala militar herencia de la era de Chávez, con una carga política negativa pues se vincula a Diosdado Cabello a los grandes negocios del narcotráfico, y se le señala como el Jefe del Cartel de los Soles, que agrupa a una serie de militares”

El socialismo del Siglo XXI

El planeamiento de esta idea sirve como una bocanada de oxígeno a los sectores de izquierda latinoamericana, un tanto desorganizados y sin líneas claras para la acción política partidista, sobre todo a partir de la caída de la Unión Soviética y del Sistema Mundial Socialista. Así, nos dice De la Cruz, que la idea del Socialismo del Siglo XXI se había elaborado como un modelo filosófico político a desarrollar, obra del pensador alemán Heinz Dietrich, casado con Marta Harnecker destacada marxista de corte althusseriano, que fueron asesores de Hugo Chávez hasta finales del 2007, cuando empezaron a alejarse de él, y  a criticar la forma política como estaba conduciendo el proceso político venezolano.

“Ambos intelectuales trabajaron en Cuba muchos años y ahora viven en México. Fueron asesores de Chávez en cuanto a su concepción del socialismo del Siglo XXI, inspirador de una buena parte de la izquierda y del pensamiento de izquierda latinoamericano; sin que eso fuera en el sentido estricto un proyecto alternativo político al capitalismo, al socialismo soviético o a los otros socialismos que todavía existen, en China, Corea del Norte o la misma Cuba. Ni siquiera tuvo eco importante en el llamado Foro de Sao Paulo, que agrupa movimientos, fuerzas y partidos de izquierda y progresistas, que se movía bajo la consigna de “otro mundo es posible”

Con el paso de los años, el mismo Dietrich denuncia que el modelo que se trataba de implementar en Venezuela no dio resultados. Incluso rompe con Chávez y sale de Venezuela, apunta De la Cruz.

“Rafael Correa en Ecuador, abandona el término de Socialismo de Siglo XXI, que a veces en consonancia con Chávez empleaba,  y empieza a hablar, a la muerte de Chávez especialmente, de la “Revolución Ciudadana”    que era su proyecto político, y el eslogan con el cual había triunfado. Por su parte, Evo Morales en Bolivia también hablará de la “Revolución multiétnica y multinacional”, abandonando el concepto de Socialismo de Siglo XXI. Lula Da Silva en Brasil no lo utilizó como concepto tradicional u oficial del Estado, ni de su gobierno, limitándose a mencionarlo de vez en cuando. Los Kirchner en Argentina tampoco usaban el socialismo Siglo XXI, como buenos peronistas que eran. Con la derrota electoral de Fernando Lugo en Paraguay la idea también fracasa. En Chile,  los socialistas eran el resultado de la alianza de varios sectores políticos que no tenía la fuerza para hablar de socialismo Siglo XXI como modelo político de Michele Bachelet, ni de la alianza política que se agrupaba alrededor de ella. Daniel Ortega en Nicaragua no hereda el modelo pues se declara sandinista. Así, ni en Cuba se aplica el Socialismo Siglo XXI, porque era casi un modelo alternativo al proceso de la revolución cubana.

Al final del mandato de Chávez, el concepto es ya muy restringido, casi desaparecido y con su muerte, ya casi ni siquiera se le menciona  en Venezuela. A Maduro se le acabó el tiempo para hablar del Socialismo Siglo XXI. No tiene en este sentido un norte filosófico político, un nuevo orden político qué anunciar. Para sostenerse desde su origen en el gobierno, en el 2013, se arropó de la figura de Hugo Chávez y del “chavismo” como una fuente teórica ideológica que beber, aunque tampoco pueda decirse con certeza cuales son los elementos teórico políticos de ese chavismo hoy.”

La Revolución Bolivariana

Para De la Cruz, el hacer análisis de la situación venezolana le implica asumir el sitio que Bolívar tiene de peso enorme en la vida cultural, social y cotidiana de Venezuela. Su presencia impregna todos los sectores políticos. Es un personaje del cielo y de la tierra, de lo bueno y de lo malo.

“Así, Chávez que tenía bastante cultura general y política, supo explotar la figura del prócer v pronunciaba a veces de memoria de discursos completos, o fragmentos de ellos, de Bolívar. Supo como darse su lugar.

“Yo llegué, afirma categóricamente De la Cruz, al convencimiento de que en Venezuela no había nadie ya fuera en el gobierno, o fuera de él, o en la oposición, que tuviera esas capacidades sobresalientes de dirigencia política que tenía y reunía Hugo Chávez.”

El escenario internacional

La política internacional para los venezolanos de ayer y de hoy, es un escenario fundamental, donde se fraguan éxitos y amenazas.

En este contexto De la Cruz relata cual ha sido el papel de Venezuela en los espacios y foros internacionales en los que tanto a nivel económico como político ha movido sus fichas, y que durante el período de Hugo Chávez, en el Gobierno y la Presidencia de Venezuela, supo proyectar también su figura, convirtiéndolo en un dirigente político  de gran reconocimiento internacional.

Para el analista, la presencia de Venezuela en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) fue el primer peldaño en la escalada de poder político económico ya que desde ahí Chávez conseguía la proyección internacional que necesitaba, para promover su proyecto político de unidad latinoamericana, montándose sobre la vieja idea bolivariana del Congreso de 1826, sin Estados Unidos y sin Canadá.

“Adicionalmente, promueve la formación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en la que Costa Rica participó llegando inclusive a ostentar  la presidencia pro témpore de la organización durante el mandato de Laura Chinchilla .

También impulsó en los parlamentos del sur, la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), así como la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), el Banco del Sur y la red de televisión regional TeleSUR; y  PETROCARIBE, para ayudar con petróleo a países del Caribe y del Alba, facilitando la adquisición de petróleo a cambio de bienes y servicios, y a plazos largos con bajos costos.

Chávez buscó e impulsó una nueva América Latina, estructurada de manera  diferente, e identificada con una serie de principios antiimperialistas, donde se dio cabida a sistemas políticos como Nicaragua, Cuba, Ecuador, Bolivia, Paraguay y la propia Venezuela, así como los proyectos reformistas que se impulsaban bajo este aire en otros países como Argentina, Brasil, Uruguay, que alcanzaba a Cuba y a El Salvador. De una manera audaz propició dos encuentros Sur Sur, de Africa y América del Sur.”

Sin embargo, apunta de la Cruz, en estos momentos los mencionados organismos regionales, técnicamente ya no existen, como tampoco existe  ellos apoyo a Maduro y al llamado proceso revolucionario de Venezuela, ni siquiera ALBA, ni PETROCARIBE o el mismo CELAC se hacen sentir. En este momento parte de los 19 países latinoamericanos que conforman el CELAC se han pronunciado en contra de Maduro, en el seno de la OEA, llamándolo a convocar a elecciones con amplias libertades. Me parece, señala De la Cruz, que queda muy claro que se ha descuidado el escenario internacional. Y gracias al apoyo en la ONU de Vladimir Putin, presidente de Rusia, fue que se propuso,  en el Consejo de Seguridad,  convocar a un espacio de diálogo para solucionar la crisis venezolana, pero ese:

“…esfuerzo que resultó infructuoso. pues los sectores de oposición al régimen de Maduro, que califican de dictadura, después de la experiencia fallida del 2017 con las comisiones de diálogo impulsadas por el Vaticano y la Iglesia Católica, lo único que consiguieron fue darle un aire de sostenimiento al gobierno, sin llegar a acuerdos concretos, y sin cumplimiento real de los acuerdos a que llegaron con ese aval de la Iglesia católica, y que a la postre solo han servido para burlar los resultados del diálogo y para desmovilizar las grandes marchas que se dieron en ese año, en el 2017.

Debe resaltarse también, en el marco internacional que nos ocupa, el importantísimo rol que juegan Rusia y China, que, como miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, desempeñan un papel determinante en los acuerdos que se lleguen a tomar con relación a la situación política de Venezuela frente a los Estados Unidos y Europa.

Venezuela tiene con ambos países deudas millonarias: con China 70 mil millones de endeudamiento en dólares, y cerca de 20 mil millones de inversiones, con Rusia, el endeudamiento es superior a los 40 mil millones de dólares, sin contar las altas inversiones, similares a las China.

Me parece, dice De la Cruz, que estos dos países van a ser bastante neutrales con relación a cualquier situación conflictiva que se produzca, porque lo que les interesará es garantizarse los pagos de la deuda y sus inversiones. Fundamentalmente, China que ya lo ha hecho saber en recientes declaraciones.

Rusia por su lado, es más cautelosa y manifiesta que está de acuerdo en que en Venezuela se produzca el diálogo y que se vaya a elecciones, afirmaciones que podrían fortalecer un poco la posición de Maduro.

A final de cuentas está en juego nada estratégicamente importante para esos países. China en Suramérica tiene una balanza comercial favorable con tres países suramericanos sin que Venezuela sea uno de ellos. A los chinos lo que realmente les interesa es su mercado comercial y no su presencia política. Tanto China como Rusia en el problema final venezolano actuarán con sentido pragmático, valorando la importancia y asegurando sus deudas y sus inversiones”.

La era Maduro

El vacío político abrupto generado por la inesperada muerte de Chávez, no lo ha llenado Maduro ni quienes hpy le acompañan. Chávez era militar y Maduro no lo es, lo que lo ha obligado a cederles espacios importantes en la administración del Estado y del Gobierno venezolana, para asegurar su apoyo. La muerte de Chávez obligó a un reordenamiento de liderazgos y políticas, así como a impulsar un nuevo estilo de gobernar, más autoritario, más dictatorial.  Maduro no es Chávez y eso hay que tenerlo claro, según enfatiza De la Cruz.

Así las cosas, señala, que bajo el mandato de Maduro se han cometido más irregularidades en los procesos eleccionarios. Para sorpresa de Maduro y el oficialismo perdieron abrumadora y aplastantemente la  Asamblea Nacional, el Poder Legislativo venezolano, por lo que Maduro, con su institucionalidad impugnó la elección de tres diputados indígenas opositores, para restarle la mayoría de los dos tercios parlamentarios que ello le aseguraba a la oposición. Impugnado no repitieron el proceso electoral en esa región porque evidentemente lo volvían a perder, e hicieron una situación tensa con la Asamblea nacional, que no estaba de acuerdo con la destitución de esos diputados, lo que provocó que políticamente la Suprema Corte  sancionara a la Asamblea Nacional con “desacato”, situación que se mantiene hasta hoy, en la disputa por el reconocimiento real de estos poderes.

A ello sumó Maduro restarle funciones al Poder Legislativo que asumió la Corte de Justicia, y también le trasladó a la Asamblea nacional Constituyente, otro órgano convocado e electo violando la Constitución Política Bolivariana, otro elemento que ha puesto tensión en la vida interna venezolana. El objeto de restar funciones y parte de sus potestades legislativas a la Asamblea Nacional las orientaba Maduro y su grupo en orientar su proceso hacia el control total de toda la institucionalidad y poderes públicos venezolanos. Así la mayoría con que contaba la oposición parlamentaria se perdió por la no convocatoria a elecciones para reponer a los cuatro diputados indígenas, tres de la oposición y uno del oficialismo, que se vieron obligados también a cuestionar.

Las preguntas de rigor ante esto son: ¿Cómo es que Maduro consigue consolidarse en el poder y darle continuidad al régimen chavista sin Chávez? al respecto De la Cruz señala que:

“…el proceso en tiempos de Maduro arranca con la búsqueda del mayor control institucional, de manera que, aunque la Asamblea Nacional esté en manos de la oposición, Madura tiene el control de la integración de la Corte Suprema de Justicia, ilegalmente nombrada entre los últimos días de diciembre del 2014 y el 2 y enero del 2015, por la Junta Directiva de la Asamblea Nacional saliente, sin que tuviera potestad para ello, por lo que la actual integración de la Corte Suprema de Justicia, en todos sus magistrados,  es para la oposición política y para los Diputados de la Asamblea Nacional ilegítima e inconstitucionalmente nombrada, por lo que ellos no la reconocen, e incluso nombraron otra que está que tuvo que salir al extranjero. La anterior Asamblea Nacional, con su Junta Directiva, ya fuera de funciones, nombraron de esa manera a las autoridades judiciales, y pusieron magistrados que no cuentan con los requisitos de ley. Incluso llegaron a destituir a una magistrada para poder contar con el 100% de los miembros de una Corte Suprema que, a todas luces, fue ilegalmente nombrada.

Maduro actúa de igual manera con el Tribunal Electoral, y poco después, se inventa la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente, al margen de todos los procesos constitucionales para su convocatoria, integración y funcionamiento. Entonces, con la Corte de Justicia, que maneja Maduro, con la estructura electoral y la Asamblea Nacional Constituyente, que por objetivo tiene redactar una constitución, pero que no ha redactado nada, no hay un solo artículo discutido en casi dos años, Maduro ha concentrado el poder como si fuera un dictador, un tirano, actualmente acusado también de usurpador del Poder Ejecutivo. Así en Venezuela todo el poder de la estructura institucional del Estado, excepto la Asamblea Nacional, se centraliza hoy en el Presidente.

La Asamblea Nacional Constituyente fue convocada sin los trámites oficiales de participación de partidos políticos   establecidos en Venezuela, y creando un mecanismo distinto de representación, por grupos y por comunidades, ajenos al estatuto constitucional venezolano. Todo esto inspirado en la idea de crear una especie de Estado Comunal, el sueño de Chávez, asemejando un Estado comunista o socialista de nuevo tipo en Venezuela, proyecto que nunca se llegó a materializar, pero que Maduro ha querido forzar sin poseer ni dominar el sustento teórico que Chávez tenía para ello.

En la práctica, lo que se han dado fueron varios poderes conformados inconstitucionalmente como la Corte de Justicia y la Asamblea Nacional Constituyente, que en su forma no deberían haber funcionando porque fueron irregularmente establecidos e integrados.

El nuevo proceso de elección presidencia irregular, convocado anticipadamente para abril –mayo, del 2018, con eliminación de fuerzas opositores, con inhabilitaciones político electorales de dirigentes de la oposición, le otorga a Maduro, en enero del 2019, un nuevo mandato. Sin embargo, esas elecciones fueron  desconocidas internamente por la Asamblea Nacional, por partidos que participaron en ella, uno de ellos, de Henry Falcón, que acusó a Maduro de haber hecho fraude, y fueron desconocidas, en ese momento por casi 80 países, que seguía reconociendo a Maduro como Presidente hasta que terminara su mandato en enero del 2019, pero que s enfrentarían a su reconocimiento como Presidente a a partir de enero del 2019, lo que ha venido sucediendo.  Por no tener el control de la Asamblea Nacional, por adelantar las elecciones presidenciales a mayo del 2018, por violar mecanismos constitucionales que inhabilitaron a políticos, proscribieron partidos y encarcelaron dirigentes políticos opositores, algunos líderes y dirigentes opositores fueron obligados a salir del país, eliminándose prácticamente toda posibilidad de participación de la oposición política.

Así, ante los resultados de las elecciones de mayo del 2018, hubo 86 países desconocieron el proceso electoral venezolano.  Así se planteó y se originó el reto institucional para la llegada de Maduro, quien estaba terminando su gobierno constitucional en enero ese año, a un nuevo gobierno, a otro mandato que no se le reconocía constitucionalmente, por ello le llaman usurpador.

El nuevo proceso político que empezaba en enero del año 2019 planteaba la disyuntiva sobre el reconocimiento a Maduro como presidente legítimo. Maduro sigue adelante y se juramenta ante el Tribunal de Justicia, asume la presidencia en ejercicio, a pesar de la declaración de la Asamblea Nacional de que no había sido electo legalmente, de que no podía asumir, de que no había Presidente constitucionalmente electo, de que había un vacío en el Ejecutivo Nacional, señalando, que ese vacío debía ser llenado conforme lo indica la Constitución Política Bolivariana, con el Presidente de la Asamblea Nacional, de manera que ejerciera la Presidencia Encargada mientras se convoca a otro proceso electoral, que es lo que se está viviendo hoy en Venezuela. Un Presidente Encargado, con aval de la Asamblea Nacional y un Presidente usurpador del cargo que se niega a dejarlo.

Ese vacío de poder empieza a llenarse con la fórmula constitucional que indica que en ese vacío de poder quién asume el poder es el presidente de la Asamblea Nacional, que le correspondió a un joven diputado llamado Juan Guaidó, electo e  ese cargo al iniciar este año, y que viene destacando en la oposición desde las luchas estudiantiles del 2007″.

El Presidente Encargado: Juan Guaidó

Desde el día en que Venezuela tiene elecciones ilegales y por medio de las cuales Nicolás Maduro pretende continuar por un período más en el poder, se declaraba de inmediato el desconocimiento a lo interno y externo de ese presidente ilegítimo, y de su Presidencia, como ejercicio del poder, ilegítima.

En este escenario político ¿cómo explicarse el surgimiento y papel de Juan Guaidó?, ¿cuál es el papel de Maduro en esta fase?, y  ¿qué alcance podrá tener la presión internacional?

“Abruptamente irrumpe en el escenario político el joven Guaidó, que nadie esperaba, pero que asume el cargo de presidente encargado el 23 de enero, que lo anuncia públicamente, porque para el 23 de enero se habían convocado a actos oficiales tanto de la oposición como del gobierno para conmemorar el 60 aniversario de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958.

Las declaración de Juan Guaidó como Presidente Encargado, es inmediatamente reconocida por los Estados Unidos y seguidamente por los países del Grupo de Lima (entre los que se encuentra Costa Rica) y por una cadena de países de América Latina, Europa y una cascada de otras comunidades internacionales que desconocen a Maduro. Se da así una concordancia con los 86 países que no habían reconocido el proceso electoral del 2018.

El gobierno de Maduro queda aislado internacionalmente dejando de tomar la iniciativa política interna en la agenda venezolana. Queda a la retaguardia con relación a la agenda que imponen y que practican Juan Guaidó y la comunidad internacional que adversa a Maduro.

Guaidó anuncia un Plan País como una plataforma para la recuperación económica, social y humanitaria ante las necesidades que enfrenta Venezuela.

Así nombra nuevos representantes diplomáticos ante aquellos países que le están dando su reconocimiento, incluida Costa Rica que cuenta tempraneramente con una embajadora. Igual ha procedido con otros países y organismos internacionales incluida la Junta Directiva de la e presa CITGO, subsidiaria de PDVSA, que ya nombró, para que asuma en Houston su papel al frente de esta importante empresa petrolera venezolana.”

El Ejército

Posiblemente el elemento más importante en estos momentos en torno a la situación política de Maduro y Guaidó, sea el papel del Ejército, por su alto poder represivo, y por el papel que desempeña esta institución en la historia y en el imaginario colectivo venezolano, de un país que casi dos terceras partes de toda su historia desde la Independencia ha estado gobernado por dictadores, tiranos, militares, gobiernos autoritario, y con una práctica democrática significativa desde 1958. La historia latinoamericana tiene múltiples ejemplos  del rol de los militares en la política, y el ejército venezolano indudablemente no es la excepción, por lo que juega un papel muy importante en esta coyuntura, sobre todo porque Chávez era un militar, que aunque ganó la Presidencia por elecciones, les dio y restauró poder a los militares.

Ante ello, ¿cómo están conformadas las fuerzas armadas? ¿qué papel han tenido durante la época chavista? ¿los militares llegarían a reconocer a Guaidó? ¿será posible llegar a una intervención militar extranjera?

Para el analista, es claro:

“…en Venezuela no se gobierna hasta hoy si no es con apoyo de gobiernos militares.

Así ha sido en el período de la IV República hasta 1998, y por más procesos democráticos que existieran, el Ejército era un bastión que no estaba al margen del proceso político. Durante la IV República, 1958-1999, no tenían tanto protagonismo pero se gobernaba con ellos. Con la presencia de Chávez con más razón. Chávez era además de militar, el presidente constitucional de Venezuela, era una mezcla de dirigente civil y militar. Electo por elecciones muchas veces se vestía para actos oficiales y no oficiales de uniforme militar, enfatizando en este carácter militarista de la sociedad venezolana, y quizá con ello recordándole, en el inconsciente a los ciudadanos venezolanos el peso de los militares en su historia nacional.

Con eso, controlaba las estructuras políticas y militares venezolanas. Esto le permitió pasar al retiro a los oficiales de mayor jerarquía, los más viejos para irle dando paso, año tras año, a las nuevas generaciones de militares, educadas y formadas bajo el esquema del chavismo. De manera que, en este momento, por lo menos un 90% o más de los altos oficiales del Ejército han sido educados en las estructuras militares del chavismo y de la época de Chávez y de Maduro.

En la cárcel hay cerca de 350 militares detenidos y presos, no de ahora sino desde hace como dos o tres años, que ya habían venido mostrando inconformidad con la forma en que se comportaba el Ejército y el Gobierno de Maduro, además del rechazo de Maduro como líder de las fuerzas armadas.

Hace poco,  uno de los generales de más alto grado de graduación militar en la Aviación, retiró su apoyo a Maduro y señaló públicamente que más del 90% de los oficiales de la Aviación no están dispuestos a aceptarlo. De igual manera, el agregado militar de Venezuela en Washington, se separó del Ejército y reconoció a Guaidó, señales muy claras de la disconformidad en el seno del Ejército venezolano con Maduro.

La derrota del régimen madurista en la Asamblea Nacional en diciembre del 2015, y de su instalación en enero del 2016, hizo movilizar a las masas populares oficialistas a no permitir que la Asamblea electa se instalara. El Ejército, en ambos sucesos, en el triunfo electoral y en la instalación jugó un papel muy importante al obligar el reconocimiento del triunfo opositor y el garantizar que los diputados pudieran tomar posesión de sus cargos, como muestra de respeto a la Constitución y al resultado electoral.

El ministro de Defensa Vladimir Padrino López, fue muy contundente al señalar que los militares no estaban de acuerdo con que nadie que no fuera con apoyo en la Constitución asumiera el gobierno de Venezuela. Esto lo volvió a afirmar el 23 de enero cuando Guaidó proclamó su Presidencia Encargada y cuando Maduro afirmó que él era el Presidente real en Venezuela. Parecía que el Ejército sería neutro, pero en un tercer comunicado, probablemente por presión del gobierno, Padrino rectifica agregando que se reconoce a Maduro como presidente.

Hasta hoy, parece que el Ejército está alejado de acciones represivas. Por su parte, Guaidó, ha enviado un mensaje muy claro a todos los oficiales del Ejército para que acepten su mandato como Presidente Encargado.  Además, ha ofrecido una amnistía con relación a cualquier acto irregular que se haya cometido en contra de la población civil. Ha garantizado que no habrá persecuciones, lo que Maduro ha interpretado como manifestación de parte de Guaidó de que todos los oficiales a pesar de ser corruptos serán perdonados, y así lo ha dicho”.

¿Conflicto armado en Venezuela?

Para De la Cruz, el que vaya ha haber un conflicto militar, o no, va a depender mucho de Venezuela, y no tanto del exterior.

“El gobierno de Trump ha dicho que los Estados Unidos  maneja varias opciones, incluidas la militar. Recientemente han señalado con mucha claridad que la acción militar está casi ya en el primer orden del día. Con esto, creo que lo que lo se quiere es mandar señales al Ejército de Venezuela de que una intervención militar va primero a quebrar al Ejército, y finamente recuerda la disolución del Ejército panameño.

Además, después del 23 de enero, de este año, y el sábado 2 de febrero, se dieron marchas cargadas de simbolismo, que recuerdan el 2 de febrero del 92 cuando Chávez pretendió dar un golpe de estado contra Carlos Andrés Pérez. La situación contrasta con la idea de Maduro, quien ante la falta de apoyo popular está convocando a grandes concentraciones de militares del Ejército, de la Guardia Nacional Bolivariana, y de los llamados “consejos cívicos” que son estructuras comunales con características de grupos de milicianos, que cuentan con 1.2 millones de personas en armas y que Maduro ha propuesto aumentar a 2 millones.

El Ejército es su fuerza de sostén inmediata y con su confianza espera defenderse frente a cualquier intervención extranjera sobre todo de índole militar. Pero ese es el papel del Ejército, solo que puede ser que se le quiebre ante una situación de esa naturaleza”

La corrupción

Según De la Cruz la corrupción en Venezuela es tema de amplia discusión ya que existe un alto grado de corrupción en sectores del ejército, especialmente en las esferas militares cercanos al político Diosdado Cabello, acusado de manejar actividades de narcotráfico del “cartel de los soles, que alcanzó a la propia familia presidencial, dado que dos sobrinos de la esposa de Nicolás Maduro fueron capturados en tráfico de drogas y descuentas prisión en Estados Unidos”.

“Bien reconocido e identificado por investigaciones e informes internacionales sobre el narcotráfico y sus redes, se vincula a altos sectores del Ejército con el mundo de las drogas. Se sabe que la fuerte corrupción constituye uno de los elementos que sostiene al régimen de Maduro, en alianza con mafias internacionales que operan en los grandes negocios de minerales y de riqueza mineras de la Franja del Orinoco.

Las actividades delictivas de los carteles internacionales de drogas y de otros carteles mafiosos que operan en Venezuela, controlan vías de comunicación y también explotan la Franja del Orinoco. Ahí operan mafias rusas y europeas en la extracción de oro, y otros minerales.

De ahí que probablemente la posición de Rusia, un país capitalista, frente a Maduro esté influida por el impacto que pueden tener estos grupos mafiosos en el proceso económico de la exportación de oro hacia Rusia y de otros negocios en Venezuela, incluida la venta de armas.”

Ayuda humanitaria

La crisis interna ha golpeado a los venezolanos fuertemente, obligando a miles de miles a migrar y a la gran mayoría a sobrevivir con una híper inflación, con un gran desabastecimiento de víveres y un empeoramiento de los servicios de salud y servicios públicos en general.

De la Cruz dice que este elemento se ha convertido en estratégico. Que la crisis humanitaria de alimentos y medicamentos ha logrado calar en la opinión pública, generando un fuerte movimiento internacional para llevar alimentos a las fronteras de Venezuela, esperando la apertura de tres puertos importantes, de los cuales se han señalado uno alrededor de Colombia, otro al frente en él mar del Caribe y algún otro más y que:

“…en este proceso no está participando ningún elemento del gobierno, ya que hasta ahora quienes van a estar a cargo son la Iglesia Católica, la organización Caritas y dos o tres organismos civiles y de Derechos Humanos más, que están ya bien definidos y que nada tienen que ver con el Gobierno, pero que si tienen que ver con Derechos Humanos y cuestiones humanitarias.

En un eventual conflicto militar con Venezuela, lo primero que destruirían, con la aviación, serían los cuarteles, las bases, puertos y aeropuertos militares, establecimientos y pertrechos militares, bien conocidos y señalados por la inteligencia satelital contemporánea como lo han demostrado las intervenciones bélicas en Irak y otros países.

El resultado, si fuera a la manera de la experiencia en Panamá, podría acabar con el Ejército como institución permanente, con la Policía Nacional Bolivariana y con las milicias. La experiencia no se limita a Panamá sino que también la forma en que se ha organizado el aparato militar como resultado de los conflictos en Irak y en Siria.

De tal manera me parece que ese es el escenario global, que Maduro no está viendo adecuadamente.

La salida del gobierno parece inevitable y Maduro no debe invertir el proceso en marcha, sino que debería permitir la convocatoria a una nueva elección para Presidente, si quiere mantener cierta vigencia, que es lo que se cuestiona, con libertades electorales profundas, con libertad de presos políticos, de los líderes políticos opositores, eliminando o levantando las inhabilitaciones político electorales a personas y partidos políticos, con toda la agenda que en este sentido se viene agitando contra su permanencia en el Poder, en el Ejecutivo Nacional, en el Palacio de Miraflores.”

 

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